Pólvora| A jugar con fuego se debe saber jugar


Cómo vivir un diciembre sin pólvora

Por Albeiro Rodas | Diseño William Velásquez

Y entre aquellos diciembres que nunca volverán, siguiendo con nuestras parodias nostálgicas de los viejos tiempos transmitidas por canciones enredadas en las vitrolas, recuerdo la noche del 31 de diciembre y todo el Valle del Aburrá, por cada rincón alumbrando intensamente en luces de colores que no ahorraban medio rayo y por el cielo totes, voladores, chorrillos, estrellitas mariposa, pólvora, pólvora por tonelas lanzada al firmanente como pa derribar las estrellas y olor a pólvora entre el estruendo de grandes equipos de sonido con música de diciembre. Al otro día las noticias de siempre: el contéo de niños quemados con pólvora, polvererías que habían explotado. Las cifras de quemados con pólvora iban siempre de Pasto a Barranquilla y todos en su mayoría niños, incluso recién nacidos. ¿Será que tenemos que esperar a que se quemen con pólvora nuestros niños para entender que la pólvora es peligrosa? ¿Será que tenemos que mostrar caritas tristes con quemaduras de primer grado en los rostros, las manos, los pies, para saber qué significa el sentido de las campañas?

Diciembre sin pólvora

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