La prensa tiene su parte en todo proceso de paz


pressfredom

Si nuestras sociedades humanas no se matan de aquí a 20 siglos y en ese lejana época queda alguno para ponernos en las tradicionales casillas de las clasificaciones sociales e históricas, sin duda de nuestro tiempo se evidenciarán con insistencia conceptos como democracia, igualdad, derechos humanos, globalización, capitalismo, comunismo y otros tantos otros conceptos que se le relacionan, sea por su práctica o por su ausencia, por su promoción o por su represión. Pero hay un elemento que mide la distancia o la cercanía que cualquier sociedad del mundo muestra hacia dichos conceptos y sus prácticas (por ejemplo el de democracia y derechos humanos) y ese es el de la libertad de expresión.

Esta susodicha libertad de expresión no es un derecho de los periodistas, como muchos suponen. Es antes que nada un derecho de los pueblos, pues el periodista es, sin dar muchos giros, un servidor público. Por lo tanto, quién atenta contra un periodista de manera física o verbal, atenta contra el derecho íntimo del pueblo que este representa a la información.

En nuestras sociedades latinoamericanas este elemento es principalmente evidente. La represión a la prensa coincide con aquellos estados que se quieren basar en el absolutismo y la represión al pluralismo político, ideológico, religioso y social.

Cuando en un país la prensa es acallada de cualquier manera, ello se convierte de manera inmediata en el principal termómetro de la democracia de una nación.

Colombia ha sido un país en donde la profesión del periodista es cosa de valientes. Un periodista colombiano se ve sometido a una gran presión social que alteran de una u otra forma la información a la que la gente del común tiene derecho.

En un país con una enorme polarización política, económica y social, no es fácil querer informar desde un punto radical de la neutralidad. Esta polarización en todo debate, conflicto, lucha, no es nuevo y tiene una raíz histórica en los inicios de la era repúblicana de Colombia. Primero federalistas contra centralistas y poco a poco liberales contra conservadores, para llegar al actual conflicto dual entre guerrilla y paramilitarismo.

En todo tiempo de la historia republicana de Colombia, cualquier manifestación política o social es medida desde la perspectiva de los actores en disputa. Se está de este lado o del otro. En tanto, aquello que se ubique al centro de una posible neutralidad, se pone necesariamente a tiro de escopeta de los contricantes.

Lógicamente esta lectura es bastante superficial y revela una mayor complejidad. No se trata sólo de una línea de opuestos que se enfrentan. Con frecuencia ello incluye otros grupos, otras visiones, numerosos intereses y múltiples alianzas, a veces entre los enemigos o a veces entre actores completamente disimiles.

Si un periodista se encuentra en una zona controlada por la guerrilla e informa de los actos violentos que esta realiza en dicha región, dicho periodista será visto por el grupo armado como enemigo de los intereses de la guerrilla, lo que traducido a su lenguage significa que dicho periodista es defensor de la burguesía, le hace el juego al enemigo de clase y por lo tanto un reaccionario.

Si el periodista en cambio se encuentra en una región de influencia paramilitar e informa acerca de los abusos que estos grupos suelen cometer en contra de la sociedad civil, recibirá la misma interpretación que el anterior: será tenido como uno que está al servicio de las guerrillas, un espía y por lo tanto, enemigo de los intereses del paramilitarismo y sus montajes ideológicos de corte perverso.

Ahora pongamos al periodista en un medio controlado por las mafias de la droga. Si tiene que informar acerca de los crimenes que estas cometen o de los actos de corrupción, el periodista se expone necesariamente a ser eliminado por el poderoso aparato maquiavélico de este tipo de agrupaciones de la economía depravada.

Ahora bien, es casi normal decir que los periodistas son víctimas fáciles de grupos armados como lo son las guerrillas, los paramilitares y las mafias. Esto es normal en todos los países del mundo en donde exista este tipo de grupos que apoyan su podería en las armas y el terror. Pero lo preocupante sería cuando la prensa ya no sólo se hace objeto de dichos grupos, sino que también se hace blanco por parte de las políticas de un estado, por parte de ciertos grupos sociales e incluso culturales. Es en ese punto en donde se puede empezar a dudar de la efectividad de una democracia.

La prensa tiene su parte en todo proceso de paz en cualquier parte del mundo. Tiene su parte no como un privilegio, un algo ganado por méritos o toda esa percepción errónea de ciertos políticos. Lo tiene porque la prensa, sea lo que sea, se sitúa como representante de la opinión de un pueblo.

Puede decirse que la prensa no siempre es neutral. Eso es completamente cierto. Hablamos de las amenazas de los grupos del terror armado, pero no hemos mencionado las amenazas a la libertad de prensa de parte de los emporios capitalistas que la amordazan con dinero y prevendas y derriban la construcción ética de la prensa. Pero aún así, la prensa está siempre invitada a participar en cualquier proceso de pacificación de un país como Colombia, porque justamente es ella la que pone a todos en contacto con todos. La multiplicidad de la prensa en un país, revela su dinamismo democrático y abre espacios al debate que depura la neutralidad de la prensa. Si en un país hay sólo un medio de comunicación controlado por el gobierno, no es posible hablar de un país democrático en todo el sentido de la palabra.

Si en un país sólo los medios del gobierno tienen todas las preferencias, mientras que aquellos que se alinéan con la oposición se eclipsan de cualquier forma, entonces hay un problema grave del funcionamiento de dicha democracia.

El debate político contemporáneo se realiza ya no en las plazas, sino en los medios de comunicación.

Por lo mismo, no es correcto que se acuse a la prensa o a determinados periodistas desde las estradas del Palacio de Gobierno o del Congreso para descalificar su labor. Por el contrario, si la información producida es falsa, mal intencionada o carente de objetividad, la democracia en su dinamismo natural y si este es sano, mostrará con hechos y desvirtuará por sí misma lo que el periodista quizá en su desdén quiso concluir.

Cuando un gobernante se enfrenta verbalmente con la prensa, le sucede lo mismo que a los obispos que parecen no conocer el dinamismo del periodismo: cuando se ven en medio de un escándalo en sus filas, responden con piedras de autoritarismo medioeval a los periodistas. Entre más desprecios le dan a la prensa, más agravan sus escándalos y demuestran su ineptitud para manejarlos.

Sería seguir ese viejo consejo de mi abuelo, aún vivo y lleno de la sabiduría de los hombres del campo colombiano: “Mijo, en el pueblo, nunca discutas con el párroco, el abogado y el médico” y yo le agregaría… “ni con el periodista”.

Lecturas recomendadas

Anuncios

Antes de dejar una consulta, asegúrate de haber leído los artículos. Es posible que otras personas hayan hecho tu misma pregunta antes. Revisa otros comentarios. Si crees que no se encuentra tu información, deja tu comentario. Evita escribir en regionalismos. Por ningún motivo se dan consultas privadas.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s