La ilógica de la lógica del idioma


Llamo así a esa tendencia de ponerle lógica a la gramática y al vocabulario del nuestro idioma. Esto significa que, de pronto, cualquier hijo de vecino comienza a corregir el idioma de todos a partir de ciertas ideas que considera lógicas, según su propia fantasía filosófica. El caso más ilustrativo es el de “buenos días, buenas tardes y buenas noches“. Estos gramáticos espontáneos razonan que debe ser “buen día” porque se saluda en ese día. Si bien en países como Argentina y Chile se utiliza dicho saludo en singular, la utilización más tradicional y gramatical es, sin duda, en plural. Es el único idioma del mundo que lo hace y viene de una antigua práctica que pluraliza los saludos, especialmente a las personas que nos son cercanas.

De esta manera al decir “buenos días” estamos extendiendo un deseo superior vital, no sólo para este día, sino para siempre. “Que tengas unos buenos días, que seas feliz“. Lo mismo se aplica cuando decimos “besos y abrazos“. Si estos gramáticos espontáneos, que seguramente no se han leído al Quijote, quieren hacer campaña para reducir el saludo típico español al singular, entonces tendrían que hacer singular también muchos otros saludos:

  • Con mis mejores deseos.
  • Estas son las horas de llamar…
  • Felicidades.
  • Mil besos y abrazos.
  • Muchas gracias.
  • Recuerdos a…
  • Tener ganas de…
  • Cambiar de aires…
  • Me dan unas ganas de…

Esta idea de ponerle lógica a la gramática y al vocabulario de nuestro idioma viene por lo general de personas muy ignorantes, con un bajo nivel de estudio, pero con muchas ganas de enseñarle a todo el mundo cómo son las cosas. Una especia de Don Ramón enseñándole al Chavo del Ocho como decir palabras que ni él saben qué significa.

Pero también tiene que ver con posiciones ideológicas, políticas e incluso religiosas. Un buen ejemplo es el del llamado sexismo lingüístico. Este es un tema muy delicado, porque se trata de integrar el papel de la mujer a la realidad lingüística, pero que, como dice Ana María Portal Nieto, “esa opinión puede basarse en unos criterios ajustados a la realidad social pero aún no fijados en su expresión lingüística” (1999, pag. 555).

Personalmente me considero un integrador de la diversidad humana en mi discurso escrito y oral. Desde hace muchas décadas no digo, por ejemplo, “el hombre” o “los hombres” en referencia a la humanidad, sino que prefiero decir “cuando el ser humano llegó a la Luna” y cosas por el estilo.

Con el avance de los tiempos y las conquistas plausibles de la mujer dentro de las sociedades occidentales, se han creado muchos neologismos que han desafiado la norma gramatical, especialmente en cuanto las mujeres han llegado a posiciones laborales que antes eran ejercidas únicamente por varones: alcalde, alcaldesa, presidente, presidenta, jefe, jefa… Esas palabras fuerzan la norma, porque la terminación E no es una terminación masculina, sino neutral, pero como en el pasado el presidente sólo era ejercido por un varón, entonces se tiene la idea en el común de que es una palabra masculina. Si “presidenta” sería la femeinización de la palabra,  entonces eso significa que la versión masculina sería “presidento”, “alcaldo”, “jefo” y, para más risa, la palabra “periodista” sería una referencia a una mujer y por lo tanto habría que llamar “periodisto” a un varón que ejerza dicho oficio.

Lo cierto es que está “lógica del sentido común” proveniente de movimientos que reivindican la inclusión femenina en el idioma, se han impuesto sin mayor discusión con la academia.

Pero en los últimos años vemos en los países suramericanos una nueva oleada de “lógicas gramaticales sexistas” que rompen la norma y hacen parecer todo más ridículo: “las niñas y los niños, las jóvenes y los jóvenes…” y, como dijo el presidente Maduro de Venezuela “los libros y las libras”.

De avanzar esto, los discursos – y las discursas -, los escritos – y las escritas – terminarán siendo más largos – y largas.

Tendría que pensar la RAE – y el RAE – en alguna normatividad que integrara a todos – y a todas – mientras salva la cara – y el caro – de nuestro idioma, ya bastante largo – y larga – por cierto – y por cierta.

Si el artículo “el” es visto sólo como un artículo masculino y carente de fuerza de integración social – en el caso la integración lingüística de la mujer, entonces sería necesario pensar en un nuevo artículo integrador, como el inglés – y la inglesa – tienen el artículo The. Si en inglés se dice The People (La Gente, curiosamente utiliza el artículo femenino), entonces el castellano tendría que crear un nuevo artículo neutro o extender el neutro a estos discursos. El neutro que conocemos es “esto, aquesto, eso, aqueso, aquello”, lo que implica ya un problema para estos “lógicos gramaticales” porque dirían sin más pensar que, al terminar en O, asociado a lo masculinO (ya hemos visto que no siempre es así), no pueden representar tal neutralidad.

Propondría a la RAE la creación de un nuevo artículo, LE y su correspondencia con el nombre plural. En lugar de decir, como ahora hacen unos, “la niña y el niño”, que digan “Le niñe“.

En este caso, un discurso podría quedar así:

Estamos nosotres, trabajande para que les niñes y adolescentes del país, tengan la oportunidad de acceder a una educación más integral en donde elles no se sientan discriminades por categorías sociales o étnicas. Para que todes les colombianes vivan una vida más digna desde su infancia.

Esto crearía una auténtica revolución de nuestro idioma, pero nos salvaría del ridículo en el que vamos.

Referencias

  • El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, Volumen 3, p. 16. Enlace rescatado el 25 de noviembre de 2015 de este enlace.
  • Ana María Portal Nieto (2011). Ele: Género Gramatical y Sexismo Lingüístico. Enlace rescatado el 25 de noviembre de 2015 de este enlace (PDF).
  • Elena Azofra (2012). Género gramatical y sexismo lingüístico (I). MorFlog, 3 de abril de 2012. Enlace rescatado el 25 de noviembre de 2015 de este enlace.
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