El significado de nuestra hispanidad


Sunday1NovinCebu (5)Talisay, Filipinas. En la búsqueda de nuestra identidad nacional colombiana, nos encontramos siempre con el escollo del significado de España en nuestra historia. Para unos España es la esclavista, explotadora y conquistadora que destruyó nuestros pueblos ancestrales americanos. Para otros fue un golpe de suerte que nos trajo la civilización occidental. Si bien ambos extremos tienen sus elementos razonables, tenemos que admitir algo en nuestro ser cultural: la hispanidad.

Foto Torre de la Basílica del Divino Niño en la ciudad de Cebú, Filipinas, el sitio a donde la expedición de Fernando de Magallanes llegó en 1521. Foto Albeiro Rodas.

Ella no puede ni debe ser negada. Es un error pretenderlo. Quien intente construir la identidad colombiana sobre el principio de que España cometió un abrupto histórico en nuestro suelo y que por lo tanto debemos destruir el legado cultural e histórico español, niega nuestra propia identidad.

Con ello no quiero decir que somos o que debemos pretender ser españoles. No lo somos tampoco, aunque tengamos mucho que ver con ellos. Por el otro lado, no digo tampoco que debemos desconocer nuestro origen ancestral americano muisca, caribe, tairona, quechua, guaraní y de todos los pueblos ancestrales que sobreviven en nuestro país junto a los diversos grupos afrocolombianos.

Si nos reconocemos, cada uno en su provincia, como caribes, taironas, muiscas o afrocolombianos, entonces es lícito reconocernos ibéricos con todo el derecho cultural. Nosotros no somos todos esos pueblos que había antes de 1492. Nosotros, los colombianos del siglo XXI, tenemos algo de todos y por ello hemos construido un pueblo nuevo.

Los españoles ancestrales, los que llegaron a las costas de nuestro continente en el siglo XVI eran todos mestizos. Los españoles de entonces, como los de antes, no pueden hablar de cosas como la pureza de la raza. De pureza de razas – un ridículo antropológico – sólo pueden hablar pueblos marginales que no se mezclaron con otros pueblos por su posición geográfica, por ejemplo, japoneses, noruegos o congoleños. Pero España está en un cruce de caminos entre Europa y África. Fue siempre objeto de eternos migrantes desde siglos inmemorables. Allí llegaron los fenicios y los griegos, los romanos y los árabes, los germánicos y los normandos, y sigue siéndolo hoy, mientras escribo estas líneas, meta de africanos, árabes, latinoamericanos, alemanes, chinos, vietnamitas…

Pero los españoles que llegaron a América en el siglo XVI lo hicieron con una sola identidad cultural, impuesta primero a ellos mismos bajo la hegemonía de los reinos de Castilla y Aragón, y unificados bajo el dialecto castellano y la religión católica, y después impuesto a los otros, es decir, los pueblos americanos sometidos a su corona. Quien juzgue la historia y condene a España como inquisidora y totalitaria con sus colonias, tiene que recordar que también aplicó sus leyes en la propia península Ibérica, raíz de los actuales conflictos internos con vascos, catalanes y otros tantos que se oponen a la España castellana.

Es cierto y mucho que los españoles tienen sus orígenes en todos esos pueblos que llegaron a su suelo desde tiempos inmemorables. Si lo niegan así, pueden hacerlo, pero la historia está escrita.

Si nosotros queremos construir nuestra identidad bajo el supuesto de negar nuestra hispanidad, también podemos hacerlo, pero perderemos nuestra meta cultural. Hay que trabajar por nuestra colombianidad y en ello es preciso que reconozcamos nuestra pluriculturalidad. Eso significa que somos un pueblo constituido de numerosas culturas y que cada una de ella tiene una estrecha relación con la otra. Que el afrocolombiano no puede pensarse como un pueblo aislado en medio del complejo conglomerado cultural del país. Pero que al mismo tiempo, a la base de nuestra identidad común, están no solo los pueblos ancestrales americanos, sino también la hispanidad.

Consecuencias del olvido o desprecio de la hispanidad

Tengo que aclarar que entiendo como ´hispanidad´ una base cultural que tiene su origen geográfico en los reinos de Castilla y Aragón entre los siglos XV y XIX y que no significa propiamente el ser español como lo conocemos hoy. Entre un colombiano y un español existen semejanzas sólo sobre la base de este elemento de ´hispanidad´, pero no son lo mismo, como tampoco es lo mismo culturalmente un colombiano, un mexicano y un argentino.

Este elemento cultural de hispanidad es en realidad un tesoro y un instrumento en la construcción de nuestro país y a él tenemos necesariamente que referirnos tarde que temprano. Negarlo, es negarnos. Cada país hispánico lo vive a su modo, lo asume o lo combate a su propio modo, lo que incluye a la propia España en donde ciertas de sus provincias lo oponen radicalmente (háblese por ejemplo de los vascos).

El modo cómo construimos nuestros pueblos, la manera como asumimos nuestras creencias religiosas, nuestros mitos y leyendas, nuestra mentalidad cultural, nuestros anhelos, la idea que tenemos de lo que debe ser la familia, las relaciones sociales, la política, la economía, todo eso, ha sido construido desde hace cinco siglos sobre la base de la hispanidad. Ahora bien, esa base entrado siempre en diálogo con los elementos culturales de nuestros pueblos ancestrales americanos y africanos. El intercambio cultural hispánico, americano y africano se dio y se da desde la perspectiva hispánica, porque era y es la dominante de nuestro pueblo.

Nuestros afrocolombianos no son africanos. Nuestros indígenas ya no son totalmente los pueblos que eran antes de la llegada de los españoles a América. Nuestros criollos no son ya los españoles. Nuestra cultura colombiana es totalmente mestiza y todos tenemos de todo. Ojo que no hablo de la sangre (un elemento que da pie al racismo ignorante y chocante), sino de la identidad cultural.

Si seguimos a estos movimientos que hablan de un regreso a nuestras raíces ancestrales americanas mientras negamos y despreciamos la hispanidad ¿a qué tendríamos que llegar? Tendríamos que desmantelar toda la estructura actual de nuestros pueblos. Primero, tendrían que cambiar las estructuras administrativas y políticas y retornar al status quo que regía antes de 1492.

Nuestras ciudades modernas tendrían que ser reemplazas por las chozas indígenas (malokas), tendríamos que adorar al sol y a la luna, las tribus volverían a las guerras por la hegemonía de sus diversas razas, tendríamos que instaurar de nuevo los sacrificios humanos, la esclavitud, negar los avances de la técnica para retomar los instrumentos primitivos de piedra y madera, el trueque, el olvido del castellano para imponernos los antiguos idiomas de nuestros ancestros.

Sin la hispanidad, retrocederíamos en la historia bajo el pretexto de que los españoles destruyeron nuestras culturas. ¿Lo hicieron realmente de manera total?

Incluso si esta fue una imposición, significó para nosotros la inclusión en el mundo occidental. ¿Acaso los Incas no impusieron su cultura sobre los pueblos vecinos? ¿Los muiscas no hubieran terminado por conformar un imperio en el resto del territorio si no hubiesen llegado los españoles? ¿Los aztecas no impusieron a sangre su cultura por media Mesoamérica? ¿Acaso los griegos no hicieron lo mismo en Medio Oriente, norte de África y sur de Europa, seguidos después de los romanos? ¿Los chinos no construyeron su influencia sobre la cabeza de otros pueblos en Asia, mientras los árabes musulmanes hacían su parte?

¿Por qué pues la hispanidad como imposición cultural es vista con tanto odio por ciertos grupos? La hispanidad somos nosotros. Ella es el elemento metabólico de nuestra identidad cultural colombiana. Sobre ella nos entendemos todos, criollos, afros, indígenas y mestizos. Ella es la que nos hermana de manera definitiva. Sin ella somos unos extraños los unos para los otros.

Los colombianos de hoy no podemos decir que nos vamos a construir sobre la base africana. Reconocemos sí que el elemento africano ha tenido una importante contribución en nuestro ser cultural y es necesario estudiarlo y hacerlo consciente, valóralo y comprenderlo. Tampoco podemos decir que tenemos que volver todos a ser indígenas. Es cierto que eso se encuentra en nuestras raíces y que hay que conocerlo bien y rescatar los valores ancestrales, proteger las culturales naturales que son un tesoro invaluable en nuestro territorio, guardianes de los bosques y que nos recuerdan de dónde venimos todos los colombianos. Pero en Colombia existen muchas tribus, todas con un dialecto distinto y que incluso en el pasado se enfrentaron por la hegemonía del territorio. Tampoco podemos partir de ese elemento como el unificador de nuestra identidad.

Nos queda pues este de la hispanidad. La hispanidad americanizada y más allá de esto, colombianizada. La hispanidad abierta al diálogo cultural con lo afro, lo indígena y lo europeo. La hispanidad ordenadora de nuestra historia y nuestro devenir.

Filipinas, un ejemplo de pérdida de la hispanidad y sus consecuencias

Escribo este ensayo desde la isla de Cebú en Filipinas, que fue el primer lugar a donde llegaron los españoles que partieron desde México en el siglo XVII y conquistaron estas tierras asiáticas para la Corona. El idioma castellano se habló aquí por 300 años, pero también quedó mucho de la identidad hispánica y el catolicismo.

Pero ningún país del mundo ha sufrido una debacle cultural como Filipinas. Si los países americanos se quejan de que España destruyó las culturas ancestrales, Filipinas también sufrió lo mismo por parte de España y después, en aras de su propia independencia, sobre la cual se construiría una nación muy similar a cualquiera de Hispanoamérica, fue vendida de manera vergonzosa a los Estados Unidos por 50 años de una segunda destrucción cultural.

En cierta manera se da la sensación en Filipinas de una cierta satisfacción de haber estado bajo el yugo de la potencia mundial contemporánea. Incluso en aras de la segunda independencia, algunos propusieron hacer de Filipinas otro estado de Washington.

Los estadounidenses se propusieron desmontar la hispanidad y casi lo lograron: hicieron que los filipinos olvidaran el castellano y desarticularon la arquitectura española para imponer su propia arquitectura norteamericana un poco menos artística que la ibérica. No lograron en cambio destruir la religión católica para imponer su protestantismo calculador.

Pero dejaron un país sin identidad cultural definida. Un inmenso limbo cultural que no se sabe a ciencia cierta qué es y hacia dónde va. No creo que exista otro país como Filipinas, tan lacerado por la historia. Una larga dictadura acabó por empeorar su situación, mientras un sistema político actual sumido en la corrupción no le permite avanzar. Uno de los principales expulsores de población en Asia: los filipinos viajan por todo el planeta en búsqueda de mejores oportunidades y envían cientos de dólares a sus empobrecidas familias. Por eso tiene un rígido sistema tributario que se siente cuando se llega a su pequeño aeropuerto internacional. Buscan con afán productos de importación para cobrar impuestos. Es decir, buscan sacarle dinero a los filipinos que trabajan en el exterior que, por cierto, son de un ejemplar modelo de trabajo. Por ejemplo, son famosas las enfermeras filipinas en países como Inglaterra.

En cualquier calle de sus ciudades se ven sus hombres con esos pantalones cortos, como niños, como una ridícula imitación del boy norteamericano con una gorra o quepis a lo New York.

Sólo he visto dos países en el mundo en donde la obesidad es parte de la cotidianidad pública: Malta y Filipinas. Se debe a una dieta exagerada en grasas y a un permanente comer: hay restaurantes doquier siempre atestados de filipinos comiendo grasas y parece que trabajan solo para comer.

Las ciudades son feas, llenas de casuchas de madera sin gracia, sin arte, de aspecto sucio, en desorden, en calles sin andenes y esos microbuses o tuk-tuk de los mil colores, todos con imágenes de santos, de la Virgen y del Divino Niño que me hacen recordar los feos buses de Malta, conservados por el gobierno que porque un día a unos alemanes les parecieron muy bonitos. Pero si los buses de Malta son viejos e ineficientes, estos en cambio se me hacen chatarra que la hispanidad nunca permitiría que rodaran por las calles de una ciudad occidental. Ya en Colombia nuestras coloridas chivas o buses de escalera se extinguieron por Gracia de Dios de nuestras metrópolis para prestar servicio en las áreas rurales, en donde dan un hermoso contraste a nuestros paisajes. Pero no me imagino yo a Medellín, Bogotá, Cali o Barranquilla invadidos por chivas. Ya bastante tenemos con los feos buses que siguen rodando ajenos a los sistemas de transporte moderno como el Metro, el Transmilenio y los que vienen.

Por el contrario, los edificios españoles se encuentran abandonados y sucios. Las ricas arquitectura ancestral ibérica, mucho más digna y maravillosa que cualquier geometría cubular norteamericana, se ve abandonada y en peligro de ser demolida por el primer gobernante filipino anti-hispánico deseoso de borrar a España de sus islas. Qué grima ver lo que llaman Intramuros que no es otra cosa que los antiguos poblados españoles, llenos de basura, escombros y desdén, rodeados de harapientos de mal aspecto que previenen cualquier ingreso de exploración. Parece pues el retorno de Nehemías a la Jerusalén abandonada y en escombros con la diferencia de que a nadie le importa la vieja ciudad, el centro de la hispanidad que salvaría a Filipinas de su atraso si fuese entendida desde la perspectiva que propongo.

La plaza y el parque, corazón del pueblo hispánico, completamente eliminado de Filipinas. Si notamos con atención, el parque y la plaza son la piedra angular de la construcción de la ciudad española y latina. Alrededor de la plaza se encuentra la autoridad civil y religiosa – el ayuntamiento y la Iglesia. A la plaza convergen todas las calles y todos pasan por ella al punto que es el sitio de encuentro y noticias. Esta plaza sigue siendo en América Latina muy importante y es necesario defenderla, porque es el centro de nuestra identidad urbana. Los filipinos la olvidaron y en ello entiendo el caos urbano que reina en la actualidad. Manila, por ejemplo, es una ciudad sin centro. Afanada en parecerse a Nueva York sin alcanzar a serlo en nada, salvo por edificios altos que parecen puestos en cualquier parte. Falta el orden catalizador de la hispanidad.

Lo hispánico se ve en Filipinas por todas partes, como retazos de una vieja colcha: palabras que quedan en sus dialectos, nombres de calles, apellidos, nombres propios pero que se norte americanizan produciendo el ridículo: Godofredo termina siendo Gody, por dar un ejemplo.

A esto llegaríamos en Colombia si olvidamos o atacamos nuestra hispanidad. Nuestro progreso debe ir de la mano de esta. Somos un pueblo hispánico, lo que no quiere decir que somos españoles o pretendamos serlo. Tenemos que rescatar los valores más nobles de nuestros indígenas e identidad indígena y de la africanidad que nos convoca, pero nuestro elemento catalizador es nuestra hispanidad. Todo aquello que hacemos, lo hacemos como un pueblo culturalmente hispánico. Si Filipinas quiere reconstruirse culturalmente, tiene que volver a su hispanidad y aún está a tiempo. Reconstruir el tiempo perdido.

Nuestra hispanidad debe ser culturalmente inclusiva

Si es cierto que ella nació de un proceso de imposición cultural – y ya hemos visto que ello no es novedoso en la historia de la humanidad – ella significó una unificación de procesos sociales centrados especialmente en el idioma, la religión, la administración y la urbanidad. Antes de la llegada de los españoles, el territorio de lo que hoy es Colombia estaba constituido por una constelación de tribus, cada una con su propio idioma y costumbres y en no pocos casos enfrentadas en guerras por el dominio y la hegemonía sobre territorios, gentes y mercados. Ciertamente ello no es propio a nuestro suelo, sino que se presenta en todo la historia del mundo. La conquista, así nos parezca un acto violento y que pisoteó a nuestros ancestros indígenas, también significó la unificación definitiva de todas esas tribus. Es ahí en donde la hispanidad adquiere el rol catalizador de nuestras culturas y es por ello que no puede ser despreciada por ningún motivo.

Un afrocolombiano puede defender y promover los derechos a sus manifestaciones culturales y todos los colombianos estamos en la obligación de garantizar dicho derecho. Pero los afrocolombianos son colombianos en virtud de la hispanidad y no de la africanidad. La hispanidad les pertenece como derecho y como deber. Si los afrocolombianos decidieran negar la hispanidad como principio de su cultura, entonces crearían un verdadero gueto que los haría irreconocibles dentro de nuestra sociedad nacional. Los afrocolombianos no son africanos, aunque África es un aportador principal de su ser colombiano. Los afrocolombianos son hispánicos y en ello entran en relación fraternal con los demás grupos sociales y culturales de Colombia que, por cierto, también han sido permeados en mayor o menor grado por el elemento cultural africano.

De la misma forma, los pueblos indígenas, un tesoro cultural en el panorama nacional, no pueden rechazar la hispanidad en aras de una nostalgia de la tierra perdida. Cierto que tienen el deber – y todos nosotros con ellos – de defender la tierra que poseen en sus resguardos de las ambiciones de los modernos conquistadores. Pero no pueden olvidar que son colombianos y que como tales, su tierra y madre es la totalidad del territorio nacional, desde el archipiélago de San Andrés a las selvas del Amazonas. Cierto que tienen que defender sus lenguas autóctonas y todos debemos trabajar en ellos, garantizando por ejemplo una educación bilingüe, pero todos nuestros indígenas colombianos tienen el derecho al uso y conocimiento de nuestro idioma español colombiano. Es con este idioma que ellos se encuentran con nosotros en nuestras plazas políticas, sociales y culturales. Es con dicho idioma que nos harán comprender lo profundo de su identidad cultural ancestral.

La hispanidad pues es el sitio en donde encontramos nuestra pluralidad cultural para reconocerla y valorarla.

En búsqueda de nuestra hispanidad colombiana

Nosotros, los colombianos, somos hermanos de España y no sus hijos como podría pensarse cuando históricamente nos referimos al país europeo como Madre Patria. Ese principio tiene que ser revaluado. Nuestra Madre Patria es Colombia, la cual se reconoce en el contexto hispánico el cual se origina en los reinos de Castilla y Aragón de los siglos XVI al XIX. Nuestros ancestros españoles son aquellos de esos siglos y nuestra cultura hispánica es la que llego en esos siglos y no la cultura hispánica de la España contemporánea.

La España de hoy tiene su propia versión cultural de su hispanidad. Dicha hispanidad española es hermana de la hispanidad colombiana, venezolana, chilena, mexicana… pero no es nuestra Madre cultural. La hispanidad que nos llegó murió hace siglos con nuestros padres y madres españoles de dichos siglos. Nosotros, por ejemplo, no somos hijos de la España de Franco, de la España de don Juan Carlos de Borbón, de la España de Aznar y Zapatero. Nuestra España era la de los reyes católicos doña Isabel de Castilla y don Felipe de Aragón, la de Felipe II, la España dominada por Napoleón, la de los cronistas de Indias, la de santa Teresa de Ávila y san Ignacio de Loyola, la de san Pedro Claver y la de Mutis y su revolución botánica. Es la España que miraba con desdén a los criollos, la que produjo el Memorial de Agravios de Camilo Torres y la que negaba el conocimiento de los Derechos del Hombre que el revolucionario Antonio Nariño publicó a hurtadillas. La España de la Inquisición de Cartagena de Indias, la de Torquemada y la de los oidores de Indias que se sentaban a decidir sobre el destino de nuestras cabezas en Santa Fe. La España esclavista que se alió con Portugal, Francia, Holanda e Inglaterra para encadenar a África y enviarla a nuestro suelo a dejar su sangre en aras del oro y la que construyó murallas inmensas a la vera de nuestros mares para atacar a Portugal, Francia, Holanda e Inglaterra en defensa de su oro que era el nuestro. Esa España, hermanos míos colombianos, ya no existe. Esa es la que hemos llamado por siglos Madre Patria. Esa es la España que está a los inicios de nuestra joven cultura y la que nos hermana con los demás países hispánicos.

En ella, en esa España de nuestra colonia neogranadina, nuestro es el Cid Campeador y la mística de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, nuestro es Don Quijote de la Mancha y la Batalla de Lepanto, nuestro es el dialecto castellano y la religión católica, nuestros son los cronistas de Indias y las batallas contra la Francia napoleónica, nuestra es la literatura romántica y la arquitectura ibérica.

Pero no son nuestras la guerra Hispano-Americana ni la traición a Filipinas. No tenemos nada que ver con Franco ni con la caída del Imperio Español causado por quienes despreciaron a los criollos y tomaron decisiones políticas erráticas. No tenemos nada que ver con la España expulsora de población que causó una nueva oleada migratoria a nuestros países ya no como conquistadores o colonizadores, sino como trabajadores. Nada con la España que decidió entrarse a la Comunidad Europea a costos altísimos, ni nada con la España de Aznar que envió tropas a Irak.

Los que hemos visitado a la España de hoy no encontramos ya a esa de la que hemos oído hablar desde niños en nuestros hogares y escuelas. Hubo un manizalita que le dijo a un amigo mío que había llegado a España a buscar sus raíces. Mi amigo, un medellinense burletón, le respondió “pero no quedó sino el hueco”.

La España de hoy es nuestra hermana en virtud de la hispanidad, como lo son todos y cada uno de los países hispanoamericanos y como lo es Filipinas. Pero cada hispanidad contemporánea es diferente y debe serlo. Esta opera bajo el mismo principio de latinidad con el cual se hermanan países como Italia, Francia y España.

Si entendemos de esta manera nuestra hispanidad como el catalizador principal de nuestra colombianidad, entonces seremos un pueblo auténtico, guiado sobre la conciencia de lo que somos y hacia dónde queremos ir.

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3 thoughts on “El significado de nuestra hispanidad

  1. Muy bueno el artículo, por que reinvidicas la Hispanidad en las raices del pueblo colombiano. Que se niega para negar la Magnífica hazaña de lo que fue la Conquista y Evangelizacion de America, en la incorporacion de estas tierras a los Reinos de Castilla.
    Yo soy argentino, descendiente de padre Vietnamita y de madre Argentina, y estoy orgulloso de ser heredero de la cultura Hispanica.
    En lo que discrepo es que España, continua siendo nuestra Madre Patria. Por que dio origen en lo que son nuestras Patrias. Asi como uno no reniega de su madre, por mas que esta cambie y no quiera a su hijo. Sigue siendo nuestra madre! Y como hijos debemos honrarla por el hecho ser nuestra madre.

    Viva España, Una, Grande y Católica.!!

  2. Hola!

    Muy bueno el articulo!
    Actualmente estoy haciendo una búsqueda en internet sobre similitudes y diferencias entre colombianos y españoles a nivel cultural, social, familiar, a nivel de comportamiento de consumo de productos españoles en Colombia y de productos colombianos en España. Por supuesto busco datos actuales.

    Si tienes informaciones me serian de gran ayuda.

    Mil gracias

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