Ups! Laura


Aunque ya han pasado meses de la confrontación entre la popular presentadora de Televisa, Laura Bozzo y la distinguida periodistas mexicana Carmen Aristegui, nunca es tarde hacer una reflexión sobre dicho evento que no sólo interesa a la opinión pública mexicana (y peruana por debida lógica), sino a todo aquel interesado en el tema de la ética periodística, de los medios y de la política. Como es de esperarse, el tema queda en el olvido general por la sencilla razón de que la Bozzo es un personaje mediático al centro del interés de la subida de los niveles de audiencia. Aunque sus respuestas incendiarias a las denuncias de Aristegui pudieran molestar a sus ricos patrones en la compañía de televisión, por debajo contamos con los beneficios económicos que ello trae. En la época de los show realities, la discusión entre un personaje como la Bozzo y una periodista de la talla y reputación de Aristegui, puede indignar a los más éticos, pero es en realidad una oportunidad de más show para los fanáticos de la vanidad.

Poner en contraste las declaraciones de ambas mujeres nos enseña mucho. La señora Aristegui se presenta firme en sus denuncias, ética en sus posiciones y calmada en sus apreciaciones como corresponde a quien defiende las trincheras de la transparencia. Insiste en mantenerse en el punto del debate como fue la malversación de fondos públicos en beneficio del espectáculo – Televisa utilizó vehículos del Estado mexicano para facilitar un montaje mediático en medio de damnificados de una tragedia natural en el Estado de Guerrero. Se niega a seguir el juego como era el de aceptar un encuentro con la Bozzo, bajo sus términos, lo que hubiera significado una distracción más de la realidad del país y le señala a Televisa en principio – y no es nada en contra de la Bozzo – sobre sus principios éticos.

Por el contrario, Laura Bozzo utiliza los espacios de la televisión para responder a la periodista y en ello se entiende un desafío personal y subjetivo, lejano de responder a las inquietudes que no sólo Aristegui se hace, sino muchos otros periodistas y la opinión pública en general. La pregunta era por el acto en sí, su legalidad, su contenido humanista, más allá de si fuese la presentadora o no. Si la programadora fuese honeste, en principio hubiese pedido a la Bozzo silencio y hubiese pasado a responder por el meollo del asunto, sin buscar distractores de atención, como se da.

En abril un diario mexicano, Publimetro, clasificó el programa de la peruana en México como uno de los diez peores de la historia en ese país. Quizá sea cierto, pero también es cierto que seguirá con un alto índice de audiencia no sólo en México sino en muchas partes, porque le interesa a los grupos de poder para seguir los lineamientos antiguos de pan y circo para el pueblo y porque lamentablemente este tipo de programas tiene mayor popularidad allí en donde no hay educación y en donde no la hay porque a ciertos grupos les interesa tener al pueblo ignorante, con líderes de opinión de la categoría de Laura que faciliten los procesos de manipulación. No se trata de que Laura Pozzo haya tenido relaciones de todo tipo con el régimen de Alberto Fujimore. No. Ese no es el problema. El problema es que tenga relaciones con el pueblo raso, con el pueblo pobre, bajo los esquemas del poder de cualquier régimen. Laura es la diva de los regímenes y no es Laura Pozzo, es todo lo que ella representa y su multiplicación en muchas otras propuestas similares, programas reality, fanatismo deportivo, telenovelas rosa, payasadas de todo tipo que son la risa macabra del mal ante la tragedia del oprimido…

Muchas personas en México se reunieron en vano para exigir la expulsión de Laura Pozzo de México y, así mismo, muchas en Perú para manifestar que no la querían allí. Esa no es la solución. De tener el poder de expulsar lo mediocre, no tendría sólo que ser Laura. Tendrían que ser muchos más personajes, especialmente aquellos enmascarados de plata que manejan los hilos de marionetas como Laura. Si faltase ella, crearían otra, quizá más patética, para utilizar una de sus frases favoritas (así llamó a Verónica Castro, quien en una declaración en Perú criticó su estilo). Entre más la insulten, entre más la rechacen, más sube el nivel de audiencia y es eso lo que realmente interesa. Más poder tiene ella, el poder de comportarse como una dictadora y el de medir a la humanidad, a la política, a cualquier cosa, desde su nivel de sintonía:

(…) Creo que si él piensa lo que piensa de mí, la verdad lo entiendo… haber, que si no habla de mí, en dónde sale, en qué periódico para poder salir y trascender tiene que sacarme, no le queda otra (…) ahora quiere ganarme a mí para tener trascendencia porque él como persona no existe. Así como en el Box hay categoría, me entiendes, yo creo que en la vida también hay categorías y uno tiene que boxear con la gente que está dentro de su categoría (…) Entonces un programa como el de Jaime que tiene 0.8 de raiting en Miami (…) la verdad yo le deseo lo mejor (…) yo estoy en la cadena hispana más grande del mundo que es Televisa (…)

Fue esto lo que le respondió a Jaime Bayly… No hay comentarios para semejantes ideas… Quizá el mismo canal tenga algo qué decir. Pero miren una entrevista que le hizo Beyly en Perú hace años y en el cual el pensador peruano intentó convertirla a la razón 🙂

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