Un diciembre en Colombia


Aquellos diciembres que nunca volverán

Por Albeiro Rodas

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Pesebre de Faberpol ltda en el Parque de la 93, Bogotá.

Sihanoukville, Camboya. Cuando me hablan de música dicembrina, tengo siempre en la memoria esa que llamábamos música vieja y que sonaba con frases como “aquellos diciembres que nunca volverán”, “yo no olvido al año viejo, porque me ha dejao cosas muy buenas”, “faltan quince pa las doce, el año va a terminar, me voy corriendo a mi casa a abrazar a mi mamá”, “te vengo a felicitar con el cuerpo y con el alma, año nuevo lo quiero pasar contigo allá en la sabana” y otras muchas más.

Ahora que pienso con detenimiento en esa música, me doy cuenta de algo y es que las letras están llenas de una gran nostalgia. Las canciones son en realidad viejas, muchas de ellas tan antiguas como creadas en los años 20 y 30, porque mi abuelo, que nació en 1919, las recuerda desde su niñez.

Lo cierto es que esas letras nos ayudan a rastrear un poco lo que significa un diciembre y la Navidad en Colombia.

La Colombia urbana de hoy, con más del 70% de los colombianos radicados en una ciudad, no puede olvidar que su vida urbana es muy reciente y que incluso aquellos que viven en las ciudades, son en su mayoría hijos y nietos de una generación campesina. El autor de este artículo, por ejemplo, con 36 años de vida, crecido en una comuna de Medellín, es hijo de dos campesinos, aunque vivan en la ciudad. Cuando los campesinos llegaron a las ciudades colombianas en un proceso que se inició hacia la década de los años 30 y se intensificó a partir de los 60 debido a la agudización de los conflictos políticos que azotaron con especial sebicia al campo colombiano, estos se trajeron su campo para la ciudad.

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Es contagiante la alegría que despierta entre niños y adultos la llegada de la Navidad. Este 7 de diciembre la lluvia pasó y los bogotanos salieron a encender velas y compartir con la familia, los amigos y los vecinos. Foto de Asdrubal.

Recuerdo que de niño mi papá dedicaba el primer domingo de diciembre a una excursión muy especial: íbamos con algunos niños vecinos al Picacho, un morro protuberante en la zona noroccidental de Medellín cuando todavía no estaba coronado por las chabolas del Barrio El Triunfo. Entonces era un verdadero bosque, lleno de guayabas salvajes, moras, tunas, hongos silvestres, musgo pordoquier que nunca recibió la protección de nadie y una mata muy particular y temida llamada por mi madre el limoncillo y que uno la tocaba y lo llenaba de granos y fiebre. Por aquel tiempo habían todavía en las laderas de Medellín gurres y gavilanes.Novena donde Paula Entonces mi papá buscaba un pino enano o un chamizo adecuado para hacer el llamado arbolito de Navidad que ponía en mitad de la sala, cubría con algodón comprado en la Plaza Minorista (vendían ese algodón de colores y exclusivo para eso) y a los pies del arbolito el pesebre. En la cuadra se hizo tradicional ver pesebres, cuál era el más grande, el más ingenioso, el más bonito. Recuerdo el pesebre de las costeñas, unas muchachas que habían venido de Sincelejo con su madre soltera a vivir a la cuadra y que a todos los muchachos nos gustaba oir hablar por su acento como medio musical y que hacían un pesebre como de media sala con un Belén de Judea lleno de chozas de paja iguales a las veredas de Tolú, con unas playas con figuritas de negras que vendían frutas que se ponían en la cabeza. https://i0.wp.com/newsimg.bbc.co.uk/media/images/41170000/jpg/_41170976_051231preparativos05.jpgPor el pesebre de las costeñas supimos que el Belén de Judea costeño no tiene montes sino que es plano, plano y con pantanos llenos de patos blancos, muy diferente del pesebre de doña Ana, que era de Cañasgordas y que siempre tenía piedras inmensas con casas entre riscos y la dificultad de las imágenes de José y María con un asno para saltar o pasar esos puentes de palo que les ponían. Pero había pesebres que se movían, con señoras pilando, molinos de agua en medio de cañanadas diminutas que cruzaban valles de piedras y aserrín.

Foto de AP: Muñecos de Año Viejo

A mí me tocó la promoción en la escuela de los pesebres ecológicos para que no se murieran los musgos a los pies del Niño Dios y cambiarlos por otros materiales como un papel verde que vendían en la Minorista o por el centro en las calles para hacer céspedes y que las obejas blancas de plástico pudieran pastar tranquilamente sin acabar con las fuentes naturales de agua de la ciudad. Y la mamá movía las figuras de José y María cada noche y los niños nos creiamos que era que se movían de verdad en la noche.

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El encendido de las velitas tiene su propia tradición. El uso de cera nació entre los etruscos en el siglo XV antes del Cristo. Luego, esta costumbre de fabricar las velas de sebo mezclado con el papiro fue tomada por los paganos romanos que alumbraban los santuarios en las fiestas de Saturno. Foto de Asdrubal, de su colección “Navidad a la colombiana“.

Entonces venía la recolección de tapas de gaseosa. Algunos muchachos empezaban la colección desde junio y llegaban a tener más de mil. Las tapas se machucaban con una piedra o un martillo – este último era preferible porque las dejaba más pulidas. Después se hacía un aro con alambre. A cada tapa machucada se le hacía un hoyo en el centro, se encholaban en el alambre y ese era el cascabel para cantar los villancicos. Los muchachos nos volvíamos perseguidores de villancicos por todo el barrio. Íbamos de pesebre en pesebre cantando tutaina tuturumá, tutaina tuturainá con nuestros cascabeles de tapas y claro, esperando al final los dulces que daban los organizadores de la Novena de Aguinaldo.

El 24 de diciembre era el día más esperado del año. Cuando llegana la noche todos se ponían el estrén, estreno o estrene del 24, es decir, una ropa nueva que los papás conseguían con las primas de diciembre o se endeudaban para que sus niños y mujeres pudieran lucir algo nuevo el 24. En la noche se iba a la última novena y las mejores eran aquellas en donde daban aguinaldo para los niños que habían asistido todas las nueve noches de villancicos y dulce Jesús mío mi sueño adorado, ven a nuestras almas, ven no tardes tanto. Muchas novenas organizaban un juego que consistía en buscar al Niño Dios que escondían en la cuadra, entre los jardines. Sólo participan los niños que habían asistido las nueve noches. El que lo encontraba tenía algún juguete especial.

Después venía la misa de Noche Buena para los más católicos. Ir a la Iglesia era un encanto, porque también allá había muchas cosas listas para hacer de la Navidad un momento especial. Muchas decoraciones, el pesebre de la parroquia siempre tan especial y dedicado a un tema en particular como la paz de Colombia u otras cosas que se pensaba el padre que por lo general eran muy originales, como los pesebres vivos. Recuerdo a una señora del barrio que se llamaba Natalina, porque de bebé había hecho de Niño Dios en un pesebre y así la dejaron. La misa empezaba como a las nueve de la noche y terminaba a las doce con cantos muy solemnes y los coros bien preparados, luces, un sermón muy bien dicho y al final la bendición y el aplauso porque había nacido el Niño Dios. Venía la cena de noche buena, toda la familia se reunía a comer delicias, a brindar con un vino especial comprado para la ocasión, el pavo relleno, la natilla, los buñuelos, el masato, los tamales, los dulces y se destapaban los juegos de aguinaldo que habían empezado días antes y se leían las cartas al Niño Dios. Recuerdo casa en donde el más viejo respondía las cartas de los niños para poner en sus aguinaldos.

Entonces los niños no sabíamos que el Niño Dios era el papá y todos nos íbamos a acostar a las doce para esperar a que amaneciera el 25 de diciembre y encontrar los regales al lado de la cama, debajo de ella o en alguna parte cercana. En aquellos días no conociamos al Papa Noel que aparece en las películas gringas, sino que el nuestro era el Niño Dios. La mañana del 25 en la cuadra se llenaba de niños que jugaban con los traidos del Niño Dios. Uno se enteraba de que el Niño Dios era el papá como cuando tenía ocho años. Era una dura noticia sabida normalmente por boca de la mamá la cual le prohibía a uno que fuera a regar el chisme bajo pena de no volver a recibir aguinaldo la próximo Navidad. Entonces entendía uno cuando le decían que el Niño Dios estaba muy pobre y que el aguinaldo de este año era así de pequeño al caso o que lo habían dejado con los reyes magos que lo traerían el 7 de enero. Era entonces el tiempo en el que uno se daba cuenta que era un niño grande, cuando se enteraba de la noticia.

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La natilla es el postre navideño por excelencia. Las novenas, que son las sencillas ceremonias religiosas en casa o el barrio, es el mejor momento para compartirla. También, antes de la cena de Nochebuena y el resto de la fiesta, si es que hay rumba. Foto de Asdrubal.

El 23 de diciembre se hacía la natilla en la cuadra. Los vecinos se mandaban natillas, buñuelos y dulces hechos en casa. Era la manera de intercambiarse aprecios y signos de amistad que pulían los posibles resquemores del año.

Mientras tanto se hacían muñecos tamaño humano de trapo que llamaban el Año Viejo, algunos de los cuales tenían la pareja. La idea era quemar el muñeco la noche del 31 para darle la bienvenida al Año Nuevo. Las cuadras se adornaban con arreglos navideños, la gente se vestía con ropa nueva, se visitaban aquellos parientes o amigos con los que no se había visto uno durante el año. La gran víctima en Colombia es el marrano, Alimentado durante todo el año, a veces por grupos de vecinos que se unen para dicho suceso, es sacrificado el 31 como cena de año nuevo.

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Este muñeco de la etapa de los Llanos, en los alumbrados del río Medellín. Foto de Fantasyani.

Ahora, al cabo de los años, entiendo un poco esa nostalgia de los diciembres que conocí de niño, de las lágrimas que derramaban los viejos la noche del 31 al son de esa música que decía aquellos diciembres que nunca volverán. Era la nostalgia del campo perdido y en paz. Porque mi mamá dice que el mejor diciembre se vive en la vereda, aquella que ella dejó cuando era una muchacha para venirse a vivir a un barrio popular. Yo también pasé varios diciembres en el campo y entiendo la nostalgia de aquellos diciembres que nunca volverán.

Pero cada tiempo tiene su propia Navidad. Tenemos la historia que tenemos y de ella tenemos que rescatar aquello que sea saludable para el presente. Yo me haría abogado del Niño Dios colombiano que se esconde en cualquier rincón de la cuadra o de la unidad residencial en lugar del Papá Noel de Walt Disney tan gringo y tan extraño que baja por chimeneas que no tenemos. Defendería la competencia de pesebres que, como espacios espontáneos de los vecinos reunen a todos los niños para crear un ambiente de sana alegría llena de valores garantizados. Defendería que los papás llevaran a los niños a los bosques, no para cortar árboles de Navidad que hoy se encuentran en el mercado de plástico, sino como excursiones de Navidad a conocer la naturaleza y protegerla. Defendería que los vecinos se unieran para adornar las cuadras o unidades residenciales, que se volvieran a hacer natillas el 23 de diciembre, que todos hicieran una cena de medianoche con el pavo al horno, que se quemara el Año Viejo resaltando lo positivo del año y sin nada de polvora. Es que diciembre en Colombia es el mes de la comunidad, de la familia, de la paz, de las tradiciones y el mes más feliz del año. Eso es un diciembre en Colombia.

ADULTOS: No necesitamos pólvora. Muchos niños han visto su diciembre vuelto dolor a causa de accidentes con pólvora. No aceptemos pólvora en nuestro diciembre colombiano.

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4 comentarios en “Un diciembre en Colombia

  1. mirando esas fotos retrocedi 40 anos cuando en mi tierra mi cali bella se empezaba las fiestas navidenas con el 8 de diciembre todo el mundo salia mojado con las bombas de agua o la mojada era fija que bonita tradicion que se perdio por algunos “avispados” despues de eso venian las fiestas ded fin de ano con las comidas tradicionales del valle y nuestra gran feria desde la gran cabalgata, concurso de orquestas, feria taurina (con ellas el famaso palacio del colesterol), quema de fallas el grandioso alumbrado y la quema de ano viejo a que tiempos aquellos

  2. muy linda la informacion sobre las fiestas decembrinas y las costumbres colombianas vivo hace 30 años en venezuela y extraño cada cosa, su musica su gente y sus tradiciones decembrinas(y mas). podrian complementar con las recetas de la natilla y buñuelos y hasta del champus que se toma en cali valle? seria genial gracias una colombiana de corazon.

  3. los felicito por manetener informado a mucha gente que los visita. y sobre todo porque siempre estan mostrando a Colombia como lo que somos, como gente trabajadora y emprendedores, que lo único que queremos es que nos borren ese mal nombre que llevamos por culpa de los que nos tratan así.

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