Niño maleducado


De la generación del sacrificio a la generación sacrificadora

El niño mimado

Foto de Candy Pop.

De los aspectos culturales que definen nuestro ser colombiano y que debemos defender, es ese de la importancia de la familia, obviamente como característica esencial de nuestra macroidentidad latinoamericana. Para el colombiano la familia es el espacio en donde él o ella se encuentran consigo mismo. La familia es el castillo de cada uno y estar por fuera de ella es estar al descampado. Sin embargo, es necesario aclarar que la familia para el colombiano no es sólo la del nucleo familiar (padres e hijos), sino que incluye una auténtica y compleja red de parentezco equiparable a la tribu. En este factor está la clave del rescate y la defensa de nuestra identidad nacional y de nuestras particularidades regionales si sabemos cómo defender a la familia.

Por Albeiro Rodas

Evidentemente el país está en una era de anhelos y transiciones a una sociedad más urbana y de mejor desarrollo. Ninguna sociedad industrializada o desarrollada llegó a ese estado de la noche a la mañana. Se necesitaron varias generaciones y ciertamente el liderazgo de ciertos individuos y grupos capaces de llevar a todo el complejo social de un país hacia una mejor condición de vida.

El profesor japonés que accedió a dar una conferencia acerca de su país a mis alumnos camboyanos dijo una cosa que nos sorprendió: que los jóvenes japoneses de hoy ya no quieren hacer nada. Esa fue su respuesta a una de las preguntas de los muchachos que querían saber cómo eran los jóvenes de uno de los países más ricos del mundo. Agregó además que la generación que había llevado al Japón a su progreso ya había pasado, era la generación del sacrificio, la que se quedó sin nada después de la II Guerra Mundial, la que le tocó darlo todo para poner a su país al tope de la tecnología y del progreso económico del mundo. Pero esta generación de hoy había nacido en colchones de rosa, lo tenían todo y sin haberlo luchado. El lo llamó una generación perezosa. Yo la llamaría la generación sacrificadora, en contraste con la generación sacrificada.

Aprender del que va adelante sin mirar atrás

Una de las pocas ventajas de ser un país en vías de desarrollo es la oportunidad que tenemos de evaluar los procesos de los que están adelante. En Latinoamérica tenemos la costumbre de idealizar sociedades industrializadas y de anhelar llegar a ser algo similar a ellas, pero pocas veces – hablo del común de las gentes -, nos sentamos a evaluar sus procesos y ver sus debilidades.

Lo cierto es que estas sociedades industrializadas contemporáneas tienen fisuras y muy graves que marcarán su historia e incluso su decadencia a lo largo del presente siglo. La oportunidad de Latinoamérica, de la Asia en vías de desarrollo y de África, es la de buscar su propio camino, adquiriendo inteligentemente lo que es útil de la experiencia de otros y rechazando lo que es condenable. Latinoamérica no puede seguir comprando modelos que probaron ser fallidos en otras latitudes. El grave descenso en los números de natalidad en los países industrializados, el consecuente envejecimiento de su población y la contrastante necedidad que tienen de la inmigración con la paradoja de sus terrores racistas, son factores a tener en cuenta. ¿Es nuestra exploción demográfica una barrera para el desarrollo? Por su parte China, otro modelo completamente diferente, nos ha demostrado que el número de su población es más bien un factor de poder. Mientras los europeos están al borde de la extinción debido al debilitamiento de la institución familia, el tedio al matrimonio, la falta de interés por parir hijos y la adopción de mascotas a las que después les dejan el testamento, los pueblos en cuyo centro está el culto a la familia (árabes, chinos, persas…) se perfilan como los pueblos dominantes en todo el planeta.

Ya bien lo dijo la ONU en su reporte de 2007 sobre el crecimiento poblacional y el rápido proceso de urbanización, el cual es tradicionalmente visto como negativo para el progreso de los pueblos (visión esta impuesta por la sociología europea y estadounidense del siglo XX y responsable de la disminución de la tasa de natalidad que los pone al borde de la extinción, a pesar de que el estado de su actual desarrollo sólo pudo ser logrado gracias a un rápido proceso de urbanización):

La urbanización—el aumento de la proporción urbana respecto del total de la población—es inevitable, pero también puede ser un hecho positivo. La actual concentración de pobreza, con proliferación de tugurios y disturbios sociales en las ciudades crea, en verdad, un panorama amenazador. No obstante, en la era industrial ningún país ha logrado un crecimiento económico sustancial en ausencia de urbanización. Las ciudades concentran pobreza, pero también representan la mejor esperanza de escapar de ella.

No se trata de cerrar váginas, como se hace en los actuales países industrializados, sino de generar espacios y procesos sociales y económicos que garanticen un desarrollo integral de toda la población con sus respectivas proyecciones poblacionales. Obviamente en ello entran en juego complejos elementos de discusión como el del medio ambiente, la violencia, la pobreza y muchos otros factores que deben ser analizados desde otra perspectiva distanciada de ciertas escuelas sociológicas del pensamiento que pudieron ser muy útiles en el siglo XX, pero que se muestran fallidas de cara al siglo XXI.

El alarmismo poblacional

Cuando nos muestran las cifras de población mundial, se espera siempre que nos alarmemos. En realidad deberíamos alarmarnos si nos enteramos que de esa población total (6.643´244.261 seres humanos), cerca del 80% son pobres. La sociología matemática de los países industrializados es simplista: reducir los pobres cerrando vaginas (además de otras ideas menos nobles), pero esa matemática tan “desarrollada”, lleva al colapso de la población. Por otra parte, se nos quiere hacer pensar que el planeta no puede con tanta gente (cosa que es cierta si continuamos con la voracidad salvaje de destrucción de los recursos naturales, responsabilidad exclusiva de procesos de industrialización caóticos y egoistas por parte de ciertas naciones). Lo que no nos dicen es que si reunimos a estos 6.643´244.261 de seres humanos en un punto del planeta, estos caben todos en una isla del Pacífico.

Tan solo miremos a Colombia y comparemosla con Japón, un país conformado por varias islas cuya dimensión total es de 377.835 kilómetros cuadrados, es decir, un poco mayor que el área total de los Llanos Orientales que se puede calcular en 300 mil kilómetros cuadrados. En ese espacio territorial japonés que es casi ocho veces más pequeño que Colombia, viven 127 millones 417.244 personas, es decir, casi tres veces más gente que en nuestro país y aún así, esos casi 128 millones de japoneses tienen el nivel de vida más alto del mundo. ¿Tenemos que detener entonces nuestro crecimiento poblacional en Colombia para alcanzar el desarrollo? Ciertamente no. Lo que tenemos es que crear las condiciones para que nuestro crecimiento poblacional se beneficie de las ventajas de una sociedad desarrollada en un país en donde no alcanzamos a ocupar el 50% del territorio.

Si miramos el caso de Italia, el país europeo más “viejo” del continente ¿se asegura un desarrollo sostenido si los jóvenes del país que están poniendo la mano de obra van siendo poco a poco los inmigrantes? ¿tiene capacidad Italia para competir productivamente con una Colombia joven para finales del siglo XXI?

Al rescate de la familia: niño maleducado

La influencia de una sociología impuesta por los pensadores europeos y estadounidenses en nuestro país ha causado ciertos estragos en el desarrollo de la familia y su identidad colombiana y latinoamericana. Primero se comenzó con copiar modelos de educación estadounidenses que rebajaron el rendimiento académico y en lugar de fortalecer el papel del educador como figura social del primer orden, lo convirtieron en un “cuida chicos” muchas veces a merced de la violencia urbana.

Después se impuso una psicología también de corte estadounidense construida dentro de los esquemas de la ciudad de ese país y como respuesta a los conflictos sociales estadounidenses. Esta psicología, difundida por los medios de comunicación y con una plataforma escolar, desvirtuaría el papel del padre de familia y lo convertiría en el otro “cuida chicos”. Como producto final, en nuestras ciudades ha comenzado a surgir la figura del niño maleducado que tanto temían los bisabuelos que surgiera, pero como no tenían títulos en Harvard, no fueron prudentemente escuchados.

Este “niño maleducado“, miembro de la generación sacrificadora, que no tuvo que sudarse el bienestar social que le dan sus padres, es un peligro eminente para el desarrollo de nuestro país y puede hacer que Colombia revele los mismos males sociales de los países industrializados con la diferencia de que Colombia aún no es un país industrializado, es decir, pobre con enfermedad de rico.

El rejo de los bisabuelos fue archivado en muchos hogares urbanos y cambiado por una filosofía blandengue del “diálogo” entendido este como “facilitar que el niño elabore sus propios procesos de maduración” en el cual “el padre de familia es un facilitador” como si los niños fueran mangos que maduraran al son del viento. Este tipo de niño que crece con padres psicólogos, trabajadores sociales, sociólogos y otra clase de intelectuales o estudiados de diploma, son los mismos que tardan la madurez afectiva, la toma de responsabilidades y el crecimiento económico de nuestro país. Son los que retardan a propósito la responsabilida de una familia y si se casan dejan pasar el tiempo para engendrar y si engendran será otro personaje similar de blandengue. “Si quiera se murieron los abuelos”, como dice el poeta.

Si continúa este tipo de familia, se presentará pronto un colapso familiar y con este el desarrollo del país se hará lento, porque este tipo de familia fragmentaria es por otro lado más que productiva, de una alta voracidad en el consumo. Como cosa curiosa, niños maleducados se ven ya en todos los estratos sociales. Usted entra al supermecado y ya no ve a los padres de familia que llevan a los niños, sino a los niños que llevan a los padres de familia y les comandan qué cosa deben comprar, cómo, cuándo y porqué. Esta es la generación que ya no se sacrifica, sino que sacrifica, como insinuaba el japonés.

One thought on “Niño maleducado

  1. Muy bueno el artículo. No hay que olvidar que la mal llamada “filosofía blandengue del diálogo” – pues sería más acertado llamarla psicología blandengue-, llegó a los hogares a través de los psicólogos quienes permearon las instituciones educativas y de allí llegaron a meterse en el seno de las familias para maleducar, para meter el cuento de que era necesario acabar con las jerarquías porque de igual a igual nos tratamos mejor. Me pregunto: ¿De qué vivirían los psicólogos si se erradicaran los niños maleducados? …¿de qué vivirían si se erradicaran de los colegios?

Deja un mensaje

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s