¡Adiós Alfonsín! grita Argentina


alfonsin-por-haro

Si Argentina se estremece en los últimos adioses a un hombre que entró en su historia para quedarse, América Latina no es indiferente a su figura. Raúl Alfonsín fue el primer presidente democraticamente elegido después de la dictadura militar argentina (1976-1983), cuyo periodo de estado absolutista fuera llamado pomposamente como “proceso de reorganización nacional”. En realidad esa “reorganización nacional” tan pretendida por los militares en el poder, le correspondió a este activista de los derechos humanos que admira por su coraje en los años más difíciles de Argentina.

Su historia personal es un ejemplo auténtico para la democracia, la posición radical en la defensa de los derechos humanos y en la lucha por la paz de su país.

El pensamiento de Alfonsín tendrá que ser analizado en el marco de todo proceso democrático y de desarrollo de nuestros países latinoamericanos y de todas aquellas naciones del mundo que buscan sus propios modelos de paz y de convivencia. Especialmente un hombre ejemplar en su decisión de estar del lado de la justicia aún a riesgo de perderlo todo, incluso su propia vida.

alfonsin_1983

Es quizá ese tipo de políticos o estadístas que no buscan poner su persona en la primera plana de los diarios como si fueran ellos mismos imprecindibles en las luchas y progresos de sus pueblos. La diferencia entre los que se presentan como los salvadores y piensan en perpetuarse en el poder bajo la conclusión de que sin ellos las cosas no marchan y hombres como Alfonsín que tienen bien conciente su papel en beneficio de su país, es que los primeros se preocupan de levantar bustos y estatuas en las plazas de nuestros pueblos para que la gente los vea como los señores y le teman. En cambio, los auténticos líderes de las naciones son aquellos a los que es el pueblo mismo el que tiene la iniciativa de levantarle estatuas y bustos y hacerle homenajes.

En octubre de 2008 el pueblo argentino le dedicó una estatua en la Casa Rosada y ante ello dijo:

“De todos los honores y privilegios que la vida me ha dado, y en verdad han sido muchos, por cierto jamás hubiera imaginado acceder a éste que se me concede, el de presenciar la inauguración de un monumento de mi persona. No lo hubiera imaginado, no lo hubiera permitido. Del mismo modo, tal cual rechacé invitaciones anteriores, en la actual circunstancia, desde luego que no interpreto que se realiza un homenaje a mi persona, sino a la democracia que logramos los argentinos”.

Y de nuevo insistía el expresidente:

“Siempre creí y así lo dije en tantas oportunidades que es la misión de los dirigentes y de los líderes plantear ideas y proyectos evitando la autoreferencialidad y el personalismo; orientar y abrir caminos, generar consensos, convocar al emprendimiento colectivo, sumar inteligencias y voluntades, asumir con responsabilidad la carga de las decisiones. “Sigan a ideas, no sigan a hombres”, fue y es siempre mi mensaje a los jóvenes. Los hombres pasan, las ideas quedan y se transforman en antorchas que mantienen viva a la política democrática”.

Esa es pues la diferencia entre una dictadura y una democracia, entre un gobierno que se presenta como la única opción y codea a la democracia a la que considera infantil y se proyecta como la única solución viable bajo un nombre concreto. La diferencia con esos proyectos políticos que se concentran en acallar la oposición en nombre de principios que se convierten en sofismas de distracción. Porque la democracia es en esencia el rito del poder del pueblo y no de dos o tres generales o de un líder que se sienta en su propio ego ideológico.

Decía también Alfonsín:

“Democracia es vigencia de la libertad y los derechos pero también existencia de igualdad de oportunidades y distribución equitativa de la riqueza, los beneficios y las cargas sociales: tenemos libertad pero nos falta la igualdad. Tenemos una democracia real, tangible, pero coja e incompleta y, por lo tanto, insatisfactoria: es una democracia que no ha cumplido aún con algunos de sus principios fundamentales, que no ha construído aún un piso sólido que albergue e incluya a los desamparados y excluídos. Y no ha podido, tampoco aún, a través del tiempo y de distintos gobiernos construir puentes firmes que atraviesen la dramática fractura social provocada por la aplicación e imposición de modelos socioeconómicos insolidarios y políticas regresivas.”

Obviamente el expresidente se refería en aquel octubre de 2008, a 25 años de democracia de Argentina, a lo que era su país. Pero se trata de un mensaje que puede ser leido en muchos de nuestros rincones latinoamericanos. No basta la paz. No basta tampoco la justicia y el llevar a los culpables de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad al patíbulo de los acusados. Es preciso también la construcción de estados capaces de responder a las necesidades de todos sus ciudadanos o de crear las condiciones para que no se dé la desigualdad social, madre de todos los males.

Alfonsín murió el pasado 31 de marzo, pero sin duda su pensamiento tendrá vigencia y será objeto de estudio de todos aquellos que como él, sueñan una América Latina mejor.

Referencias

Anuncios

Antes de dejar una consulta, asegúrate de haber leído los artículos. Es posible que otras personas hayan hecho tu misma pregunta antes. Revisa otros comentarios. Si crees que no se encuentra tu información, deja tu comentario. Evita escribir en regionalismos. Por ningún motivo se dan consultas privadas.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s