Desarrollo y economía: ¿por qué tendrían que se antagónicos?


Por Albeiro Rodas

Madrid (6 de agosto de 2008) En muchas ocasiones las propuestas de protección ambiental se oponen a las propuestas de desarrollo contemporáneas, especialmente con la generación de infraestructuras como los medios de transporte, vías, comunicación y el crecimiento urbano que en no pocas ocasiones va en detrimento de la ecología y en la destrucción de los ecosistemas. Más aún en la actualidad, el tema se vuelve, como el clima, más caliente, debido al creciente y preocupante calentamiento global que ya ha cobrado con creces los estragos que el hombre le ha causado a la tierra.

Los países industrializados han destruido sus propios recursos naturales y miran con avidés por los recursos de los países subdesarrollados y aquellos como Colombia en vías de desarrollo. Por su parte, países como Colombia y los latinoamericanos pretenden copiar los modelos industriales para obtener sociedad desarrolladas aún a costa de sus propios recursos y de sus propias poblaciones. Es fácil adivinar el futuro de manera pesimista si seguimos en esa carrera sin sentido del desarrollismo si tenemos un solo planeta. A lo último todo será desierto, se perderá el equilibrio ecológico, geológico y atmosférico y la especie humana, con toda su tecnología y sociedades consumistas, tendrá que incluirse a sí misma dentro de las especies en vías de extinción.

Sin embargo, es necesario que cambien las perspectivas. Si continuamos en el tire y afloje entre los ambientalistas y los desarrollistas, no llegaremos a ningún punto en concreto. Los pueblos tienen derecho al desarrollo y a la vez, el planeta tiene el deber de proteger el medio ambiente por la sencilla razón que dicho desarrollo sólo es posible en un solo planeta: la tierra. Estos dos principios entonces tienen que unirse de manera armónica e inmediata. Todo plan de desarrollo tiene que incluir de manera vital una propuesta ecológica y cultural, que incluya la participación de las comunidades que se benefician del desarrollo y no ser exclusivista. Por su parte, todo proyecto ecológico deberá tener en cuenta que los pueblos tienen derecho a su desarrollo y que las infraestructuras son vitales para el mismo. Una carretera por ejemplo es la mejor forma de que un pueblo se integre a la gran comunidad humana. No estamos en la Edad Media en donde las distancias eran parte de la cotidianidad y en donde un viaje entre España y América tardaba un año. Si un viaje entre Tailandia y Colombia tarda hoy menos de 30 horas, esto es más rápido que un viaje en bus entre Quibdo en el marginal departamento del Chocó y la ciudad de Medellín. ¿Por qué el Chocó como comunidad humana no tendría derecho a una carretera amplia, buena y bien trazada que lo pusiera en contacto con el resto del país y del mundo? Si la carretera perjudica el medio ambiente, entonces es necesario construirla de tal manera que la comunidad se sienta responsable de ella (sociología), que los sectores económicos se comprometan con el medio ambiente (ecología) y que los grupos humanos nativos sean los primeros beneficiarios (desarrollo).

El romanticismo de las comunidades naturales

Existe un discurso que es profundo y razonable en mucho, pero que tiene sus bemoles en su debida proporción. Se trata de la defensa de la identidad y cultura aboriginal de los grupos naturales, aquellos que viven en medio de las selvas y practican sus propias tradiciones y lenguas, por lo general diferentes del gran cuerpo mancomunado de un país.

Los antropólogos que defienden dicho discurso de protección de dichas culturas previenen de la fragilidad de las mismas si estas entran en contacto con las culturas dominantes y mayoritarias. Sin embargo, al mismo tiempo tienen que llenar largos folios de denuncias cuando dichos grupos son objeto de los ataques a dichos grupos por la acción de colonos ambiciosos que de paso destruyen los ecosistemas y ejercen violencia indiscriminada. Nos encontramos entonces ante un gran desiquilibrio. No basta, a mi modo de ver, un sistema legal que dé cuerpo a los llamados resguardos indígenas. Si bien, la legislación no sólo es necesaria sino que debe fortalecerse cada vez más, de manera que los grupos aborigenes tengan un espacio de defensa de sus derechos y una garantía para la práctica de sus deberes ciudadanos, también es necesario fortalecer otros principios y derechos y uno de ellos es la necesidad de que dichas comunidades puedan participar del desarrollo.

Si una comunidad indígena es negada a participar en el desarrollo de su país bajo el concepto de protección de su identidad autóctona, entonces dicho discurso en sí niega un derecho fundamental. Ahora bien, el temor es que la comunidad al entrar en contacto con las sociedades dominantes, pierda su idioma, su identidad y sus tradiciones y sea absorvida por las mayorías y, de paso, termine siendo víctima de la misma por medio de muchas circunstancias. Pero cuando la comunidad indígena no encuentra esas mismas oportunidades a un desarrollo sostenido (educación, salud, empleo, comunicación con la gran comunidad humana), estos grupos buscarán por sí mismos dichos contactos y, como no están preparados, terminarán en aquello que se quiso evitar, como la extinción de su lengua y sus tradiciones.

¿Por qué un grupo indígena no podría disfrutar de los avances de la ciencia y la tecnología? Más aún ¿por qué tendría que ser el acceso a la ciencia y a la tecnología motivo de pérdida de la identidad cultural?

Véamos varios ejemplos en donde culturas han llegado al dominio del mundo moderno sin perder sus valores. El modelo lo encuentro evidentemente en Asia, en donde los países del Lejano Oriente (China, Japón, Corea, Vietnam, Tailandia, Malasia, Singapur), han adquirido y dominado la modernidad y la industrialización sin por ello perder su identidad y su idioma. Lógicamente ello no significa que todo ese proceso haya sido pacífico y no significa que muchos elementos han sido sacrificados y que también muchas minorías han sufrido los avatares de una mentalidad no de desarrollo, sino de desarrollismo en muchas ocasiones.

Lo importante a destacar es que existen comunidades con una identidad cultural muy arraigada que han asumido por sí mismas el desarrollo occidental y lo han dominado sin perder su yo cultural. ¿Por qué no pensar en propuestas antropológicas y sociológicas similares en el caso de nuestros grupos aborígenes en Colombia y en América Latina?

El otro extremo es del estado paternalista en donde dichas comunidades se vuelven objeto de una política no de protección, sino de proteccionismo. Todo paternalismo social sólo conlleva a la atrofía en el desarrollo de la cultura. Los casos pueden ser encontrados en países como Chile y Argentina en donde las comunidades indígenas terminan siendo una especie de “grupos asistidos” a los que se les da todo, pero que aportan poco a la dinámica nacional. Por otra parte, exhiben permanentemente como garantía de dicho asistencialismo, el complejo ancestral de “ustedes tienen que darnos, porque en el pasado ustedes nos quitaron todo“.

Supongamos que el Japón hubiese tomado esa misma actitud después de las bombas de Hiroshima y Nagasaki y se hubiesen sentado a que los Estados Unidos reconstruyeran su país y les dieran todo, porque los EEUU fueron los culpables de su destrucción. En este momento, Japón quizá no sería un país y sus habitantes no tendrían la reputación que tienen en la actualidad.

Por lo tanto, no se trata de una política de paternalismo, tan dañina como la de imposición cultural y violencia que se practica en muchas ocasiones en Colombia o en otras latitudes del continente contra las comunidades nativas. Lo que se requiere es darle elementos de trabajo a las comunidades nativas no para que acepten de manera pasiva el desarrollo en un como “siéntense y vean que es por su bien”, sino en que ellas se vuelvan agentes dinámicos de ese desarrollo y lo sepan integrar a su propia identidad cultural.

Sólo una comunidad que participa activamente de su propio desarrollo, puede defender sus propios elementos culturales, trabajar por la preservación de su propio idioma, aprender el idioma dominante como garantía de comunicación con la cultura dominante y la promoción de sus propias tradiciones. ¿Por qué tendría que verse el idioma dominante como un peligro a la identidad cultural? Por el contrario, un grupo nativo que no hable el idioma dominante es vulnerable de engaño. En cambio, existen muchos ejemplos en el planeta en el cual un grupo minoritario no sólo habla una lengua nacional, sino que defiende su propio idioma (muchos países europeos y asiáticos).

La ignorancia de la cultura dominante

Otro factor a tener en cuenta en la integración desarrollo y ecología es la ignorancia de la cultura dominante hacia los grupos minoritarios. Justamente es en el encuentro y la comunicación en el cual la mayoría se hace conciente de la existencia del minoritario. No se ama lo que no se conoce y lo que resulta extraño se combate sino se está preparado. En ese sentido, el desarrollo de las comunidades aborígenes trae también como consecuencia un puente de comunicación con las mayorías. La cultura dominante se hace conciente que dentro de su conglomerado nacional, existe la diversidad y que esta en lugar de ser un inconveniente, es una riqueza de todos. Esa concientización acerca de la existencia del diverso no se da sólo porque se haga una campaña nacional para que este se conozca, sino que es una responsabilidad primaria del diverso. Los estudios de los antropólogos son muy importantes para dar a conocer el rostro del nativo a las mayorías, pero si nos quedamos solo con dichos estudios, entonces los grupos nativos serán siempre vistos como materia intelectual, romanticismo cultural, estudios de cosas curiosas y fascinantes que están siempre al de más allá del entorno urbano moderno y que es necesario desplazarse por medios hóstiles para conocerlos.

Por el contrario, si las comunidades nativas tienen acceso al desarrollo, se hacen los masters de su propio desarrollo, ellas mismas crearán esos espacios de encuentro y participación con las comunidades dominantes. Se dará entonces el espacio al diálogo social entre el gran conglomerado socio-cultural de un país. El grupo cultural minoritario tendrá entonces su espacio social en su propia patria, será reconocido, será respetado y será protegido no por una política proteccionista y paternalista, sino por la dinámica propia del desarrollo mancomunado. Su música, su literatura, sus tradiciones, su dieta, su concepción de la naturaleza y de la vida ya no será solo testimoniada por la selva y los antropólogos, sino que entrará en la cotidianidad nacional.  

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One thought on “Desarrollo y economía: ¿por qué tendrían que se antagónicos?

  1. Está claro que hoy en día ya no es imposible el tándem ecología y desarrollo. Cada vez avanzan más las técnicas para que podamos convivir perfectamente con la naturaleza sin dañarla ni acabar con ella, y además para que podamos nutrirnos de ella. El caso es que acabo de ver un vídeo en una página de ecología y medioambiente que se llama planetaverde.tv, sobre el edificio que está construyendo el arquitecto Fisher: es una torre dinámica que podrá girar sobre sí misma y que además se nutrirá de la energía solar. Os dejo el link, para que podais ver vosotros mismos que ecología y desarrollo sí que pueden ser compatibles:
    http://www.planetaverde.tv/index.php/ppal/index/1/150/0/all//1

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