Raponeros colombianos de exportación


No hay peor astilla que la del mismo palo. Si deseas viajar a algún país hispanoamericano o si planeas ir a estudiar o trabajar, debes tener en cuenta que  para muchos en dichos países, ser colombiano es un crimen. La actitud no es de todo el mundo, por supuesto y las razones tienen su lógica. No se trata sólo de la mala fama que los medios internacionales le han dado a Colombia como un país violento. La razón se explica en algo más concreto: la presencia de ladrones y prostitutas colombianos en esos países que desde niños nos enseñan a llamar “naciones hermanas”. Ya saben lo que pienso de esa idea de “países hermanos”. América Latina es la única región del mundo cuyos países se llaman a sí mismos “hermanos” y mi teoría es que es un término colonial, así como se le dice a España “Madre Patria”.

Pero actitudes como el odio, el racismo o el desprecio hacia otro pueblo siempre vienen asociados con la ignorancia, la cual no es una característica de quien es muy pobre o natural. Por el contrario, muchos que han estudiado mucho se muestran más ignorantes de lo que ellos mismos se imaginan. 

Los países que más se manifiestan en contra de la presencia de colombianos son, por supuesto, aquellos en los cuales aumenta la emigración colombiana. Los conflictos nacionales nos convirtieron en un país de emigrantes y de eso no hay duda. Por lo general, los emigrantes buscan primero aquellos países que guardan un cierto parecido con el propio, pero que a la vez brinden oportunidades para una vida mejor. Este hecho hace que, en el mundo de la emigración, se den países de paso y países de destino. Todos los países centroamericanos son de paso, un puente hacia el norte promisorio. México es, en cambio, un país de paso y de destino. Hacia el sur, Argentina, Chile, Brasil y Uruguay, percibidos como países de un nivel de vida superior, son países de destino, pero Ecuador, Perú y Bolivia son de paso. La situación geográfica de Colombia, que tanto nos recalcan como ventajosa, pero que no nos ha servido aún de mucho porque seguimos siendo pobres, lo hace un país de paso.

Si vemos la emigración de colombianos dentro del Hemisferio Occidental, todos esos países, de paso y de destino, tienen que ver con grupos de colombianos que emigran.

A su vez, no todos los emigrantes son los mismos. Esto es aún más complejo, porque en un país como Colombia, que es multicultural y tiene una brecha social tan grande, los grupos migratorios pueden ser tan diversos como el país. Los primeros y quizá los más importantes los constituyen los emigrantes de la clase obrera y campesina, la gente humilde, mucha que huye de la violencia (los desplazamientos) o de la pobreza: ir a trabajar a un país con mejores condiciones económicas para mandar remesas para las familias que quedan en la tierra patria. Este primer grupo migratorio tiene como primer destino los países más cercanos a los cuales pueden ingresar por tierra. Lo conforman además muchos grupos étnicos colombianos.

Otro grupo migratorio está conformado por jóvenes que desean ir a estudiar a un país extranjero y ganar una mejor vida. Argentina, con sus crisis económicas; Chile con su racismo y México con una violencia similar a la colombiana, son quizá los preferidos por muchos jóvenes que sueñan que allí pueden obtener un puente para una mejor vida. Los sueños e ideales juveniles son el motor que los impulsa a traspasar las fronteras. Especialmente esos tres países son percibidos en Colombia como desarrollados y a ello ayuda mucho la literatura, la música y los medios de comunicación. Un joven colombiano se imagina a Buenos Aires, Santiago y Ciudad de México como centros de desarrollo, oportunidad y progreso y, lo mejor, allí se habla español.

Por último, migran también la clase media y alta pero en menor número y por razones más dispersas, entre ella la violencia misma o las crisis económicas. Estos grupos son los que caen en paracaídas a los países en donde llegan porque tienen un capital que los protege. Al mismo tiempo, prefieren ir a países industrializados como Estados Unidos, Canadá o la Comunidad Europea y se van a otros países latinoamericanos, van en función de invertir.

Y entre esas tres corrientes migratorias, complejas y diversas, van también los que dañan la función: los raponeros, las mulas, las prostitutas, los estafadores… todo ese bagazo de la sociedad colombiana que se aprovecha de la apertura de las fronteras y que le da la peor imagen al país en donde quieran que estén.

Es necesario que las autoridades colombianas mejoren sus sistemas para evitar que tengamos una delincuencia de exportación. Así mismo los consulados deberían tener mejores bases de datos.

Pero el problema más serio es que muchas personas con un cerebro reducido en dichos países, asocian a todos los colombianos con esa recua y se olvidan que también ellos tienen sus criminales de exportación. No más ver lo que son los lanzas en Chile nos da una idea de lo que hablamos. Miren este video “Detienen a chileno que delictuaba en la capital de Francia” – eso de delictuaba se ve que es un chilenismo – y este me gusta mucho: toda una investigación periodista chilena sobre los célebres lanzas chilenos en el Metro de Buenos Aires, Argentina, che… En la Mira “Pungas de exportación”, delincuentes chilenos que atacan en Argentina – Pungas es como le dicen a los Lanzas en Argentina, es decir, los raponeros, ratas, atracadores en Colombia. Así que en Chile, como en Colombia, tienen ratas de exportación y no les da vergüenza acusar a todo colombiano de bien de ladrón o prostituta.

Lo mejor de Buenos Aires es que la ciudadanía colabora para identificar a cada punga y ponerlo en evidencia en las redes, además hay brigadas que dedican su tiempo libre para prevenir a los usuarios de uno de los Metros más inseguros del mundo sobre los actos delictivos de las ratas, entre las cuales se destacan las chilenas. Ojalá hagan algo similar en Colombia, redes sociales o wikis para subir toda la información posible de hampones en las principales ciudades del país. Aquí, me le quito el sombrero al Metro de Medellín, que le lleva años luz de desarrollo en seguridad al de Santiago y Buenos Aires, pero especialmente ese de Buenos Aires en donde la policía es parte de las redes de ladrones que operan dentro del sistema.

Pero si vas a Buenos Aires y utilizas el Metro, seguramente podrás ver a algún compatriota tuyo que no está precisamente en Argentina estudiando, trabajando honradamente o conociendo la ciudad. Se trata de los raponeros colombianos, tan lanzas como los chilenos. Blogs como el de Taringa! recopila identidades.

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