De obispo a presidente


Otro gobernante de izquierda aparece en el panorama latinoamericano, esta vez en Paraguay con el ex-obispo Fernando Lugo quien tomó posesión de la presidencia la semana pasada entre grandes expectativas para el desarrollo de uno de los países más pobres de América del Sur. La revista británica The Economist lo describe como un “barbado, teólogo de la liberación en sandalias, militante por los pobres y la reforma agraria”.

AméricaEconomía dice que el nuevo presidente no utiliza corbata, lleva sandalias y obtuvo una dispensa del Papa Benedicto XVI en condición de laico para poder asumir el poder sin problemas con la Iglesia y renunciando a los privilegios eclesiásticos, aunque ya la Conferencia Episcopal de Paraguay le envió un mensaje recordándole que la Iglesia no puede “descuidar la labor pastoral para incursionar en el campo político” y que el Estado debe “respetar la libertad religiosa, de culto y de conciencia” y tener en cuenta “los valores propios de la naturaleza de la persona humana y de la sociedad, muy especialmente en lo que hace referencia a la vida” y en lo que toca directamente al problema del aborto y la familia. Pero aparte de lo que Lugo tendrá que vivir con la Iglesia Católica como representante de un Estado secular, véamos lo que le espera como presidente de un país como Paraguay.

Paraguay tiene de extención 406.752 kilómetros cuadrados, un territorio considerablemente grande si tenemos en cuenta que Italia tiene 301.318 kilómetros cuadrados, pero que distan ambos en muchas cosas, no sólo en su desarrollo, sino en el grueso de su población. Mientras Italia tiene casi 60 millones de habitantes, nuestro país sudamericano cuenta con sólo 6 millones, es decir, mucho menos de todos los habitantes de la ciudad de Bogotá.

Por otro lado, nos encontramos ante un país que vivió 61 años bajo un regimen político quietista, sin mayores contrastes y un monolito de medio siglo, desde la dictadura de Alfredo Stroessner, lo que constituye en sí una debilidad, pues es un país sin una auténtica tradición y cultura política en donde la oposición estuvo siempre enseñada a callar.

Es además un país en donde el 1% de su población es dueña del 77% de la tierra, elemento este que hace parte del discurso político del ex-jerarca de la Iglesia y que no le será fácil ciertamente ni lo logrará del todo dentro de su periodo precidencial, más que iniciar un proceso hacia tal fin. Su candidatura se logró a través de una variada coalisión política y así mismo conformó su gobierno, desde izquierdistas hasta progresistas.

La economía del país depende de la exportación de carne y soya, pero como dice AméricaEconomía carece de una auténtica maquinaria industrial. Paraguay es el tercer productor mundial de soya, dependiendo mucho de tal producto.

Otro personaje que ya no falta en el panorama americano es el presidente de Venezuela Hugo Chávez quien, sin dudarlo, quiere alinear a Lugo en lo que llama su clan de lucha en contra de los Estados Unidos. Curiosamente y seguro una clave de lo que entiende lugo como su programa internacional, ha permanecido en su discurso prudente en lo que se refiere al poderoso país norteamericano y ha dicho que Paraguay tiene buenas relaciones con Washington. A los que seguramente Lugo va a empezar a presionar es a sus dos no menos poderosos vecinos, Brasil y Argentina, a los cuales ya les propuso reformas en sus áreas económicas comunes con las hidroeléctricas.

Para el 2005 Paraguay tenía un puntaje de 0.755 en su índice de desarrollo humano, lo que lo ponía y lo pone como el segundo país más pobre de Sudamérica. En ese mismo año el índice de desempleo estaba en un 15.9%, mientras la agricultura, la agronomía comercial y la cría de ganado eran las primeras actividades de su producción industrial.

Aunque Paraguay es también célebre por su alto nivel de corrupción administrativa – ocupó el puesto 138 según el índice de transparencia política -, es miembro fundador del Mercosur desde 1991. Su acceso al Oceáno Atlántico se da por medio del río Paraná, pero ello lo hace necesariamente dependiente de Brasil y Argentina, dos naciones con las que ha tenido que ver en su historia desde su independencia de España. Sin embargo, Argentina, Brasil y Uruguay le han concedido puertos libres que le hacen tener por ejemplo relaciones comerciales con la Comunidad Europea que en 2005 llegó a un total de €437 millones en bienes.

El país es considerado por el Banco Mundial como confiable para la inversión según un informe de 2006, un hecho que sin duda será clave para los planes de desarrollo que pretende Lugo.

Los desafíos del nuevo presidente: crear un cultura política, la reforma agraria, las relaciones internacionales, especialmente con las poderosas economías de Argentina, Brasil y Estados Unidos, la participación en las economías sudamericanas y la inversión.

Como antiguo miembro de la Iglesia Católica, Lugo podrá ser radical, pero como presidente de su país, tendrá que ser muy práctico.

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