De la muerte de Dios a la muerte del hombre


Es importante analizar el antihumanismo de Fernando Vallejo – si continuamos con el análisis de su discurso en la Feria Internacional del Libro de Bogotá de este año. Definitivamente la sociedad colombiana sólo podría dar como resultado a un antihumanista y valga la aclaración, para los que no están familiarizados con el término, que no se trata de un término despectivo. Sólo que Colombia es un país profundamente dividido, bipartidista, tendencioso y trivial y así como aplauden con euforia un discurso del maestro Vallejo, que no entienden en verdad, se entregan a las bacanales de las euforias deportivas cuando gana el equipo de fútbol local. 

La insistencia de Vallejo en decir que Cristo no existió es consecuente con su pensamiento antihumanista. Esta teoría de la falta de evidencias históricas de la vida de Jesucristo no es nueva y es el caballo de batalla de muchos pensadores ateos que luchan por desmontar el cristianismo que es una de las bases de Occidente. Porque en Cristo tenemos justamente una piedra angular del humanismo occidental. Estos valores de caridad, amor al prójimo, redención de la humanidad, el Verbo hecho carne… todo es una apertura a un humanismo teológico bien elaborado que subsiste incluso en las sociedades seculares occidentales: la declaración de los derechos humanos, los derechos del niño, de la mujer, todo eso, tiene un origen cristiano, el amor al prójimo.

Con la proclamación de la muerte de Dios con Nietzsche – que no se reduce a una proclama ateista, sino a la evidencia del fin de una cosmogonía teocrática en  las culturas occidentales – en el pasado, la gente vivía como ¨si viera a Dios¨ y Dios estaba presente en lo más íntimo y en lo más social de la vida de los pueblos occidentales. Eso ya no es así, incluso para aquellos que se presentan como los más creyentes.

Para los antihumanistas, como Vallejo, es necesario proclamar la no existencia de Cristo, pilar del cristianismo mismo. Es la destrucción de la base para abrir el camino a las sociedades anárquicas que sueñan muchos de ellos.

En cada discurso, el maestro Vallejo invita a la extinción humana vista ésta como el origen de todos los males y al ser humano como el destructor de la armonía universal, una armonía nacida de la nada misma. El ser humano es tan sólo un animal, dice y no es más que los demás animales, según su pensamiento, al punto que los animales con un sistema nervioso complejo “son mi prójimo” y lo son de él, más prójimo que el ser humano mismo que “no debería existir”, que “no debería seguir reproduciéndose”.

Por ello mismo, en el pensamiento del maestro Vallejo no hay futuro posible, no ha solución posible. Es vital para analizar, es importante verlo y analizarlo, pero no es lo que necesita la sociedad colombiana, la cual tendría que basarse precisamente por un humanismo profundo y uno en el cual la armonía con la naturaleza cuente de manera fundamental.

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