No a la GUERRA! Sí a la PAZ!


Choca ver cómo cualquier evento cruento provocado por las Farc genera todo un boom de reacciones en contra de los diálogos de paz en la Habana. Se comprende que ciertas figuras de la oposición quieran demeritar al gobierno de Santos y hagan toda una campaña que se centra justamente en su bandera que es el proceso de paz. Ciertamente dicha acción de la oposición, la de campear en contra del proceso de paz, es tan sólo un movimiento político. Eso quiere decir que el único interés de un movimiento político es derrotar a otro e imponer sus propias políticas. Pero un proceso de paz no es cuestión de un movimiento político, sino que debe ser el interés único de toda una nación.

Ningunas negociaciones de paz en otras latitudes del planeta se dieron entre ángeles. Cuando hablamos de un conflicto armado, hablamos de grupos que han llegado a la idea que la única solución a una divergencia es un enfrentamiento armado con el único propósito de destruir o subyugar al contrincante. Quien va a la guerra va a matar y alrededor de dicho propósito vienen otros males como la tortura, la sistemática persecución de grupos humanos que se piensan relacionados con el enemigo, la violencia contra grupos vulnerables como mujeres, niños, menores de edad. La única violencia justificable, entonces, es cuando uno de los bandos se niega definitivamente a dialogar y entiende que su fin es la destrucción absoluta del otro. Sólo en ese momento, el otro tiene todo el derecho a la legítima defensa, la cual deberá presentarse en relación con el nivel de fuerza presentado en su contra. Por ejemplo, durante la segunda guerra mundial, Hitler y los japoneses se negaron a llegar a un acuerdo que te detuviera la guerra y su propósito no era otro que dominar al resto del mundo para lo cual había que destruir a los que podrían impedir semejante meta. La unión de las naciones era necesaria para detener ese propósito sangriento y macabro.

Ahora que estamos en un diálogo de paz con la Farc, nuestro interés nacional deberá ser el de apoyar dichos diálogos por encima de partidos, ideologías, religiones, clases e intereses. Campañas en contra de los diálogos son anacrónicos, fuera de lugar y de tiempo. En aquellos momentos en los cuales las Farc no habían aceptado un diálogo de paz, era lógico aplicar el principio de la fuerza y la defensa para un grupo que no quería analizar otra salida al conflicto que no fuera la guerra misma. Con todo lo que se quiera exaltar a la Seguridad Democrática, ésta no venció a las Farc y, para terminar de ajustar, creó nuevos conflictos como una corrupción administrativa sin precedentes, una promoción a una sociedad paramilitar, un ambiente de extrema derecha peligroso que nos podría haber lanzado hacia una sociedad pinochetista y una manipulación de las instituciones todas en favor de una visión de la realidad.

Pero cuando las Farc están sentadas en diálogo con el Estado colombiano, pedir la suspensión de los mismos y lanzar alaridos de guerra, es anacrónico ahora mismo. Insultar al presidente Santos por mantenerse firme en su decisión de continuar los diálogos y presionarlo para que no ceda en el diálogo, es condenar a la Patria a una guerra extendida fratricida. No hacemos bien, no contribuimos en nada, cuando nos unimos a los gritos de guerra bajo conceptos especulativos, decir cosas como que Santos vende al país o que es un guerrillero o que las Farc llegarán al poder o que se instaurará la impunidad, todo eso es necesario cuestionarlo, sí, criticarlo si, pero no por ello querer campear por la clausura de una de las pocas oportunidades históricas que tenemos para detener la guerra.

El presidente Santos viene de una familia de clase alta. No puede decirse que sea el mejor presidente que haya tenido Colombia. Cada quien es libre de criticar sus políticas o sus maneras de ser. Pero el hecho que sea un miembro de la clase alta la que lidere un proceso con el radicalismo más fiero de la izquierda colombiana, es ya un punto que tenemos que considerar. Se trata del diálogo entre los dos enemigos más empecinados de la historia del país. No estamos apoyando a Santos o a las Farc si apoyamos el proceso de paz. Estamos apoyando a la paz misma, a esa necesidad que tenemos todos de tener una nación que pueda conocer por fin la paz y con ello el progreso.

Es triste ver muchos jóvenes en las redes sociales que hacen campaña por la guerra. Muchos comparten mensajes, fotos y videos sin ni siquiera un análisis auténticamente crítico. Ni siquiera muchos que posan de intelectuales o algunos que incluso aparecen como periodistas, se toman la tarea de discernir los acontecimientos y en cambio hacen alardes de indignación.

Muy bien este artículo de Semana:  ¿Por qué el ataque de las Farc? en donde el autor hace un análisis serio del incidente que generó tanta indignación e incluso le bajó puntos a la popularidad del presidente. Es que tenemos una actitud muy infantil, manipulable, llena de prejuicios, una mentalidad perezosa, pronta a la especulación, carente de juicio, de mirar las cosas en contextos históricos, carentes de visión… somos capaz de paralizar una nación entera por un partido de fútbol o por un reinado de belleza, pero no hacemos nada por apoyar un proceso que nos podría dar la libertad que soñamos.

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One thought on “No a la GUERRA! Sí a la PAZ!

  1. SI A LA PAZ, CON JUSTICIA, SIN ENTREGAR EL PAIS, SIN UN PRESIDENTE OMNIPOTENTE. CUENTE CON TODOS LOS COLOMBIANOS

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