Hacia el libre desarrollo de la animalidad de Ordoñez


El 10 de diciembre de 2008 la Senadora del Polo Democrático, Gloria Inés Ramírez, describió las razones por las cuales daba su voto negativo contra la elección de Alejandro Ordóñez como Procurador General de la Nación.  La exposición es clara y simple, distribuida en seis puntos: una elección en medio de un ambiente clientelista, abierto sectarismo religioso que hace una ruptura en la separación Estado e Iglesia (la senadora la llama confesiones religiosas), la falta de neutralidad en la defensa de los derechos humanos en el país, su identidad ideológica y política con el gobierno que le crea dudas sobre su imparcialidad, su carencia de objetividad y por último, la senadora Ramírez concluye que es lamentable que prime el pragmatismo político “sin considerar que por encima de ello deben estar los principios éticos y morales, máxime cuando resulta altamente preocupante que los distintos poderes del Estado y los organismos de control estén siendo copados por los sectores más radicales de la derecha” (Ramírez, 2008, No. 5).

La historia le daría la razón a la senadora Ramírez. Pero es que en Colombia, como en casi todos los países del mundo, prima el pragmatismo político sobre la razón y sobre los principios éticos, además del olvido como lo denuncian algunos pensadores.

Quien quiera conocer el programa político del actual procurador general de la nación, tiene que leer su libro “Hacia el libre desarrollo de la animalidad”. Así mismo, quien quiera ilustrarse sobre la separación entre Estado e Iglesia y las luchas de la Iglesia en contra del modernismo, dicho libro es una buena forma de volver en el tiempo.

En la objeción de conciencia de la Senadora Ramírez se plantea un claro respeto por la libertad intelectual: “Soy respetuosa de las concepciones ideológicas y políticas que no coinciden con las mías” (Ramírez, 2008, No. 5). Lo que le preocupa es el bien común y las consecuencias que pueda tener una sociedad que camina hacia la democracia y la civilidad moderna. En síntesis, el procurador Ordóñez tiene todo el derecho a pensar lo que piensa, pero lo que piensa lo hace inconveniente para el desarrollo de la nación.

El libro

Leer el libro reporta al pontificado de José Melchor Sarto (canonizado como San Pío X, papa entre 1903 y 1914) y hostil al modernismo. Ya se había consolidado de la Unificación de Italia que había arrebatado a la Iglesia Católica los Estados Pontificios, el título real al Papa y se habían abierto las puertas al laicismo cuyo proceso tomaría todo el siglo XX lejos de la hegemonía de la Iglesia. Es comprensible que dicha situación no representaba una gran esperanza para la jerarquía monárquica de la Iglesia de entonces, nostálgica por la pérdida del llamado poder terrenal y constricta al Estado más diminuto de la tierra: el Vaticano. Bajo la perspectiva de hoy, dicha situación resulta completamente positiva: la Iglesia deja de ser un ente terrenal, con compromisos diplomáticos, un Estado poseedor de una monarquía absoluta en la mejor forma feudal, para convertirse en un ente espiritual. Le fue dado su lugar, el que le correspondía.

Fue con Pío X que el término modernismo adquiere un sentido peyorativo al cual llama “el conjunto de todas las herejías”:

Y ahora, abarcando con una sola mirada la totalidad del sistema, ninguno se maravillará si lo definimos afirmando que es un conjunto de todas las herejías. Pues, en verdad, si alguien se hubiera propuesto reunir en uno el jugo y como la esencia de cuantos errores existieron contra la fe, nunca podría obtenerlo más perfectamente de lo que han hecho los modernistas. Pero han ido tan lejos que no sólo han destruido la religión católica, sino, como ya hemos indicado, absolutamente toda religión. Por ello les aplauden tanto los racionalistas; y entre éstos, los más sinceros y los más libres reconocen que han logrado, entre los modernistas, sus mejores y más eficaces auxiliares (Pío X, 2007)

Si se compara el libro de Ordóñez con la encíclica de Pío X, se encontrarían numerosos paralelos. Recordemos además que el pontífice lideró todo un proceso de “limpieza” y auténtica persecución dentro de la Iglesia de todo aquello que fuere considerado modernista y el modernismo que tanto molestaba al Papa es un desarrollo del pensamiento de su predecesor, León XIII, quien buscaba el matrimonio entre la razón y la revelación como lo expresa Santo Tomás de Aquino en respuesta al secularismo. Precisamente Ordoñez cita a Aquino en esta cláusula:

Así como la razón domina e impera en el hombre sobre las otras potencias, así también es necesario que las inclinaciones naturales pertenecientes a otras potencias caigan bajo el orden de la razón. Y esto es comúnmente recto para todos los hombres, o sea que todas las inclinaciones del hombre se dirijan por la razón (Aquino, Summa Teologica).

Y la nostalgia del Estado teocrático se expresa en estas líneas:

(…) Cuando el Decálogo servía como fundamento del orden social y político otro era el rostro de la civilización. Precisamente al haberlo echado por la borda ha surgido una errónea antropología que ignora la dignidad de toda persona, creada a imagen y semejanza de Dios y elevada al orden sobrenatural, reemplazandola por un relativismo moral que ha pretendido moldear la sociedad, imponiendo tiránicamente so pretexto del pluralismo, un permisivismo rampante que eve en cualquier norma objetiva de comportamiento, insoportables injerencias de la Iglesia en aspectos de exclusiva competencia estatal (Ordoñez, 2003, p. 28).

Esta corriente anti-modernista avivada bajo el pontificado de Pío X, dio luz a movimientos como el integrismo de Marcel Lefebvre, quien rechazó el Concilio Vaticano II. Es de recordar que el procurador Ordóñez pertenece a dicho movimiento.

Pero ¿es posible acusar al Estado colombiano de modernista? Esto daría para mucho tema, porque el concepto de modernismo tiene muchos bemoles. Lo cierto, es que no podemos partir de la noción de un regreso a la teocracia. Eso ni siquiera lo plantea el Magisterio de la Iglesia de esa manera. Por otro lado es de recordar que la Iglesia magisterial se presenta arrogante en los países en donde es mayoría y tolerante y democrática allí donde es minoría, muy similar a lo que hacen los musulmanes. Es decir, en un país en donde la Iglesia es minoría y relegada, la creación de un Estado secular que defienda la libertad religiosas, es una añoranza. Pero en un país en donde ésta es mayoría, una Constitución secular es una abominación. Justamente una nación secular, que defendía los derechos intelectuales, permitió que Giordano Bruno pudiera escribir y publicar sus obras bajo el reinado de Isabel I de Inglaterra. Al regresar a la muy católica Roma, fue víctima de la infame inquisición que condenó a la hoguera a un gran pensador.

El mismo San Pablo dice en 1 Corintios 10, 29b: “¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por la conciencia ajena?”

Contra el Estado secular

Ordóñez esgrime conceptos para atacar la secularización del Estado colombiano y en especial la institución de la Corte Constitucional a la cual acusa de una tendencia kantiana y hobbiana: “se encuentra una filosofía  que reduce el derecho al desarrollo máximo de la libertad – entendida ésta como ausencia de coacción – sin referencia alguna a lo justo y al bien común” (Ordóñez, 2008, p. 30). La acusación del autor es que se concibe un Estado en el cual la libertad individual está por encima de dicho bien común:

Dentro de esta filosofía la ley y el derecho se convierten en un mero instrumento que garantiza la libertad humana sin que sea necesaria su ordenación al bien común; la libertad se convertiría en el único derecho innato e inviolable sobre el cual reposarían los demás derechos, y el hombre sería un pequeño dios cargado de derechos ilimitados e ilimitables (Ordóñez, 2008, p. 32).

Todo acto de la Corte es visto entonces como un acto libertario y de libertinaje y en consecuencia se lamenta el autor de que la misma haya sido creada durante la Constituyente de 1991 y se le haya dado tanto poder interpretativo, de haber no sido tan sólo una sala más del Ministerio Público.

Si bien le dedica buenos párrafos al aborto, en realidad la gran pasión del autor es el tema de los homosexuales y en especial su reclamo del matrimonio gay. Refleja pues el procurador una política rígida de la Iglesia y muy especialmente de aquella bajo los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, los cuales ordenaron una oposición contundente y por todos los medios en los países en donde dicho tema entrase en discusión, mientras que se asumía una política errática frente al problema de abuso a menores de edad por numerosos miembros del clero. Habría que preguntarse las razones por las cuales el Magisterio de la Iglesia concentra tantos esfuerzos en combatir a los homosexuales – porque en sí se trata de un combate – y no hace lo mismo en otras situaciones del mundo como la condena a ciertos grupos de poder nocivos para la paz y la justicia.

El problema en la condena al homosexualismo radica en defender la idea de la naturaleza humana:

Por eso cuando en el anterior salvamento de voto se equiparan las parejas homosexuales a la familia formada por un hombre y una mujer o se afirma que el homosexualismo es una opción tan lícita como la heterosexual podemos concluir sin temor a equivocarnos que quienes ello sostienen niegan, o por lo menos desconocen, que el hombre al ser una naturaleza debe someterse a ella (Ordóñez, 2008, p. 35)

En ciencia o pensamiento no se habla con desde la presunción de una verdad supuesta. Sí debe haber temor a equivocarse, porque en el caso del homosexualismo no se puede decir que todo está dicho. El homosexualismo en sí ni siquiera es una opción de la persona misma. Ser un criminal, terrorista, narcotraficante e incluso ser un depravado sexual, sí es una opción consciente porque quien lo hace sabe que hace un mal social. Un niño o adolescente, un adulto que tiene tendencias homosexuales, no entiende lo que le sucede, nunca pidió eso y no lo escogió, por lo tanto es natural.

Y las siguientes líneas son más lapidarias:

Lo que cualquier ordenamiento jurídico civilizado – desafortunadamente cada vez quedan menos, hoy las democracias no lo permiten – debe censurar son los actos homosexuales realizados libre y voluntariamente que atenten contra los derechos del otro y contra el bien común al igual que cualquier otra conducta; las solas inclinaciones que no afecten los bienes jurídicos mencionados no podrán ser objeto de censura ni jurídica ni moral. Como más adelante se señalará, en los actos éticamente indignos no se podría fundar derecho alguno” (Ordóñez, 2008, p. 21)

Es decir, los actos homosexuales son para Ordóñez un atentado a los derechos de los otros. ¿Cuáles actos y cómo atentan contra los derechos de los otros? ¿y quiénes son estos otros? Para terminar de ajustar los llama actos éticamente indignos y les niega todo derecho. En conclusión, los homosexuales no tienen derechos. Es decir, una flagrante violación de los derechos humanos, una abierta discriminación y un alejamiento de todo sentido de la caridad para un grupo de colombianos, lo que contradice la función del jefe del ministerio público. La hostilidad que causan las personas de los homosexuales sólo puede ser leída en el origen de concepciones religiosas sin duda, porque la ciencia misma no llega a conclusiones sobre una posible abominación de los mismos. Y la homofobia tiene la misma dinámica que el racismo el cual nace de la ignorancia y la intolerancia más ciega. La experiencia del periodista John Howard Griffin, quien se hizo pasar por un hombre negro para poder sentir la discriminación de que éstos eran objeto en el sur de Estados Unidos da muchas claves sobre el tema del homosexualismo. Muchos que discriminan desconocen la realidad de los grupos que discriminan. Incluso muchos de aquellos que los defienden, como señala el mismo Griffin:

Estaba en el ghetto. Estuve allí antes, desde la actitud alta de quien mira abajo y siente compasión. Ahora pertenecía allí y la visión era distinta (Griffin, 1959, p. 17)

Una de las principales sensaciones de Griffin, un hombre blanco que se hace pasar por negro, es de sentirse ignorado. En la mente del racista, el otro no existe y cuando existe es para destruirlo, lo que incluye la destrucción intelectual, como la que hace Ordóñez en su libro al argüir que el homosexualismo es antinatural.

Colombia civil

Como mencioné en mi primer artículo sobre el procurador Ordóñez, Colombia no necesita líderes de sangre azul, ni monjes orantes en latín, ni mesías, ni monarquismos del antiguo régimen. Nuestro país es un país de países. Sobre este principio, caen propuestas como la del libro que piensa una nación católica, apostólica, romana y lefebvriana.

Es cierto que tenemos un país con una gran crisis en sus instituciones, corrupción, deshonestidad, violencia, carencia de principios y falta de muchos valores especialmente en muchos de sus líderes. La izquierda ha sido avasallada por la violencia de las guerrillas que se han convertido en algo menos que delincuentes dedicados al secuestro, la extorsión y el terrorismo, convirtiendo su guerra en un negocio y al pueblo razo en carne de cañón. Dicha situación le abre las puertas al otro extremo: una derecha extrema que se presenta a sí misma como el mesías de la situación, que gana puntos sobre el populismo y la presentación de líderes con auras de santos y salvadores que ven a la nación como una finca y al pueblo como peones que hay que disciplinar. Las religiones fueron siempre un instrumento de control y la pérdida de dicho instrumento en la Constitución de 1991 con el borrador de una sociedad moderna, plural, democrática, debe representar para muchos la nostalgia de los “mejores tiempos” al mismo estilo de los papas que vieron como se desmoronaba el poder temporal de la Iglesia. No es gratuito que la Iglesia católica colombiana sea una de las más conservadores del continente, la madre de personajes como el Cardenal Alfonso López Trujillo y otros que prefieren un Estado teocéntrico, que reza unido, aunque en los campos colombianos ronde la muerte, aunque el pobre sea cada vez más pobre y el rico más rico. ¿Para qué no rezan?

Referencias

  • Alejandro Ordóñez (2003). Hacia el libre desarrollo de la animalidad. Universidad Santo Tomás, Bogotá, marzo de 2003. Enlace rescatado el 1 de junio de 2014 de http://www.scribd.com/doc/173847454/Alejandro-Ordo-n-ez-Hacie-el-libre-desarrollo-de-la-animalidad
  • Gloria Inés Ramírez Ríos (2008). Objeción de conciencia en la elección del procurador general de la nación. Blog, 10 de diciembre de 2008. Enlace rescatado el 1 de junio de 2014 de  http://gloriainesramirez1.blogspot.com/2008/12/en-la-eleccin-del-procurador-general-de.html
  • John Howard Griffin (1960). Black Like Me.  San Antonio, Texas, 1960. ISBN: 0-930324-72-2. Link retrieved on June 1, 2014 from http://books.google.com.kh/books?id=8i8YL-clHwkC&printsec=frontcover&dq=Black+Like+Me,+online+book&hl=en&sa=X&ei=mwaIU7eGDcTHkwWX7YCwBA&ved=0CDwQ6AEwAA#v=onepage&q&f=true
  • Pío X (1907). Carta Encíclica “Pascendi Dominici Gregis” sobre las doctrinas de los modernistas. Roma, 8 de septiembre de 1907. Enlace rescatado el 1 de junio de 2014 de http://radiocristiandad.wordpress.com/2007/08/04/carta-encinclica-pascendi-del-sumo-pontifice-pio-x-sobre-las-doctrinas-de-los-modernistas/
  • Santo Tomás de Aquino. Summa Teologica. Tratado de la Ley. I, II, q. 94, od. Citado por Ordoñez en “Hacia el libre desarrollo de la animalidad”.
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