De lo heroico a lo ridículo no hay más que un paso


“Gran Colombia”, recordad vuestra historia
Decía el Libertador Simón Bolívar que de lo heróico a lo ridiculo no había sino un paso.
Quizá no había temblado la “Gran Colombia” en una crisis tan inesperada como la que se vive en este momento con la muerte de Raul Reyes por parte de la acción militar colombiana que involucró el territorio ecuatoriano. Las decisiones apresuradas  tienen dos posibilidades de explicación: o demuestran  el rango ordinario de líderes prontos a la condena y la la toma de decisiones drásticas o evidencian sus ya largamente pensadas intenciones ante lo cual eventos sorpresivos se hacen circunstancias favorables a sus planes.  También decía el Precursor Antonio Nariño:
Que se diría de unos hombres que viendo asaltar su casa por los ladrones, se pusiera a disputar con sutilezas los derechos que cada uno tenía para vivir en esta sala o en la otra.
La muerte de Raul Reyes no es precisamente el mejor tributo a la paz. Las fotos dramáticas de su cuerpo destrozado sólo producen una gran pesadumbre, de un hombre que pudo haber tenido un fin más digno en favor de los ideales de paz y justicia de la Patria. El misterio de la existencia le hizo escoger un camino preferiblemente radical y de alguna manera intransigente, aunque es cierto que la violecia que nos agobia no viene sólo de las Farc. Quienes se alegren con la muerte de Raul Reyes se alegran ciertamente con la violencia e ignoran el karma que esta trae: la violencia  es la madre de todos los odios.
Aún más pesadumbre produce las reacciones de los gobiernos de Quito y Caracas, con decisiones y discursos incendiarios. Diez batallones venezolanos en las fronteras con Colombia son armas apuntadas no para Uribe y su gobierno, sino al pueblo de Colombia, entre los que están todas las víctimas de todas las violencias. ¿Por qué Quito se apresura a condenar el transcurso de los eventos en menos de cuatro horas, sin un cuidadoso examen de los eventos y por qué no explica cómo es posible que exista un campamento guerrillero colombiano en su territorio? ¿acaso las Farc son un movimiento legal en Ecuador y tiene todas las garantías para utilizar el territorio ecuatoriano? ¿cuando el presidente Chávez dice que si el ejército colombiano intenta algo similar en Venezuela, qué quiere decir? ¿que también hay campamentos de las Farc en territorio venezolano? si Uribe miente ¿Correa y Chávez no?
Por último otra pregunta que queda en el aire: tanto Caracas como Quito insisten en que quieren ayudar en la paz de Colombia, su país hermano, la “tercera esencia” de su historia. ¿Es posible ayudar a la paz con las armas en alto?
Si en Colombia queremos obtener la paz, es cierto que tenemos que entender que esta se consigue sólo cuando todos los actores armados dejen de ver las opciones de liquidación física y moral del contrincante como la única opción. Ese círculo ya se ha intentado por 200 años y no ha conducido a ninguna paz, sí a más odios y divisiones. Pero también es cierto que Ecuador y Venezuela tienen que sentarse con Colombia y no contra Colombia, para acompañarla en el entendimiento de ese proceso. Quien guarda silencio, tiene la última palabra.
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