Firmar la paz


Firmar la paz con el grupo de la Farc es vital para abrir procesos de reconstrucción social. Es quitarle razones a un grupo armado que lleva décadas en el monte en contra de un contrato social que no ha sido capaz de mantener la unidad nacional. Es decir que en este conflicto no hay ganadores, pero lo más importante, que no hay perdedores, pues quien pierde siempre termina con más odios que son el germen de futuros conflictos. Si hay una firma de la paz, hay una serie de compromisos y el más importante es el cese perenne de hostilidades, de la violencia. ¿Acaso eso no es ya suficiente? Quienes gritan desesperados por llevar a los criminales a la justicia, en meter a la cárcel a los cabecillas de la Farc, no entienden lo que es un proceso de paz y se dejan manipular por corrientes políticas que buscan con desespero defender sus propios intereses. 

¿En qué proceso de paz en todo el mundo se ha hablado de que una de las partes debe ser metida a la cárcel? No estamos en diálogo con un grupo derrotado o que no tiene ya las posibilidades de lucha. Al contrario, porque este grupo de las Farc tiene fuerza militar, es por eso que estamos en un proceso de paz con ellos. Si no lo tuvieran, querría decir que ya están derrotados y entonces no habría necesidad de un proceso de paz. ¿Es un proceso de paz de la impunidad? Ciertamente no, porque de la firma de la paz viene una era que es vital y que se llama el post-conflicto y que es complejo. Requiere definitivamente una unidad nacional, una unidad de todas las fuerzas, incluidas aquellas que estaban en contraste y necesita de un gran apoyo internacional. Dentro de esa era del post-conflicto y la reconstrucción, viene la justicia y es allí en donde se puede hablar de una lucha en contra de la impunidad, que no es sólo de aquellas fuerzas insurgentes, sino también de muchas que vinieron del mismo Estado.

¿Es la paz del presidente Juan Manuel Santos? Ciertamente que no. Quien ve el proceso de paz como una iniciativa de Santos, desconoce la dinámica del conflicto. Puede ser que Santos utiliza el proceso para tapar sus malas políticas. Pero la paz no es algo del presidente. La paz es un derecho y un deber de todos los colombianos. Esta Farc está negociando con uno de los herederos del poder en Colombia, con una de las familias que representa la oligarquía nacional, la que ha gobernado al país desde finales del siglo XIX. Es entonces el representante de una de las razones del viejo conflicto.

¿Qué los guerrilleros llegarán al Congreso, a las alcaldías, a la Presidencia? ¿Y qué? ¿No hablamos pues de una democracia? Por décadas los colombianos se han dejado manipular por los gamonales de la política. El Congreso colombiano es una vergüenza nacional, conformado en su mayoría por personas indignas del honor de ser padres de la Patria. En dicho post-conflicto todos estamos obligados a hacer madurar nuestra democracia, a comenzar a saber eligir a los líderes que en realidad llevarán a Colombia a ser un país para todos.

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