Su nombre jurídico es Néstor Raúl Ricaurte Castañeda, tiene 38 años, pero desde hace tres años – cuando asumió públicamente su identidad transgenerista- ha decidido llamarse Lilith Natasha Borde Line. Primero empezó a ser transformista y fue allí donde, por consejo de una amiga, optó por su actual nombre: Lillith, ‘en reconocimiento a la Gran Diosa, la Gran Madre, la primera mujer de Adán de la mitología hebráica, que por su carácter rebelde e inteligencia no sirvió‘, nos cuenta. Para ella ese nombre es el reconocimiento no sólo a la mujer sino al femenino primordial y primigenio. Natasha es un nombre ruso, diminutivo de “natividad” (nacimiento). Y Border Line, que en inglés es una sola palabra. ‘En conclusión esa soy yo’ dice con una seguridad implacable.
Lillith es egresada de la Normal Superior de Medellín, es decir, fue formada para ser maestra en instituciones de educación básica primaria y secundaria. De hecho se ha desempeñado como profesora en instituciones públicas y privadas de la ciudad de Medellín. Estudió danza en la Escuela Popular de Arte (EPA), es profesional en artes escénicas y en ello certificada por el Ministerio de Educación de Colombia. Además es antropóloga graduada el 8 de abril de 2011 en la Universidad de Antioquia. Ella respondió a algunas preguntas de nuestro portal.
Lillith, hábleme de su historia personal en general ¿quién eres? ¿de
dónde eres? ¿cómo era tu vida antes de asumir la transgeneridad?
Yo no creo que una niña a los cinco años sea capaz de decir si es gay, lesbiana, heterosexual o
travesti. Estoy segura que uno tiene la posibilidad de múltiples experiencia de todo tipo. En mi caso tuve un proceso de socialización como niño porque nací con pene y mi familia me registró como hombre y me crió como macho. Tuve una infancia y parte de mi juventud como hombre. Jugué canicas, fútbol y cuando jugábamos lo que por aquí llamamos ‘mamacita‘ nunca desempeñé ningún papel femenino: siempre era el hermano, el tío, el primo. La verdad nunca me vestí de mujer. De hecho digo hoy en día, no sé si con orgullo, que no podía darme el lujo ni el gusto de comportarme en las peleas como una mujercita, tirando uña y halando del pelo.
Con mi madre he tenido y tengo una relación perfecta. Así ha sido toda la vida. Creo que tengo en cierta manera el complejo de edipo, pero no me interesa y ni quiero resolverlo, porque no veo la necesidad de hacerlo y si habrá que resolverlo, pues ya llegará el momento. Yo en cambio disfruto nuestra relación. Yo adoro a mi madre y sé que ella me
adora a mí. Desafortunadamente cuando yo asumí mi identidad de transgénero
o transgenerista a mi mamá le diagnostican demencia tipo Alzheimer fase
avanzada, es decir, un diagnóstico tardío, entonces a ella no le toca esto, o al
menos conscientemente. Incluso mi familia dice que yo me estoy aprovechando de la situación de mi mamá para hacer lo que quiero, pero a eso yo les respondo que ojalá mi mamá estuviera consciente porque estoy segura que contaría con su apoyo, porque siempre ella me ha apoyado y digo con mucho orgullo que soy la mejor hija que tiene mi mamá y lo aseguro por muchos motivos.
¿En qué momento asumió o empezó a asumir el rol que quería para
usted?
Yo conocí a una amiga cuando pensé en asumirlo. Tuve la oportunidad de
conversar. Ella me comparte su historia de vida – en medio de la conversación me contó que cantaba en bares y que le pagaban muy mal, además, me mostró unas cicatrices y moretones que tenía en el cuerpo de golpizas que la daban a cada rato en la calle. Yo dije entonces: ‘eso no es lo que quiero para mí’. Porque sabía que si me convertía que en una persona así solo me quedaba ser peluquera, prostituta o “showcera”. Y no es que eso sea malo en sí, sino que nunca lo he asumido como destino ni como mi única posibilidad en la vida. Entonces comprendí quelo mejor era esperar.
Viví siempre como gay y mi familia lo sabía. A los 14 años asumo interior y
plenamente mi identidad de transgénero, pero decido no contarlo. Entonces solo
comunico a mi familia que soy homosexual y en ese sentido tuve una vida tranquila y nunca tuve que taparlo.
¿Cómo fue esa preparación de la que usted habla?
Siempre me he considerado una bendecida por Dios. Él me hizo supremamente
inteligente y muy práctica. Para yo ser la transgenerista que soy hoy tuve
que ganarme el respeto de toda mi familia. Primero siendo muy buena
académicamente pues por ejemplo mi madre nunca tuvo que ir al colegio por
mis notas que siempre eran excelentes y las enviaban conmigo, ella sólo tuvo
que ir al colegio el día de los grados, repito, mi hoja de notas era impecable
y me la entregaban a mí. E incluso soy la única profesional en mi familia y,
doblemente profesional: en artes y ahora en antropología.
Ahora, cuando termino el colegio, quise entrar a la universidad, pero sentí
la necesidad enorme de trabajar para poder quitarle a mis hermanos el mal
sustento económico que daban a mi familia, demostrándoles que loca o como
sea iba sostener la casa y no sólo lo logré, sino que yo me convertí y aún hoy soy
la autoridad de mi casa, nada se hace allí sin mi permiso.
Entonces era agotar todas las posibilidades para cuando yo dijera SOY LILITH
todos lo aceptaran. No ser Lilith antes, para cuando llegue el momento poderlo ser dignamente.
¿Y el papel de su papá?
En un análisis psicoanalítico siento que esa figura paterna no hizo falta, porque yo siempre vi en mi madre los dos roles.
Además, ha sido toda una transformación externa. De hecho yo me miro ahora y me comparo y me veo la cara más cambiada, estoy muy lejos de lo que era hace tres años. Yo me siento muy femenina internamente y sé que lo reflejo exteriormente. Eso sólo lo pueden ver personas abiertas , las que sean capaces de observar en esta figura masculina a una mujer, porque es mujer la persona que se sienta mujer y, tengo muy claro que el género es psíquico, esto es, está en la cabeza y no en los genitales, el cuerpo, la vestimenta o los accesorios.
¿Cuál es su relación y cómo te ven las amigas transgeneristas que sí
tienen senos y parecen físicamente mujeres?
Yo me asumo como un sujeto netamente político y tengo cabida en cualquier
grupo. Alguna vez una compañera que sí se hormoniza me insinuó que yo
no era ‘trans’ y yo sin dudar le respondí que quizás soy la más trans de las
transgeneristas de todo Medellín. Porque yo tengo claridad de lo que soy, mientras que a ellas en la calle les preguntan qué son y siempre dudan o
cambian la respuesta, a veces incluso dicen ‘soy gay’ o ‘soy una maricona’. Yo
siempre digo que soy transgenerista y lo digo con mucho
orgullo y eso nadie me lo cambiará, porque como transgenerista sé –perdón
por repetirlo- que el género es psíquico, no está en los genitales como otros
piensan. Porque así usted se ponga todas las hormonas que quiera y se realice
muchas cirugías, nunca socialmente va a ser mujer pues para la sociedad. Por ejemplo, aunque se “ponen” una vagina, es cierto que esa vagina nunca va a tener clítoris y eso ya te hace trans, no mujer. Y ningún hombre te va a hacer ese reconocimiento, ese reconocimiento debe partir de nosotras mismas.
Entonces ¿cuál es su propuesta?
Mi propuesta política es romper paradigmas de lo trans, no hormonas, no
siliconas, no cambio de nombre en la Cédula. Porque yo sé que soy mujer
porque me siento mujer y aunque no me reconozcan así, yo me siento así.
¿Por qué estudiar antropología hoy? ¿para qué le sirve en su vida?
¿es una buena opción?
Debo decirle primero porqué estudié artes (baile, danza). Cuando yo era gay no
me interesaba en lo más mínimo los derechos de los gays, ni reivindicaciones,
porque era fácil vivir como gay sin necesidad de expresarlo, por ejemplo si vas a buscar un empleo. En cambio, cuando yo asumo mi identidad de transgénero me doy
cuenta que hay dificultades para entrar por ejemplo a la iglesia con aretes o entrar al baño de mujeres o presentar una hoja de vida que
diga Lilith Natasha Border Line, porque eso me saca del proceso de selección,
entonces sé que debo asumir un rol político y activista.
Hice alguna incursión en el activismo convencional que no me gustó, no
de marchas ni esas cosas. Siempre quise estudiar danza. Esto sucedió cuando
ya había asumido plena y abiertamente mi condición de gay. Mi familia esperaba que yo estudiara medicina o derecho y aunque sabía que tenía que velar por el sustento económico de mi familia, les comuniqué que iba a estudiar danza y su respuesta fue ¡nos vamos a morir de hambre! Aun así seguí estudiando danza y empiezo a hacer exploraciones entre lo masculino y lo
femenino (ponerme una falda, maquillarme de mujer y de hombre, gestos de
ambos). Así, empiezo a hacer una propuesta de activismo artístico desde ahí,
todo con la firme intención de reivindicar una condición a la que muchos trans
han renunciado al intervenir el cuerpo completamente, porque ahí ya no
hay transito posible. Es así como soy capaz de asumir y hacer asumir también en
mis aprendices la capacidad de tener exploraciones siempre corporales
ambos sexos y ambos géneros.
Fue entonces cuando en esa experiencia tuve dos grandes profesoras que eran
antropólogas a quienes admiraba mucho y terminando danza me presenté
a la Universidad de Antioquia a antropología, porque sabía que con esta
carrera podía estudiar cosas que a mí me interesaban: el folclor, la cultura,
pero también el asunto del género. Cuestión que es importante en las
ciencias sociales humanas y así preguntarme también por mí, porque como
investigadora me hice objeto de la investigación.
Su trabajo de grado es:
El nombre de mi tesis es: ‘Divas, tacones y pelucas: performance,
teatralización, dramaturgia y puesta en escena del cuerpo y del género en
sujetos trans, travestis, transexuales, transgeneristas y yo‘.
¿Entonces en qué consiste su propuesta como antropóloga?
Cuando empiezo mi formación como antropóloga, empiezo a moldear mi
propuesta de activismo académico. Porque los activistas de Medellín y
Antioquia y la misma población LGBT tiene muchos vacíos conceptuales y
metodológicos al abordar problemáticas relacionadas con el género, el sexo y
la sexualidad. Y yo, como activista y académica, puedo ayudar a llenar ese vacío
y puedo desde el arte empezar a ubicar la propuesta de mi activismo artístico-
académico trans.
Yo con una propuesta (divas, tacones y pelucas) me gané una beca a la
creación en danza en el año 2009 en una convocatoria de la Secretaría de
Cultura Ciudadana de Medellín. El incentivo que recibí fue para crear una
obra en la que toda clase de personas de la ciudad podían ver obras artísticas, en las que los artistas son trans. Transformismo, mímica, baile y academia se
dieron cita en la obra. Además, compartíamos con la gente y le contábamos,
por ejemplo, porqué algunas trans se ponen hormonas y porque otras no,
porqué usamos tacones y, siento que se aprende más así que en una cátedra
universitaria o asistiendo a una marcha.
¿Es decir que usted no va a las marchas del día del orgullo gay?
Voy si puedo aportar algo, por ejemplo el año pasado fui porque estábamos
haciendo una campaña para disminuir los niveles de estigma y discriminación de la población LGTB e información sobre las Infecciones de transmisión sexual. El problema es que en Medellín no hay muchas posibilidades. En otras ciudades como Bogotá hay espectáculo y activismo político, aquí lo poquito que tiene es para darle protagonismo a unos cuantos activistas y así, todos los gays, lesbianas, bisexuales y transgeneristas les hacen la pasarela a estas personas para que al final ellas se lleven todo el reconocimiento. Yo a eso no me le apunto. ¿Además, qué tiene que hacer una
transgenerista del hecho de que no soy gay?
¿Cuáles son sus ambiciones profesionales?
Primero estoy incursionando en unas investigaciones antropológicas aquí en Medellín. Siempre en el campo investigativo y además seguir con la propuesta
artística y académica de activismo. En el momento estamos consolidando
nuestro propio proyecto político llamado TranScity con otras chicas trans
de Medellín. Espero hacer mi maestría en México en la Escuela Nacional de
Antropología e Historia ENAH, en Antropología Social en la línea de Género
y Política. Además, el doctorado en Holanda o Brasil, como proyectos a
largo plazo. He participado como ponente en la Reunión de Antropología del
Mercosur RAM en Buenos Aires (Argentina 2009), en LASA Congress (Toronto
2010), en el II COLOQUIO DIMENSIONES TRANSGRESORAS: Travestis,
transexuales y transgéneros (México, 2010). Para este año voy a participar
en la VIII Conferencia de IASSCS (Madrid) y otros proyectos académicos y
artísticos. Espero este año ser la ganadora de Becas a la Investigación y Becas
a la Creación. Actualmente soy la Coordinadora del Comité Cultural de los
JUEGOS LATINOAMERICANOS LGBTI MEDELLÍN 2012.
Hay cinco aspectos fundamentales en mi vida: mi mamá, la danza, la
antropología, Dios y mi condición de mujer transgenerista. Si me quitan una de
esas creo que me desajusto completamente, ya lo demás me lo
pueden quitar.
¿Cómo fue lo de la aceptación universitaria?
Debo decir que en el campus universitario no hay apertura. Una espera apertura
donde no la hay y la encuentra donde se supone que no la había. Le cuento que
yo trabajé en una zona rural con señoras adultas mayores todas y a ellas les tocó
todo este proceso del que estamos hablando y ellas me conocían como Néstor
y un día les dije, a partir de hoy para ustedes soy Lilith, no se hable mas, eso
fue suficiente, mucha apertura para ser un grupo con las características que
le mencioné. Ellas lo asumieron, en cambio en la universidad, con doctores,
magísteres, profesores, estudiantes y algunos me dicen:
yo no te puedo llamar Lilith porque yo no veo a una mujer. Incluso hubo
profesores que me devolvían los trabajos, siendo muy buenos y sin ninguna
revisión y menos nota, diciendo que Lilith Natasha no existía, pura negligencia,
sabiendo
nos matriculamos en la universidad.
Obviamente no puedo generalizar, pues si había compañeros y buena parte de la
comunidad universitaria lo asumió bien a cambio de los otros que presentaron
y cerradamente presentaran resistencia.
Para mi ceremonia de grados, yo solicité y aclaré que era consciente de mi
situación jurídica en cuanto al nombre, que sabía que en el diploma y acta
de grado iba a decir Néstor Raúl, pero que les pedía y solicitaba respeto
mi condición de transgenerista, les dije que yo iba a ir vestida de mujer, un
vestido amarillo, largo, nueve metros de tela, tacones, accesorios,
es decir una mujer en términos convencionales y que para mi sería una
humillación que me llamaran con mi nombre jurídico y no accedieron y se
dieron el gusto de llamarme Néstor, humillándome ante todo el auditorio
los medios. Yo voy a seguir discutiendo eso, precisamente hoy propuse entre
otras cosas, un performance formas apoyado y financiado por la secretaría de
cultura ciudadana, pero adentro de la Universidad en la plazoleta cerca de la
facultad de ciencias sociales humanas, donde varias personas transgeneristas
(mujeres en este caso) vamos a decir artísticamente: “No soy mi cédula
ciudadanía, soy Lillith, soy Claudia, soy Margot. La cédula no es la identidad
es la identificación”. No es posible un departamento de antropología que
dignifique a la persona. Yo no acepto esa humillación de mi ceremonia de
grados, y aunque ya me tocó a mí por ser la primer transgenerista oficialmente
graduada, asumo mi compromiso político que otras que van a entrar para
las respeten y las llamen como quieren ser llamadas, entren al baño que quieran
y las respeten.
¿Cómo antropóloga como ve el movimiento LGTBI?
Debo aclarar que desde el Colectivo Académico (IN)visibles CAIN tenemos una
apuesta de Activismo Académico. Tengo en cuenta que al menos para mí las
personas intersexuales no hacen parte de lo LGTB porque uno es diverso sexual
o es diverso de género porque asume esa condición. La intersexualidad no es
una cuestión que elija, se nace intersexual, es un asunto puramente biológico,
entonces no hace parte de la diversidad de género.
Veo que desde el 31 de diciembre hacia atrás no podíamos hablar de colectivo
LGTB, ni siquiera de comunidad, así fuera en la imaginación, ni comunidad
gay, lésbica o trans. Siempre cada una por su lado. Ahora hay unas iniciativas
que nos están exigiendo tomar conciencia de grupo. Cuando se superen los
paradigmas y también se hagan los suficientes debates al respecto ahí si
podemos empezar a hablar de una comunidad o movimiento LGTB en Medellín
y en Colombia.
¿Qué mensaje le da a los jóvenes que sufren un drama de
marginación por su orientación sexual o de género?
Yo siempre he dicho que para ser victima hay que permitirle al otro o a los otros
que nos victimicen. Seamos gays, lesbianas, bisexuales, travestis,
transgeneristas o transexuales tenemos que ocuparnos de reconocernos como
sujetos
los sexos, los géneros y los cuerpos.
Por David Agudelo, reportero para Colombia Passport en Medellín.



esto me abrio los ojos de verdad