Bogotá según un extranjero


Los colombianos somos regionalistas por naturaleza. Eso se debe a que vivimos en un inmenso territorio y hacemos parte de un país pluri-cultural. Pero cuando salimos de la patria, entonces se tiende a apreciar cada rincón de ella y no sólo el pedazo que nos tocó vivir. Por eso, cada vez que veo a Bogotá, siento el aprecio y el orgullo por los esfuerzos de nuestros compatriotas de construir una gran capital, una que podemos decir sin temor a equivocarnos, es de las más bellas capitales latinoamericanas y la ciudad más importante del norte de América del Sur. Esta es Bogotá, la rola, la eterna atenas criolla, la Bacatá ancestral del Zipa dorado, la Santafé española que seguirá siendo Santafé con o sin decretos, la capital de Colombia. Pero veamos a la capital a través de los ojos de un extranjero. Le regalo a la capital de mi Colombia esta traducción del sitio Teachme, un relato de la experiencia de un visitante inglés titulada “Sigthseeing Bogota (Viendo a Bogotá).

Bogotá – en realidad no sabía qué esperar – ¿sería una moderna metropolis, una gena colonial o un sucio desorden subdesarrollado? Probablemente la respuesta tiene algo de las tres cosas con todo lo mejor de la bolsa llena de su diversidad.

Lonely Planet describe la ciudad como una que tiene todas las conveniencias modernas occidentales y a la vez todos los problemas de una ciudad del tercer mundo y no lo ha podido decir mejor (obviamente, de otra manera no hubiera pagado por hacer este viaje).

Estamos en un hostel que se llama Platypus en el distrito de La Candelaria que se encuentra en el viejo barrio. El hostel está administrado por un colombiano ex-viajero llamado Billy que es el tipo más amigable y colaborador que jamás haya pensado en encontrar y que tiene además una gran experiencia en viajar lo que asegura que venga al encuentro de cada necesidad de los viajeros – conoce bien su ciudad y su país, tiene información acerca de cada sitio, marcadores para escribir en tus CDs (de fotos – detalles que hacen la diferencia), tiene teléfono Internet para llamadas baratas a casa… no se trata de un palacio y no es perfecto, pero es el tipo de sitios en donde te sientes como en casa.

Matt (mi hermano), se suponía que llegaría el 14, pero su vuelo Londres – Madrid se retardó y perdió la conexión a Bogotá, así que pasamos nuestro primer día dando vueltas y disfrutando la ciudad.

La plaza principal, Plaza Bolívar, es impresionante, rodeada por el edificio del Parlamento, la alcaldía y el palacio de justicia que es más nuevo porque el anterior fue quemado en 1984 después de que se lo tomaran las guerrillas. Me gusta mucho el grabado que tiene por encima de su portal: “Colombianos, las armas os dieron la independencia, las leyes os darán la libertad“. Detrás del palacio del parlamento se encuentra la casa del Presidente que es también muy hermosa y bien pronto me fue dicho que no tomara fotografías de esta por uno de los guardias.

Visitamos un museo lleno de obras de Botero donadas a la ciudad, así como un número de pinturas y esculturas de artistas como Picasso, Monet, Pisarro, Freud… El museo, en un hermoso y bien mantenido edificio colonial, es de libre entrada y también tiene una muestra de monedas y billetes emitidos a través de toda la historia de Colombia. También tiene en su sotano una pareja de maravillosas piezas religiosas de los días de las conquistas españolas que fueron utilizadas por los españoles para convertir a los indígenas al catolicismo. Son curces doradas con mangos en forma de sol y tiene encrustaciones de diamantes, rubíes, esmeraldas y otras piedras preciosas. Las fotografías fueron prohibidas – se trata de piezas invaluables y hacen parte del tesoro nacional de Colombia. Las hubieramos perdido sino es porque fuimos detenidos cuando íbamos a salir por un miembro de la policía de turismo que le estaba mostrando el museo a su propio padre y nos preguntó que si habíamos visto ya las “custodias” y aparentemente mucha gente sale sin darles una mirada porque no están anunciadas por ningún lado – tuvimos suerte que nos llevara y eran la joya en la corona de la exhibición (sin pretender ningún juego de palabras).

Es maravilloso tener ahora a Matt aquí – la ausencia hace que el corazón se expanda aparentemente – para poder continuar. Un grupo de nosotros fue en un tour de un día desde Bogotá a un pueblo llamado Zipaquirá en donde hay minas de sal. En una de las cuevas hay una impresionante catedral de cavada en la sal de grandes proporciones. Para llegar allí tuvimos que tomar dos buses – el primero de ellos es la versión de un Metro, el TransMilenio, un sistema de buses, inaugurado en 2000. Los buses tienen carriles dedicados sólo a ellos y las estaciones, que son tan confusas como las de una estación de Metro, se atestan de gente en las horas pico, pero es en general barato y rápido. La catedral está consagrada como iglesia e incluso se realizan allí algunas veces matrimonios que debe ser una gran experiencia. También tienen servicios religiosos para turistas y conciertos y la acústica se reporta como buena.

El diseño de la arquitectura tiene 14 pequeñas capillas laterales para las 14 estaciones de la cruz, todas muy llenas de simbolismo y, como no soy católico, probablemente no alcancé a apreciar todo el sentido de su simbolismo. Zipaquirá definitivamente vale la pena visitar, además de tener la oportunidad de salir del bullicio de la ciudad y ver un pequeño poblado y la misma catedral. De vuelta a Bogotá hoy subimos el Monserrate, que es una colina desde donde se ve la ciudad y en donde hay una iglesia. Prevenidos de no ir a pie por el temor de ser robados, aunque no se trate de una sangriento ascenso, tomamos el telesférico que da también una gran vista sobre la ciudad. O al menos es lo que parece, porque cuando empezamos a subir, los cielos se nublaron y amenazaron lluvia que llegó a la cúspide al mismo tiempo que nosotros. Fuertes gotas de lluvia que parecían caer muy lento y muy apartadas que incluso se podían evitar entre ellas – casi, pero no tanto y en un momento quedas completamente mojado. Aún tan difícil como el norte de Inglaterra, tuvimos que correr entre los aleros y le dimos una mirada al ornato de la iglesia. Como muchos de ustedes dificilmente lo creerían, de veras era como estar el norte de Inglaterra y me estaba sintiendo tan helado al tiempo que bajamos de regreso a Bogotá.

Bogotá, aunque cálida durante la luz del sol, es bastante fría en la noche y aunque es agradable para dormir sin ventilador y sin preocuparse por mosquitos, no esperaba tener que usar mis abrigos a esta altura del viaje. Por supuesto la altitud es la responsable – como responsable de dar brega de subir cualquier colinita y desear dos botellas de cerveza – o al menos es lo que Matta dice…

Pero no hay problema, mañana vamos afuera, finalmente a una inmersión de clase española. Con suerte tendremos la oportunidad de practicar nuestro español con los nativos.

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