Países tropicales pobres, países fríos ricos


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Un molino de viento en Holanda (2014). Foto A. Rodas

Nueva York. Visitar este verano algunos países de Europa y Norteamérica me hizo pensar en las razones por las cuales paises tropicales como los africanos, sudamericanos o sudeste asiáticos se localizan con frecuencia entre los más pobres del planeta, con la excepción de Singapur y Hong Kong, mientras los países más ricos del mundo se encuentran siempre en latitudes gélidas y, entre más cerca a los polos, más ricas sus sociedades.

Un país como Canadá, con un vasto territorio bajo el hielo y el mismo número de población que Colombia – lo que le hace prácticamente un territorio vacío de humanos – supera al país cafetero en miles de veces su desarrollo económico.

En general esto crea, a mi modo de ver, una tendencia a asociar el factor climático con el desarrollo y, por supuesto, a pensar que el clima frío es sinónimo de civilidad, progreso, ciencia, tecnología, vanguardia y todo lo demás.

Más aún, quien así lo asume sin una revisión crítica, puede aplicar dicho esquema simplista a la realidad colombiana: el poco desarrollo que hay en el país, el leve toque occidental que le dé una cara de país desarrollado, se presenta en las ciudades frías, aquellas encaramadas en las sábanas o valles andinos como Bogotá, la “Atenas suramericana”; o como Medellín, declarada hace poco por una firma de inversiones como “el mejor vividero de América del Sur” tan sólo superada por Chile, según un curioso estudio o incluso Bucaramanga. El país más pobre está en el litoral Pacífico, tierra caliente y por demás habitada por el gen africano. Y ni qué pensar del medio territorio colombiano inmerso en la cuenca amazónica en donde viven calentanas tribus naturales que le darían vergüenzas a los civilizadísimos andinos.

Pero si ello es cierto, si el clima crea ciertas condiciones para que una sociedad avance en su desarrollo y entre más frío haya, mejor es la economía ¿qué pasa con Bolivia, uno de los países más pobres del mundo y encaramado casi todo él entre las más frías zonas andinas?

Todo mito tiene su explicación

El caso colombiano es en realidad un buen modelo para explicar el mito del frío rico y el calentano pobre.

Bogotá y Medellín son, con todos sus problemas sociales, las ciudades más ricas de Colombia. Pero ésto no se debe a su altitud la una sobre la Sábana de Bogotá y la otra sobre el Valle de Aburrá. La explicación tiene más bien una raíz histórica. No sólo la Sábana fue el eje político de la confederación de tribus más grande de América del Sur, los muisca, sino que por ello fue transformada por los conquistadores europeos en capital del Virreinato de la Nueva Granada.

La preferencia de los colonos europeos por las tierras frías es natural: éstas les unían con la lejana Madre Patria en cuyo suelo existían las cuatro estaciones. Para quien viene de Europa, una zona tropical termina siendo como un eterno verano que lo achicharra.

Así como el europeo de los siglos XV a XIX en Colombia prefirieron escalar la montaña y dominar en las mesetas, así mismo prefirieron las latitudes más meridionales del continente (el Cono Sur) o más septentrionales (Norteamérica), en donde el clima era más similar a Europa.

Por historia sabemos que la independencia colombiana representó más bien una ruptura del yugo entre los criollos – que no eran otra cosa que españoles nacidos en territorio americano – y el poder europeo. Las divisiones de la sociedad colonial fueron heredades hasta la actualidad por la nueva República colombiana.

Colonialismo

Si los blancos europeos en un país como Colombia se establecieron en las zonas frías y ello explica la razón del “desarrollo” bogotano o medellinense en detrimento de regiones como el Chocó, la Costa Atlántica o el Amazonas colombiano, de la misma forma es posible hacer un paralelo con la situación internacional.

Si bien países en áreas tropicales se ubican entre los más pobres del mundo en la actualidad, ésto no siempre fue así. Por el contrario, cerca del trópico o en el trópico mismo, surgieron civilizaciones cuyo renombre y aportes dura hasta la actualidad. Es más, mientras dichas civilizaciones estaban en todo su esplendor, las regiones frías de la tierra vivían aún en las cavernas. Basta ver la manera en la que los romanos llamaban a los ancestros de los actuales pueblos nórdicos: bárbaros.

Una de esas civilizaciones milenarias tropicales fue el antiguo Egipto cuyo poder político duró por milenios. Así mismo, los sumerios son los primeros en crear la escritura y al mencionarlos nos referimos a áreas que no son propiamente frías. Contemos con el surgimiento de los árabes que conquistaron medio mundo, mientras en el Sudeste Asiático tenemos el glorioso Imperio Jemer que dominó la región por más de 1.500 años, más las glorias del actual subcontinente de la India.

En América no hay excepción: los aztecas y los incas, por señalar los más representativos, fueron civilizaciones gloriosas ubicadas en lo que hoy son países pobres, mientras que las estepas norteamericanas y el Cono Sur fueron habitadas por pueblos casi anónimos.

El pasado nos enseña entonces que el desarrollo, la economía, el avance, no tiene que ver con el clima. Se trata de un problema de circunstancias históricas. Una de ellas es sin duda el colonialismo europeo y norteamericano entre los siglos XV y XX.

Los países industrializados del presente no lo son porque estén en regiones frías, sino porque movieron todos sus recursos para colonizar las zonas tropicales, naturalmente más ricas en producción de alimentos. El acaparamiento de recursos tropicales lleva cinco siglos y ello, en consecuencia, reduce la capacidad de desarrollo de una región. Políticas de dominio, opresión, intimidación, esclavitud, explotación, la creación de una burguesía minoritaria que domine la escena y garantice la transferencia de recursos de la región explotada a la metrópoli, crean el cuadro perfecto para una pobreza generacional.

La idea de que los países ricos son fríos y los pobres son calientes es tan sólo un sofisma de distracción y una sugerencia cínica.

Algunas ventajas de la ventaja fría

Sin embargo, entre todos los elementos que tendríamos que analizar del tema, hay uno que requiere atención. ¿Cuál fue la ventaja de los países fríos para que llegaran al punto de colonizar al “sur tropical”?

Es evidente que nos encontramos con mil circunstancias – lejanas al concepto racista o a la supremacía blanca. Una de ellas debe buscarse en la decadencia del Imperio Romano, dividido por disputas internas y la decadencia de su esplendor, que abrió las puertas a los bárbaros de tierra fría, la “invasión glacial” la podríamos llamar.

Estas invasiones al territorio romano no fueron sólo de pillaje, destrucción o caos como lo quieren presentar mucho. Se trata de un fenómeno de romanización del bárbaro, quien precisamente veía al romano – sureño, calentano – como el ideal de la civilización. Sí, justamente, era el mediterráneo el civilizado y el nórdico el bárbaro y dicho bárbaro soñaba con esas ciudades romanas, con su acueducto perfecto, con sus baños calientes, con ser ciudadanos de la vieja Roma. Cuando cae su podería militar, entran para robar todo eso y llevarlo a sus antárticas ciudades. Basta leer la historia de Carlomagno y de todos los consecuentes emperadores carolingios, los fundadores del Sacro Imperio Germánico Romano, los nuevos césares y las nueva Roma bárbara, a orillas del Rín. Con ellos, cambió el eje geográfico del poder, del sur caliente al norte frío, hasta el sol de hoy.

El frío tiene sus ventajas para la organización:

Crea disciplina porque, a diferencia del calor, es más difícil defenderse del frío. La raza humana proviene de África. El homo sapiens es una especie tropical que en tierras gélidas como Europa o Siberia tuvo que adaptarse por siglos de manera difícil y mortal. Las glaciaciones pusieron a prueba esta especie que pudo sobrevivir las heladas de siglos. Para sobrevivir el frío se requiere mucha disciplina: guardar la fogata para que no se apague, preservar los alimentos que escasean en tiempo frío, desarrollar mejores instrumentos de caza o agricultura, construir viviendas de piedra, fuertes y resistentes por ejemplo a las nevadas. Esto se contrapone a la vida tropical, más laxa y despreocupada por cuenta de la naturaleza misma.

Crea un fuerte sentido comunitario. Todos tenemos que estar juntos, sobrevivir juntos, porque el frío no perdona al solitario o al aventurero. Una característica de los países fríos es su gran gasto social, su preocupación porque todos estén protegidos por el Estado.

Crea una mejor organización debido a estas dos razones anteriores. Las instituciones son pensadas para todos.

No es que los estadounidenses sean más inteligentes o superiores a los mexicanos o por eso Estados Unidos es rico y México pobre – aunque cada vez lo es menos. Se trata del tipo de instituciones que ambos países manejan. Jared Diamond en su libro What Makes Countries Rich or Poor? (2012), pone el ejemplo de la ciudad mexicana de Nogales en el Estado de Sonora. En realidad se trata de una sola ciudad entre dos países: el norte pertenece al Estado de Arizona en donde el nivel de vida es superior, mayores ingresos, menos crímenes y corrupción, mientras que lo opuesto ocurre en el sur mexicano de la ciudad. Ambos lados, divididos por una muralla, comparten el mismo medio ambiente y el tipo humano es más o menos similar. La razón por estos dos tipos de desarrollo no radica en si en Arizona es más frío que en Sonora, sino en el tipo de instituciones que ambas partes siguen.

En el siglo XVIII, en pleno apogeo del esclavismo africano, Anthony Ulrich, duque de Brunswick, protegió a Anton Wilhelm Amo (1903 – 1759), un hombre de Ghana, el cual fue educado en la Universidad de Halle en Alemania y llegó a ser un reconocido profesor de filosofía. Amo nos demuestra que no se trata de la raza o de la región o de una especie de superioridad de un pueblo para con otro. Se trata en muchas ocasiones, de la oportunidad, negadas muchas veces por ciertas potencias que no quieren ver el desarrollo de los pueblos.

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