Más niños latinos superdotados


En siete años, alrededor de 60 mil casos han sido identificados en el estado de California
Este bien documentado artículo de Claudia Nuñez de La Opinión Digital de Los Ángeles revela la situación de marginalidad a la que se pueden enfrentar los niños con un alto coeficiente intelectual aún en sociedades como la estadounidense en donde la inversión en educación es mucho más superior de lo que es en un país como Colombia. Si esto sucede allí, es bueno preguntarse cómo nuestros países latinoamericanos tratan los casos de los talentos naturales de niños y jóvenes, y cuántos genios se pierden en el anonimato de sociedades incapaces de abriles el espacio para su progreso.


Por Claudia Núñez, La Opinión Digital
claudia.nuñez@laopinion.com
09 de marzo de 2008

Álex Victoria tenía apenas 7 añitos cuando pensó en suicidarse. Pero no se confunda, éste no es un informe sobre salud mental, es sólo un caso, entre miles, sobre los conflictos y frustraciones que enfrentan muchos de los pequeños genios hispanos.

Actualmente, miles de esfuerzos y recursos se destinan a atacar el pobre rendimiento académico de los hispanos; sin embargo, existe el otro lado de la moneda, el de los niños genios, un grupo que, según expertos, enfrenta serios problemas de depresión, falta de estímulo y desinterés por parte de la sociedad.

En 2007, California alcanzó cifras históricas nacionales con 61,286 nuevos estudiantes inscritos al sistema GATE (Gifted and Talented Education), un programa de educación pública para niños superdotados.

Ese mismo año, el ingreso de los anglosajones fue de 6,217 nuevos alumnos; los asiáticos 22,667 y los afroamericanos 3,327. Es decir, ese año, ni sumando estos tres grupos raciales alcanzaron la cifra de estudiantes latinos. En total, en California existen 144,943 estudiantes hispanos catalogados como superdotados.

Pero lo que muchos se preguntan es: si son tan inteligentes, ¿cómo pueden estar en riesgo?

“Los alumnos con un coeficiente intelectual [CI] alto suelen sentirse incomprendidos, enfrentan miedo, coraje por el rechazo y la ignorancia de la familia, y terminan con serios problemas depresivos, tan fuertes como los de cualquier adulto. La falta de estímulos y de apoyo de la sociedad y el gobierno provoca que estos niños terminen en las pandillas o como empleados de fábricas comunes, cuando su potencial es altísimo”, dijo Jaime Castellano, de la Universidad del Estado de Arizona, uno de los pocos expertos hispanos en educación para niños genios del país.

“Entendamos que para un niño con un coeficiente de 130, estar en una clase con otros niños normales es similar a estar en una clase con pequeños que padecen retraso mental. Los alumnos superdotados son mentes adultas súper desarrolladas en cuerpos de niños”, detalló Castellano.

A los 3 años, Álex ya daba señas de su inteligencia superior. Había aprendido a leer casi por sí mismo, sabía escribir y su extenso vocabulario dejaba sin palabras a cuantos lo conocían.

“Si estudias fuerte, algún día serás como yo”, sentenció un doctor que una tarde de invierno atendió una infección respiratoria de Álex.

“No, algún día yo seré mejor que usted”, respondió el pequeño con la mayor sinceridad. Apenas tenía 4 años de edad.

Han pasado siete años desde esa cita con el doctor que quedó grabada en la memoria de su madre, pero la avanzada inteligencia de Álex y su imparable ambición por aprender continúan acarreándole problemas, especialmente con los otros niños que, celosos de él, lo relegan, lo golpean y martirizan, a tal grado que en diversas ocasiones siente que es mejor no vivir.

Su escuela, ubicada en la apartada zona agrícola de Arvin, California, a tres horas de Los Ángeles, no cuenta con los recursos para realizar viajes a museos o proveerle asistencia tecnológica que represente un reto para su nivel intelectual.

La única asistencia especial que recibe son las clases de medio tiempo del programa GATE, un espacio de sólo tres horas financiado por el gobierno estatal.

Mas allá de esa clase, no existe nada para Álex.

“Me siento aislado en este ambiente social. No hay museos, bibliotecas; todo lo que veo a mi alrededor es campo y trabajadores inmigrantes explotados”, detalla, y tras sus gruesos lentes sus ojos destellan desesperación.

El gobierno de California invierte apenas 9.00 dólares al día por niño de inteligencia superior. En total, un presupuesto anual de 51 millones de dólares, una cifra muy por debajo de los 300 millones de dólares que el estado gasta en implementar un solo programa de apoyo para estudiantes de primaria con bajo desempeño académico.

“La realidad es deprimente, y ¿por qué? Porque el gobierno asume que estos niños son tan inteligentes que cree que ellos pueden salir adelante por sí mismos y sin ayuda. Éste es el error más grave en el que hemos caído”, afirmó el especialista.

Aunque en California no existen datos precisos que analicen cuántos niños superdotados han abandonado la escuela, el estudio Handbook of Gifted Education indica que a nivel nacional el 5% de estos pequeños dejan la escuela a edad temprana, casi el mismo índice de abandono escolar de alumnos normales.

“En el caso de los niños hispanos, el barrio y el campo se vuelven todo su mundo y no saldrán de él porque no tienen las herramientas”, remarcó el especialista.

Jacqueline, la madre del pequeño Álex, trabaja 12 horas al día ayudando en la cafetería por las mañanas y en un autobús escolar por las tardes.

“Estoy confundida, él [Álex] ha sufrido mucho, los niños se burlan de él y él me dice a mí, ‘mamá estoy deprimido, no quiero vivir’… Yo no sé qué hacer, veo cómo sufre, lo miro cómo ha llorado, cómo hasta con la almohada se abraza, del estrés, de la tristeza. Los maestros me dicen, ‘señora, si tiene dinero sáquelo de esta escuela, él es demasiado inteligente’. Pero a dónde voy, qué hago”, expresó Jacqueline, cuya decepción más reciente fue ver cómo en uno de los juegos del único McDonald’s del pueblo unos niños habían escrito que su hijo era “un homosexual”.

Para Álex, la situación es clara: “Quien piense que ser inteligente es una bendición, es porque no sabe lo que dice. Mil veces hubiera preferido ser un niño normal”.

Por las tardes, Álex suele recostarse en su pequeña recámara, adornada con símbolos patrios de México y líderes revolucionarios como Emiliano Zapata y Francisco Villa. Ahí sueña despierto con la Universidad de Princeton en New Jersey.

“Esa universidad es mi más grande deseo, me gustaría estudiar ahí filosofía política y llegar a ser presidente de Estados Unidos”, dice pensativo y triste a la vez, pues sabe que los pasillos de Princeton están muy lejos de su realidad.

De momento, donde quiera que pone sus ojos, el campo y la pobreza parecen dominarlo todo. La victoria es algo que, de momento sólo está en su apellido.

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