Colombia, destino turístico emergente


Por Matthew Brown, traducido por Albeiro Rodas

Cuando me preguntan por mi reciente viaje a Colombia, comienzo con una imagen de las laderas de los Andes sobre Medellín, en Santo Domingo Savio, un barrio marcado por los destartalados tejares de metal de sus casas y estrechas y serpenteantes calles. Fue allí, los rayos solares como dedos de luz entre las nubes, aquel muchacho de ojos vivos y sonrisa amplia que se preguntaba porqué había venido a su país.

Al mismo tiempo, fui rodeado por una gallada de jóvenes, todos vivaces con una gran energía. Su curiosidad y amabilidad pronto eclipsaron su inicial timidez. Me hablaron con orgullo acerca de su escuela, sus partidos de fútbol, su biblioteca pública en progreso. Querían oir acerca del avión en el cual volé desde los Estados Unidos y cuán largo fue el viaje. Como se sorprendieron de mi español imperfecto, se me ocurrió pensar que posiblemente nunca antes habían hablado con un gringo.

Entonces porqué, me fue preguntado otra vez, había venido a Colombia. Al mirar al muchacho de rostro angelical con Medellín extendida abajo en el Valle de Aburrá, me di cuenta que había querido experimentar justo un momento como ese. “Para conocer a la gente colombiana“, le dije en mi español.

Antes de llegar, la idea que tenía del país venía de informes fragmentarios de los periódicos y magazines estadounidenses los cuales, invariablemente describían una nación en conflicto consigo misma. En el papel, Colombia parecía reducida a poco menos que narcotraficantes, guerrilla y paramilitares. Pero se hizo evidente para mí durante mi viaje al cuarto país más grande de Suramérica de que había muchas más historias detrás de esas generadas por los titulares internacionales. Historias encontradas, por ejemplo, no sólo entre los simpáticos niños de Santo Domingo Savio sino también entre las impresionantes mujeres con estilo de los bares y restaurantes de clase de la Zona Rosa de Medellín, las historias encontradas entre la arquitectura colonial de la Vieja Cartagena, así como su vida vibrante, las obras contemporáneas de los artistas colombianos, escritores, músicos. Todo esto, sin mencionar la vida nocturna tan festiva como en cualquiera de Latinoamérica, más los fascinantes paisajes naturales que incluyen desde los altos pichachos andinos como inmensas torres hasta las amplias playas de arena del Caribe.

Es una combinación seductiva que aumenta progresivamente el número de viajeros. The Economist informó recientemente que los oficiales del turismo en Colombia esperaban que los visitantes extranjeros aumentarían en 1.5 millones hacia finales de 2006, lo que significó un sorprendente incremento del 50% de acuerdo a cifras del 2005. El crucero Royal Caribbean Internacional inició escalas en Cartagena en abril de 2007. Todo esto no significa por cierto que todo esté bien: ciertas áreas rurales del país aún son “lugares para evitar” debido a la presencia de insurgentes izquierdistas o grupos narcoterroristas derechistas y décadas de permanentes batallas han desplazado numerosos campesinos. Sin embargo, en lo que respecta a seguridad, muchos de los viajeros que toman razonables precauciones no notarán la diferencia entre, por decir, Bogotá o Medellín y otras ciudades grandes de la región como Quito, Ecuador o Lima, Perú.

Medellín: En donde están los Paisas

La capital del departamento de Antioquia, Medellín, tiene un gran número de sobrenombres, dos de los cuales parecen ser los más apropiados: la Ciudad de la Eterna Primavera (esta tiene una idílica temperatura promedio de 22°C/72°F) y la Ciudad de las Flores (su Feria de las Flores es quizá uno de los más grandes festivales folclóricos horticulturales del mundo). El hogar de más de tres millones de habitantes, Medellín tiene un elegante y eficiente Metro (www.metrodemedellin.org.co), del cual una extensión fonicular sube hasta Santo Domingo Savio en donde una magnifica vista es una atracción para no perder.

El más famoso artista colombiano, Fernando Botero, es originario de Medellín y en el parque que lleva su nombre, en el centro de la ciudad, se encuentran permanentemente exhibidas 20 de sus fascinantes y corpulentas esculturas que incluyen “Mujer“, “Adán” y “Gato“. En el parque se encuentra también el Museo de Antioquia (www.museodeantioquia.org), un espacio que contiene pinturas neofigurativas de Botero. Aunque Botero ha vivido la mayor parte de su vida en el exterior, sus obras mantienen una innegable sensibilidad colombiana. Me enamoré de La Casa de Amanda Ramírez, con su carnocidad bizarra y de Muerte de Pablo Escobar, en la cual el conocido capo de las drogas es abatido por las balas mientras está sobre un tejar de Medellín (de hecho Escobar fue muerto en 1993 por la Policía Nacional de Colombia).

El café al aire libre del Museo, que mira al parque, es el punto perfecto para degustar un tinto (café) y contemplar el concurrido centro: insistentes vendedores de relojes, ancianos opinando sobre las noticias del día y muchachas besando a sus novios. Para mí, el encanto real de Medellín y una razón suficiente para visitarlo, son los nativos, que son llamados paisas. Son conocidos por su trabajo de espíritu ético y emprendedor lo que no disminuye su evidente hospitalidad y palpable  joie de vivre, que es particularmente evidente después de la caida del sol. La rumba (vida nocturna) comienza desde el jueves y va hasta el sábado.

“¿Qué sería de mí sin el Aguardiente?

Tenía pocas horas de estar en Medellín cuando me dieron la primera prueba de aguardiente, una bebida alcohólica de anís de cerca 60%. Desde el siglo XVII, cuando el rey de España intentó prohibirlo, la transparente y dulce bebida ha sido la bebida patriótica. “¿Qué sería de mí sin el aguardiente?”, un emigrante colombiano escribió una vez. “Sería una nación sin gente, un árbol sin raíces”.

De hecho, es difícil establecer el grado de importancia de este lícor, el cual es consumido por todas partes, desde los más rústicos bares a las más exclusivas discotecas. Hay un maravilloso espíritu común de preferencia por el aguardiente: las botellas son ubicadas al centro de las mesas, los vasos se llenan y se izan al unísono, con frecuencia acompañados de brindis de verdades eternas existenciales. Para un viajero, el aguardiente puede conducirlo dentro del alma del país. En el espacio de pocos días, mientras compartía la bebida de los colombianos, hice grandes amistades y discutí la compleja situación política de la nación; conocí el renombrado Festival de la Poesía (www.festivaldepoesiademedellin.org) y acerca de la fascinante historia bucanera de Cartagena y, por supuesto, bailé.

Tal como me dijo uno de mis nuevos amigos paisas, “aquí la gente se conoce es bailando”. Y créanlo, hay mucha comunicación – y quizá con la ayuda del aguardiente – a través de los sensuales pasos y el contagiante ritmo de salsa, merengue y cumbia, los cuales descienden de ambos, de los amerindios y esclavos africanos de Colombia. También se escucha por todas partes la estrella del pop latinoamericano, Shakira, originaria de la costa norte, así como Juanes, nativo de Medellín.

Para obtener un verdadero sentido de Colombia, pienso que un viajero debe pasar al menos una noche sudando en un escenario de rumba, aunque es prudente no hacer ningún plan significativo para la mañana siguiente.

Cartagena caribeñaUna ciudad tropical al lado del mar cuyo centro colonial – que comprende calles empedradas, parques encantadores y fachadas de bahareque – es un Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Un lugar con una historia relacionada con piratas, Inquisición y oro. Es un mise-en-scène que no está fuera de lugar en una película que es adaptación de una novela de Gabriel García Márquez. Esta es Cartagena de Indias.

El Viejo Centro, la principal atracción, es mejor verlo a pie. Me fascinaron los amplios arcos coloniales y los intrincados balcones cubiertos de flores. Un visitante puede dar vueltas ahí por horas, sin itinerario – pero no se pierda el Palacio de la Inquisición (e-mail museodecartagena@hotmail.com), que contiene un excelente museo que exhibe, entre otras cosas, instrumentos utilizados por la Inquisición para torturar a aquellos acusados de herejía. También asegurese de ver el Convento de la Popa, que domina la ciudad desde el alto del mismo nombre.

Algunas de mis afecciones por Cartagena se atribuyen a su prominencia en la vida y obra de García Márquez, uno de mis héroes literarios. Como supe en sus memorias, “Vivir para contarlo”, el premio nóbel colombiano comenzó su carrera de triunfos escribiendo para un periódico del Viejo Centro. La ciudad sirvió después como escenario de su libro El otoño del patriarca, así como para la película filmada según la adaptación de su novela El amor en los tiempos del cólera que fue filmada recientemente en Cartagena.

Tienes que Regresar (You Have to Come Back)

Sólo tenía pocos días de estar en EEUU cuando recibí un correo electrónico de dos colombianos de los cuales me hice amigo en mi viaje. Ambos no podían ser más diferentes el uno del otro: uno era un pensativo costeño de Cartagena y el otro un exhuberante paisa de Medellín, pero ambos me deseaban que regresara pronto. Después de todo, sólo pasé una breve temporada en el país y había más que ver, más qué hacer y, seguramente, más de estos numerosos, cálidos y amigables colombianos que conocer.

Nota: Este viaje fue patrocinado por American Airlines (www.aa.com), así como por Medellín Convention & Visitors Bureau (www.medellinconventionbureau.com), Proexport Colombia (www.proexport.com.co), Gobernación de Antioquia (www.gobant.gov.co), Alcadía de Medellín (www.medellin.gov.co/alcaldia/index.jsp), y Colombia es Pasión (www.colombiaespasion.com).

Información general

Muchos viajeros, incluidos estadounidenses y la mayoría de los que provienen de Europa occidental y Australia, no requieren visa para entrar a Colombia hasta por 60 días. Para una información completa de requisitos, así como de información general sobre seguridad en el país, consultar el “U.S. Department of State Consular Information Sheet” (http://travel.state.gov/travel/cis_pa_tw/cis/cis_1090.html). Cuando usted esté en Colombia es bueno tener una copia de Frommer’s South America.

Cómo llegar allí

Colombia es uno de los países suramericanos de más fácil acceso: está a solo tres horas de vuelo desde Miami o 6 horas desde Nueva York. Desde Miami American Airlines vuela a Bogotá, Medellín y Cali; Avianca (www.avianca.com) tiene vuelos directos desde Nueva York y Miami. Otras areolíneas con servicios a Colombia son Air France (www.airfrance.com), British Airways, (www.britishairways.com), Continental (www.continental.com), y Copa (www.copaair.com).

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