Basta de narco-telenovelas


el-cartel-de-los-saposLa virgen de los sicarios, La vendedora de rosas, María llena eres de gracia, Sin tetas no hay paraíso, El cartel de los sapos, Los protegidos, La viuda de la mafia, Pandillas, guerra y paz, El capo, Las muñecas de la mafia… son los títulos más célebres de las telenovelas colombianas del nuevo siglo. Se trata de producciones de canales como RCN y Caracol que después son vendidos en el exterior. En consecuencia, mientras Colombia es pasión y otros proyectos para mejorar la imagen del país invierten en hermosas campañas en donde insisten que la mayoría de los colombianos son gente buena, las historias noveladas mandan otro mensaje al exterior.

Evidentemente se trata de un problema de competencia comercial. La misma fiebre de Hollywood en su deseo de cubrir la taquilla con producciones de un alto contenido violento que son las que venden. Por supuesto, este tipo de novelas tienen una mayor audiencia dentro y fuera del país y ello reporta buenas entradas a los productores que se olvidan de su orgullo de ser colombianos en aras de cosechar la mayor cantidad de dólares posibles en sus cuentas.

Toda nación tiene derecho a defender su buena imagen, incluso si en dicha nación suceden realidades escabrosas como en Colombia. Lo cierto es que nuestra patria es un país de complejos contrastes: el turismo extranjero es bienvenido y puede visitar una Colombia estupenda, con paisajes que van de llanuras a montañas, de playas a valles. Pero también es un suelo en donde existen sicarios, mafiosos, guerrilleros, paramilitares, falsos positivos, corrupción administrativa, abuso infantil y muchos otros males. No se puede negar esa realidad e intentar ocultar ello en aras del buen turismo es un crimen intelectual y ético.

Pero ¿es ético explotar dichas realidades con ánimos de lucro como lo hacen Caracol, RCN y otros tantos?

Cuando miro a otros países en búsqueda de situaciones similares, cuesta encontrar ejemplos de otro país que explote lo escabroso de su propia realidad para venderla al exterior en forma de telenovelas. Es como si España comenzara a producir telenovelas sólo con temática que tenga que ver con el terrorismo de ETA, que Italia sólo produjera cine entorno a la mafia siciliana, que Tailandia se dedicara a promover en forma de series de televisión la realidad del turismo sexual y así ad infinitum.

Quizá el país que se entretiene con historias violentas es Estados Unidos y es quizá el ejemplo que siguen nuestros ingeniosos guionistas criollos con su novela sicariesca. Pero aunque las películas y series gringas (y en gran medida las británicas) hacen grandes montajes de crímenes, asesinatos, robos a bancos, persecuciones espectaculares en auto por las calles de San Francisco y Nueva York, hay ciertos elementos culturales que permanecen sólidos y que envían su propio mensaje a la audiencia nacional e internacional y ante lo cual la telenovela sicariesca colombiana no le llega a la altura:

  1. La autoridad (policía, militares, administración), permanecen siempre dentro de un esquema ético y figuran todo el tiempo el rol del bueno y el justo. Incluso si representan figuras autoritarias y violentas (FBI, CIA, el departamento de policía de Los Ángeles, etc.) estos siempre cumplen en la historia que representan el papel de la justicia. La narco-telenovela colombiana que estamos sufriendo en cambio no: pone evidentemente a la policía, los militares y toda forma de autoridad como los malos, corruptos o ineptos, lo que envía un mensaje claro a la opinión pública y es que estos no sirven para nada y constituyen un peligro, por lo tanto, tomémonos la justicia por nuestras manos (paramilitares, guerrilla, bandas delictivas, venganzas personales…).
  2. En la película gringa y británica, el criminal será siempre un criminal condenado al final del guión a sucumbir bajo el peso de sus crímenes y la fuerza de la justicia. En el cine de Hollywood queda bien claro que un criminal es un criminal bajo cualquier circunstancia y que dicho criminal SIEMPRE recibirá su castigo en sociedad. En la narco-telenovela colombiana el criminal se sale con las suyas, genera simpatías de la audiencia, adquiere visos de héroe social y nuestros muchachos terminan imitando sus maneras, vocabulario y estilos.

Cambiar la imagen de un país no es fácil. Esto requiere del compromiso de todos, incluidos los artistas y productores. No se trata de pintar pajaritos sobre una realidad escabrosa como la colombiana, pero sí generar los procesos de mejoramiento de dicha realidad. Los medios de comunicación juegan un papel vital en ello y por lo tanto debe ser un papel responsable. Las telenovelas son un magnífico medio para generar valores sociales o para pervertirlos.

Con esto nos queda una conclusión: nos faltan los héroes, ficticios o reales, que lleven la colombianidad a su máximo punto. Esos héroes éticos, los que no se dejan corromper por el ánimo del dinero y el poder, sino los que llevan en alto el nombre de Colombia.

Recomiendo leer este artículo anónimo en  Colombia en London: Narco novelas nos encochinan.

 

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s