A proteger nuestros niños


En 2007 los casos reportados de abuso infantil en Colombia fueron 377, en lo que va del 2008 van 73 casos, de acuerdo a informes de Bienestar Familiar.

Abuso infantil, una de las plagas del mundo. Los países en vías de desarrollo o subdesarrollados son las principales víctimas en el mundo. Un crimen silencioso, complejo y lucrativo.

Entre cualquier tipo de crimen que pueda pensarse, hay uno que a decir verdad no crea muchos titulares de prensa: el abuso infantil. No se trata de un problema colombiano, se trata de una epidemia mundial que pone en riesgo a la población infantil, especialmente de países subdesarrollados o en vías de desarrollo como el nuestro.

Resulta que los niños, menores de edad y mujeres como población vulnerable de las sociedades, son ofrecidos en muchos casos dentro de un negocio que es lucrativo y mueve tanto dinero como el contrabando de narcóticos o el mercado negro de las armas. Las áreas del planeta más sensibles a este crimen son Asia, los países de la antigua cortina de hierro (Europa oriental) y América Latina. Estamos hablando de las nuevas esclavitudes del siglo XXI en donde cientos de personas son utilizados en sofisticadas redes de tráfico humano y prostitución.

Ciertamente el abuso infantil cubre una ámplia gama de modalidades: desde el abuso infantil que se da en el seno de las familias en donde parientes abusan de los menores por años a veces con el silencio complice de quienes deberían proteger la dignidad del menor, hasta las sofisticadas mafias del sexo. Lógicamente el crimen organizado que recorre los bajos fondos de los países haya la manera de relacionar todo en uno: drogas, armas, corrupción y abuso sexual. De una cosa estamos seguros ahora: la globalización también beneficia al crimen internacional.

El nuevo siglo se abre además con un fenómeno de turismo global sin precedentes en la historia de la humanidad. Si los viajes de Marco Polo y Cristóbal Colón se hicieron célebres y cambiaron la historia de las naciones, en la actualidad existen millares de polos y colones que recorren más kilómetros que ellos y en menor tiempo. En el momento en que leemos este artículos, millones de personas viajan de una parte del mundo a otra a descubrir países y culturas de manera personal. El turismo internacional se convirtió además en uno de los principales recursos económicos de los países pobres, los cuales descubrieron que sus selvas, playas naturales, centros históricos y demás atraían mucho a estos turistas de países ricos que venían a dejar sus dólares y sus euros por pasar unos días de relajamiento en climas cálidos con gente sencilla y espontánea. Quedarse un invierno en Nueva York ya no es cuento: mejor vámonos para Aruba.

Lo curioso es que mientras agencias de viajes y ministerios de turismo ofrecen sitios ideales, paraisos solares y momentos inolvidables, otras agencias cuyas manos oscuras se ocultan entre la multitud ofrecen los niños de nuestros países en lo que se llama el turismo sexual. El mes pasado las Naciones Unidas llamó la atención de los gobiernos de India, Tailandia y Camboya porque no estaban haciendo lo suficiente para prevenir el abuso infantil generado por el llamado turismo sexual.

Sin embargo es fácil individuar al extranjero que visita nuestro país en búsqueda de menores para sus apetencias. De hecho, en Camboya, por ejemplo, ha aumentado el número de casos de extranjeros detenidos y llevados a juicio por casos de abuso infantil. Pero ojo, ese es un distractor: según Louis Brown en su obra “Sex Slaves: The Trafficking of Women in Asia” (Virago Press, London 2000, ISBN 1 86049 903 1), lo más sorprendente de las redes de tráfico infantil es que estas no atienden ni tienen como preferencia a los turistas extranjeros, sino que sus principales “clientes” con los hombres locales de cada nación (cfr. p. 4). Pero en Asia este fenómeno es diferente a la manera que sucede en América Latina en donde suele ser más soterrado, más hipócrita y visto con mayor indiferencia por la sociedad en general cuyos principios reposan en una rígida lectura moral que ve la prostitución más que como el resultado de un problema social, como un fenómeno cuya responsabilidad recae solo en la persona que lo práctica. Si una menor de edad ejerce la prostitución en América Latina, es porque ella lo quizo así y es merecedora del oprobio. Dicho pensamiento favorece en gran medida al abusador.

Colombia está abriendo los ojos al drama del abuso infantil. Ciertamente un país que hasta hace una década no estaba en la lista de los destinos internacionales del turismo, no conoce aún lo que significa a ciencia cierta el turismo sexual a la manera en que se conoce en India, Tailandia y Camboya. Lo que Colombia no sabe es que es tan apetecible y de hecho ya lo está experimentando, como cualquiera de esos países asiáticos e incluso lo puede ser más por su cercanía a Europa y a América del Norte de donde vienen los principales “compradores”. Pero de nuevo, siguiendo el libro de Brown, el turismo sexual como causante de abuso infantil, no sobrepasa la “demanda interna” y de eso sí sabe Colombia. De acuerdo a Medicina Legal en un informe publicado por El Pulso de Medellín, sólo entre 2 y 5% de casos de abuso infantil son denunciados, es decir, que la cifra es 95% mayor de las estadísticas conocidas y de los casos denunciados de abuso, una escandaloza proporción del 90% corresponde a víctimas menores de edad. Esto quiere decir que en el caso de Colombia las estadísticas con las que se cuentan parten exclusivamente de las denuncias que son en realidad muy pocas.

Cuando hablamos de abuso infantil se habla especialmente de aquel que sucede dentro del seno de la familia, mientras que la utilización de menores en búsqueda de beneficio económico (esclavitud sexual según L. Brown) es la que se llama tráfico infantil y explotación sexual infantil, que es también un abuso.

Prevención

Lógicamente es necesario tomar partido para proteger a los niños en donde sea que estos estén en riesgo. La sociedad no puede quedarse indiferente y debe trabajar de manera coordinada para que el problema tenga una solución desde la prevención, las acciones concretas de protección del niño y el tratamiento de las consecuencias. En este sentido debe existir una cooperación entre todos los estamentos sociales, desde la escuela a la religión, desde la policía a los diferentes cuadros de gobierno, desde las organizaciones oficiales a las no gubernamentales. Se debe involucrar a la ciudadanía.

En Camboya existen excelentes ejemplos en esta materia, por ejemplo con los mototaxis, muchos de los cuales participan de campañas de prevención del abuso y el tráfico infantil. A esto se suman los café internet, los hoteles y las escuelas.

El trabajo social con familias en comunidades vulnerables es muy importante, así como dar a conocer a las comunidades populares la normatividad judicial que existe en esta materia en cuanto a la protección de los derechos de menores de edad y mujeres. Cuando la norma es conocida, los abusadores encuentran más difícil llevar adelante sus planes. Llamar al crimen por su nombre, sin temores, sin importar siquiera quién sea el abusador, porque el silencio garantiza su acción y pone en peligro la vida físicia y espiritual de cada niño.

Artículos relacionados

* El abuso sexual: una alarmante realidad mundial. Archivo atribilioso, diciembre de 2005.
* Aumenta explotación y abuso sexual de niños y niñas en Colombia. Red Peruana.
* Abuso sexual infantil: entre la realidad y el silencio. Periódico El Pulso, Medellín, 2006.
* Child Safe Tourism in Colombia. ColombiaInfo.com
* Este año 73 niños han sido explotados sexualmente. El Espectador, 7 de mayo del 2008.

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