Ups! El Santo Procurador


Procurador de Colombia Alejandro Ordonez Manizales 14 de marzo de 2014

El procurador de Colombia, Alejandro Ordoñez Maldonado, sonríe ante los ataques verbales que un grupo de estudiantes de la Universidad de Manizales le hacían y no le permitieron hablar en marzo de 2014. Foto impresión de video en Youtube por Steven Vasco.

El coco de los funcionarios públicos colombianos se llama Alejandro Ordoñez Maldonado. Aunque como él mismo insinúa, el que nada debe nada teme. En un país con tan altos niveles de corrupción administrativa como Colombia, es inédita la figura de un personaje como el procurador Ordoñez. Nunca se había visto semejante epopeya de un defensor de la cosa pública y un castigador de quienes gobiernan sin tener en cuenta la ley y el deber. Pero… ¿es un quijote o un duque? Veamos algo… 

Es cierto que tenemos un país sin instituciones transparentes. Toda nuestra historia republicana no ha sido más que una cadena de desatinos y desilusiones, tragedias y mal sabores generación tras generación.

Cuando un pueblo pierde su verdadero centro y se desboca hacia el abismo, surgen en la loca carrera numerosos líderes y tendencias que buscarán en el afán un punto de convergencia, de salvación o de recuperación del camino. Serán siempre muchas tendencias, de muchas pelambres y formas, pero todas tendrán el mismo propósito: la salvación de una nación.

La España del siglo XIX fue tan turbulenta como la del siglo XX. En ambos siglos prosperaron tendencias encontradas que pretendían recuperar la vieja gloria de la España imperial. El carlismo fue una de esas tendencias que veían en el liberalismo y las revoluciones la hecatombe, la destrucción de la civilidad.

En medio del caos social es posible distinguir entre la amalgama de tendencias la añoranza del antiguo régimen, por más anticuado que pueda ser éste y un iluminismo visionario que arrastra la historia hacia adelante y no hacia atrás. Lógicamente en medio se pondrán las tendencias del estanque, aquellas que lucharán por la preservación del status quo del caos mismo.

Colombia no es ajena a esta lectura histórica, especialmente si sabemos que ha sido una república liderada por élites que descienden de los conquistadores españoles de los siglos XV y XVI. La mayoría de ellos – sino todos – eran vasallos y siervos sin tierra en la España que se consolidaba como reino bajo el liderazgo de Castilla y Aragón. Construyeron dichos conquistadores una replica criolla de nobles y caballeros. La presencia de un Simón Bolívar con ideas libertarias e independientes, más bien liberales y visionarias, contribuiría sin duda a la independencia de las colonias, pero no de muchas cadenas de la antigua esclavitud.

El procurador Ordoñez es sin duda un carlista, así como un lefrevista que prefiere la misa tridentina a la del Concilio Vaticano II. Esto hace que piense a Colombia como un virreinato de la Nueva Granada y como un gran convento del siglo XVI. En el caos social y político que vivimos, la tentación de líderes así consiste en la añoranza por el antiguo orden que se resume en el absolutismo de la monarquía, en un Estado teocrático y en últimas, en la negación de la democracia, la concepción de un país pluricultural, multi-étnico, republicano, independiente y auténtico. Por más que se presente como un cruzado en contra de la corrupción administrativa, el procurador no sería del gusto de un hombre como Bolívar o como Antonio Nariño. Su papel no es el de ser mesías en nombre de sus creencias religiosas, sino el de hacer bien su trabajo. Falta a su trabajo, se hace indigno de él, si falta a la neutralidad y convierte la procuraduría en un aparato político e ideológico.

No es con gritos e insultos que se debe confrontar este tipo de líderes como hicieron algunos estudiantes de la Universidad de Manizales en marzo de 2014. Choca ese tipo de actitudes por parte de personas que supuestamente estudian en un alma mater. Se descalifican a sí mismos, porque dicen defender la democracia y la libre expresión censurando la de aquellos que no se la piensan lo mismo. Sujetos como esos sólo le dan más brillo a personajes como el procurador que pretenden presentarse como mártires de la verdad y que se ubican en el terreno del fundamentalismo religioso, área en la cual es difícil abrir una discusión auténticamente intelectual porque se asumen posiciones radicales que se profundizan en conceptos metafísicos. Es con ideas claras y democráticas como la del fiscal general Montealegre. Debemos pensar en una sociedad transparente, justa, equitativa, moderna, civilizada, revolucionaria en el sentido de tender hacia el futuro y no hacia el pasado. No un país de cortes y nobles, lacayos y monarcas desterrados.

Colombia no necesita líderes de sangre azul, ni monjes orantes en latín, ni mesías, ni monarquismos del antiguo régimen. Colombia es un país de regiones, de pueblos, de diferentes tradiciones, religiones, un país con talento y capacidades para ser líder en el plano internacional y por ende, necesita de líderes para este nuevo siglo. No resucitemos fantasmas del siglo XV, que ya tuvieron su oportunidad y dejaron poco.

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