La Morenita del Quindío, hizo de un trabajo de varones, un trabajo de mujeres


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No pasó mucho tiempo antes de que Berta Trujillo decidiera que tenía que tener una diversión con un toro. Como instructora veterana de la academia de toreo de Cali en Colombia, Trujillo camina diaramente por los establos de cría después de que termina las lecciones, mientras que en un corral vaga el más grande y furioso animal que ella jamás hubiera visto. Aunque el toro carga contra la valla y resopla el suelo en furia si alguno se atreve a asomarse sobre la puerta, ella lo apodó el “Cariñoso”.

Con demasiadas contiendas y una reciente fractura de hombro, Trujillo y Cariñoso pronto alcanzaron una relación especial a su estilo.

“A él le gusta que me le aproxime por detrás y le agarre las bolas”, dice ella riendo. “Extraño ¿cierto?”

A través de su vida, Trujillo ha tenido muchos encuentros que harían encoger un par de testiculos más pequeños. También conocida como la “Morenita del Quindío”, ella es una de las primeras matadoras – o toreras – del mundo.

Mientras otras toreras como Conchita Cintrón (que murió en febrero pasado) pudieron haber tenido más fama y haber recibido admiración de celebridades internacionales como Orson Welles, quizá ninguna ha tenido una carrera tan larga y aventurada como la de Trujillo. Mientras Cintrón y otras toreras combatieron principalmente a caballos, Trujillo siempre torió a pie. En una carrera que ha durado 40 años, ha matado 2.748 toros. Fue corneada ocho veces y recibió siete fracturas y once contusiones.

Pero las heridas físicas fueron lo menor de sus problemas. Los toreros repetidamente rehusaban estar con ella en la arena y se le prohibió torear en corridas de Ciudad de México y Madrid, las arenas de toros más prestigiosas del mundo. Su apasionado matrimonio con otro afamado torero colombiano, Marco “El colombiano” Gómez, terminó amargamente en lo que ella dice fueron rivalidades personales.

“No fue que me trataran más comodamente por ser una mujer” dice ella, “pero cuando se trataba de torear, siempre me trataron como a un igual. Si algo, siempre me daban las luchas más fieras de todas”

morenita3Cómo Bertha se convirtió en La Morenita

Trujillo nació en Armenia, una ciudad de la región cafetera de Colombia. Ella dice que tiene tres edades: la artística, la personal y la profesional. En moda colombianamente femenina, ella evidencia la artística de la cual dice que “siempre ha tenido cerca de 20 años de edad”. Como una niña huérfana, criada por una tía y un abuelo, se fascinó desde muy temprano por la cría de toros en los potreros de Armenia.

“Mis amigas siempre me invitaban, me decían que fueramos al cine y yo les decía que no, que quería ir a ver los toros”

A los 14 se casó con Marco Gómez, un torero de más edad que ella que después sería su entrenador y patrocinador.

“Cuando le dije que me empezara a enseñar, no tenía la intención en verdad de hacer por mi cuenta el toreo”, dice ella. “Sólo quería saber el porqué y el cómo de las cosas, porque era una gran parte de su vida”.

Con el respaldo de su esposo, comenzó a entrenar luchando con toros cebúes y criollos, una particular raza mestiza que repetidamente ataca al torero con patadas, mordidas e incluso con la cola. Pero pronto cambió a enfrentarse con toros de pura casta.

“La última vez que vi un toro de bajo pedigrí, era un bistec en la mesa”, dice.

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El 12 de mayo de 1968 hizo su debut oficial como matadora en México mientras su esposo era espectador. En ese tiempo, dice, porque ningún torero quería compartir la arena con ella, tuvo que terminar la corrida por sí misma, enfrentando y matando toros sola. El primer toro que mató durante su ceremonia oficial se llamaba “Presumido” y tenía 485 kilogramos, pesando cerca de diez veces lo que ella pesaba.

La Morenita del Quindioy su esposo vendieron entradas bien pronto en plazas de Lima, Perú a Houston, Texas. Trujillo se enfrentó a un toro cubierto al estilo de hombreras, porque estrictas normas sobre los derechos de los animales determinan que estos no pueden ser heridos. La cubierta no hizo un toro excelente.

“Él me corneó por el aire” dice Trujillo. “Cuando me paré del suelo, vi que los estadounidenses habían puesto este signo gigante en las gradas, como ese que se utiliza en los partidos de fútbol. En luces intermitentes el signo leía TORO – 1, MORENITA – 0. Entonces pensé para mí misma, creo que piensan que el toro se ganó a esa”.

Para bien, para mal

A fines de 1968 fue invitada a una conferencia de prensa en México en donde se reunió con los tres astronáutas estadounidenses que recientemente habían hecho su viaje a la luna. Por medio de un traductor, ellos hicieron broma de que si podía torear en la luna. “Es suficiente por tierra”, ella les respondió.

Pero mientras más aclamaciones recibía ella dentro de la arena de toros, más difíciles se ponían las cosas con su esposo. Otros toreros hacían bromas de él por su inusual esposa, burlándose que él tenía que estar en casa con un trapo mientras su esposa destripaba toros en la arena.

“Hay gente muy imprudente y eso lo desanimó mucho a él”, dice Trujillo. “A mí no me molestaba. La gente me puede llamar loca o cualquier otra clase de cosas. Pero si eres una mujer que se enfrenta a toros, tienes que dejar de prestarle atención a la gente”.

Marco Gómez empezó a preocuparse de que ella pudiera recibir una corneada seria o morir, dice ella, y también empezó a volverse muy desconfiado con las intenciones de la gente hacia su esposa. Una vez en España ella tenía que torear en un traje prestado por una torera robusta, Juanita Cruz. Su esposo rehusó a dejar que le ajustaran los calzones holgados por temor a que la multitud le fuese a admirar su prominente cadera.

El punto de separación vino más tarde en España cuando le ofrecieron conducir una serie de toreos exclusivos. Gómez le exigió a su esposa rehusar – en cambio, ella lo dejó.

“A él simplemente no le gustaba eso, no sé porqué”, dice ella. “Decía que tenía miedo que alguna cosa me pasara a mí, pero era más famosa de lo que él era en España y Portugal en ese tiempo y eso él lo sabía y yo lo sabía. Pienso que eran celos personales y profesionales. Las cosas simplemente terminaron mal entre nosotros”

Aún la legión de admiradores que Gómez y Trujillo ganaron como un poderoso duo de toreros, ella dice que ambos fueron siempre leales el uno al otro. “Entonces otra vez, usted nunca sabe con hombres”, dice ella. “Ellos siempre tienen su manera astuta de hacer las cosas”.

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Cali

Trujillo continuó toriando hasta que se retiró en 1990 y ayudó a organizar la prestigiosa academia de toreo de Cali algunos años antes de ello. Como instructora en la academia, ella mira y critica los videos grabados mientras los jóvenes pupilos batallan toros cebú tal como ella hizo muchos años atrás. La última vez que vio a su ex-marido fue durante la ceremonia de retiro de él en Medellín en 1989, cuando ella hizo una inesperada aparición.

“Él no me hablaría, entonces llegué de sorpresa”, dice ella. “Su hermana me introdujo furtivamente. Cuando él me vio sentada en las gradas, usted debería ver su cara. Justo en medio del toreo, vino hacia mí y me dió un beso enfrente de toda la plaza. Había gente que lloraba entre el público”.

No volvieron a hablar después de eso. Trujillo desde entonces encontró otro compañero sentimental, aunque ella no quiere que su ex-marido lo sepa. Ella se contenta ahora con sus estudiantes y con su amistoso “Cariñoso”, el toro violento que vive en los establos de crianza de Cali. Ella se emociona cuando él comienza a asomar sus cuernos afilados sobre la cerca, esperando a que ella salga de clase cada día.

Pero los administradores de la plaza de toros de Cali se fueron preocupando cada vez más de que ella saliera herida gravemente en su intento de torear, criar o incluso montar el toro. Decidieron transladar a Cariñoso a una finca en las afueras de la ciudad. Trujillo acompañó al animal en su viaje.

“Íbamos en un camión y yo no hacía sino llorar y llorar y no podía parar”, dice. “El conductor del camión no hacía sino mirarme. A lo último me dijo ´señora, no creo que usted haya llorado por su esposo el mondo que usted está llorando por ese toro”.

Por Elyssa Pachico, Colombia Passport • Traducción de Albeiro Rodas.

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