Ailuromaniacos y cinomaniacos en Colombia


       perrita con ropa La sociedad contemporánea del consumo nos hizo entrar globalmente en la era del culto a la mascota, especialmente de perros y gatos, pero también se incluyen una gama inmensa de animales, muchos de ellos especies exóticas en peligro de extinción que caen en redes de traficantes de vida salvaje para surtir los caprichos de estos amantes desmedidos por los animales. Hay además un problema: el límite entre los maniáticos de mascotas y el de defensores del medio ambiente se presenta descaradamente tenue. Quienes defienden su comportamiento obsesivo frente a las mascotas, se esconden bajo el escudo de ecologistas. Pero eso no es cierto: si bien muchos ecologistas auténticos tienen mascotas, los mascota-maníacos no son ecologistas ni pueden serlo, simplemente porque están manipulando una especie animal, la sacan de su medio ambiente y la humanizan. Súmele a ello, además, la ironía de los gastos desmedidos para la mascota, cuando en un país como Colombia hay tantos seres humanos que sufren necesidad y tenemos un exabrupto. 

     Pero la obsesión por las mascotas, ya presente en la sociedad colombiana, especialmente en las ciudades grandes, no es cosa de las clases altas y media alta, las cuales tienen el poder adquisitivo para pagarle veterinario, peluquería, ropa, juguetes, comida cara para perros e incluso servicios funerarios cuando muere. Esta obsesión marcada por una sociedad de consumo materialista hasta los tuétanos y carente de valores humanistas, se adentra ya incluso en las clases populares.

Los animales no saben que existen

 silly dog    Una realidad que los mascota-maníacos deben enfrentar y que es una realidad factible dura, es que los animales no saben que existen. Este es el punto que diferencia al simio pensante del resto de los animales. El simio pensante sabe que existe, que es… tu perro no.

      Pero este principio es duro de aceptar para quienes humanizan a los animales. La interacción con la mascota es tal, que el obsesivo llega a la conclusión que ésta piensa y razona como él. En este sentido, comienza a hablar con los animales, especialmente con otras mascotas y animales en la calle. Si llegas a casa y entablas una conversación con tu perro, le pides disculpas, le preguntas cómo pasó el día… estás en problemas y necesitas un psiquiatra. Tu bisabuelo diría que estás definitivamente loco.

       Si bien es difícil determinar el problema psicológico que causa la manía a las mascotas, una es la más plausible: la soledad afectiva y el desengaño en las relaciones sociales con otros simios pensantes.

       ¿Cómo es posible determinar que los animales no razonan y no saben que existen? Hay demasiada información en la red como para probarlo. El animal no racional más inteligente después del ser humano es el simio mismo y entre ellos el chimpancé, el cual es tan inteligente que no es recomendable como mascota (mira este video de cómo un chimp-mascota atacó a la amiga de la dueña que vino de visita a su casa… por celos! La dueña trataba al chimp como si fuera su hijo!) Eso quiere decir, que todos los chimpancés del mundo son más inteligentes que tu perro y tu gato. Pero como tu perro, el chimpancé no sabe que existe.

       Para utilizar un ejemplo de cómo esto es posible, hablemos de los bebés humanos. Un niño desde el vientre de la madre, hasta aproximadamente los 7 años, no tiene razón, no sabe qué existe y no tiene consciencia. La prueba más clara de ello es que muy pocas personas recuerdan lo que hicieron desde el vientre de sus madres hasta más o menos 7 años (algunas personas pueden recordar cosas desde los 4 años y otras desde los 8). Ese periodo de nuestra vida parece completamente en blanco y, sin embargo, todos esos momentos vividos están archivados en lo que llamamos el subconsciente. Muchos conflictos, sensaciones, ideas que nos surgen en el trascurso de nuestra vida, vienen de ese periodo. Buscar esos momentos, enfrentarlos, puede ser la solución a muchos conflictos.

      El hecho de que durante esos primeros años de nuestra vida no hayamos tenido una consciencia, eso no quiere decir que fuéramos vegetales. Aún así reconocíamos a nuestros padres, podíamos incluso hablar, reconocíamos sitios… lo mismo que hacen nuestras mascotas. Ellas viven en una situación similar. Son como un niño de dos años. Vive, reconoce cosas, busca satisfacer sus necesidades físicas, demuestra afecto, pero tu perro no sabe que es un perro, que es tu perro, que se llama Charly y que vive.

Debes saber además estos principios

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  • Tu amor excesivo por tu mascota puede crearte enemistades con las demás personas. Hay mucha gente que pensará que estás loco y te evitará simplemente, aumentando tu soledad afectiva. Por más amor que sientas por parte de tu mascota, nada reemplaza el amor que puedes sentir de parte de los de tu misma especie.
  • Una mascota no es una persona, simplemente porque los animales no son personas. Por más que insistas en ello, no lo son. Una persona está definida por la razón, por el pensamiento y la consciencia de que existe. Tu perro Charly no sabe que existe, por lo tanto no tiene responsabilidad social, no puede tomar decisiones basadas en la razón. Merece cariño, cuidado, afecto, pero eso no lo hace una persona como tu vecino, tu compañero de trabajo, tu hijo… Una mascota no pide mucho: comida, agua y un poco de atención… tu mascota no espera que la lleves a una peluquería o le pongas ropa.
  • Mascotas pueden transmitir enfermedades. Deja de decir que la boca de tu perro es más limpia que la de cualquier ser humano. ¿Sabías que las mascotas se lamen su propio ano? Pues bien ¿cómo puedes decir que su boca es más limpia que la de un ser humano? ¿has visto seres humanos haciendo eso? Los expertos dicen que especialmente mascotas que están al final de sus vidas, pueden transmitir bacterias a sus amos, dada la cercanía.
  • Si comes con tu mascota en la misma mesa, haz eso únicamente cuando estés con tu mascota. Nunca hagas eso cuando tengas invitados. Muchas personas no lo van a tolerar. No seas egoista. Recuerda que muchos niños en tu país no tienen nada para comer y que tu mascota come mejor que ellos.
  • Recuerda que las mascotas sienten celos y pueden atacar a tus amigos o amantes. Es la ley de la naturaleza, como el chimpancé.
  • Una mascota requiere más atención de la que imaginas. Un perro, por ejemplo, es descendiente de los lobos que viven en manada, por lo cual no tienen en su gen la soledad. Un perro no se dice “quiero pasar el día solo”. Si adquieres un perro para dejarlo solo en tu apartamento mientras trabajas, entonces estarás causando un maltrato animal.
usted escoge

El principal motivo para controlar ese afecto excesivo a la mascota es la realidad del mundo: niños que mueren de hambre o son víctimas de explotación. Si quieres donar 300 dólares al año a las obras de Don Bosco en Camboya, contacta en management@donboscokep.org. Paki no se enterará de que dejaste de comprarle juguetes para que un niño estudiara.

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