Secreto en el Amazonas: versión indígena


  • Los yucunas, como la mayoría de las comunidades indígenas en Colombia, son celosos con el ingreso a sus territorios, sobretodo si se trata de una autoridad como la Fiscalía, dice periodista.
  • 40 hombres, entre investigadores, forenses y miembros de la Fuerza Aérea colombiana, montaron un gigantesco operativo hacia el Amazonas, 12 de septiembre de 2015“… para capturar dos hombres que no estaban huyendo.
  • “El desconocimiento de las disposiciones internacionales que reconocen la existencia integral de los pueblos indígenas y las garantías judiciales para sus miembros dentro del sistema judicial se produce, por una parte, por el capricho incontrolado de los jueces que en ejercicio de su posición dominante desconocen tales garantías”, dice experto.

Secreto en el Amazonas es un documental del programa Séptimo Día de Caracol TV en el cual la periodista Gina Natalia Segura prosigue una investigación sobre la supuesta muerte accidental del joven médico bogotano Jairo Villamil el 18 de febrero de 2006 en el trayecto del río Mirití al corregimiento de La Pedrera en el departamento del Amazonas. La versión oficial presentada fue que el médico Villamil, quien viajaba en una lancha por el río en horas de la noche para transportar a un herido, fue golpeado por un palo que estaba en el agua. Moriría unas horas después en el centro médico de La Pedrera y la noticia se le confirmó a sus padres en Bogotá. Esta versión fue sostenida por quienes lo acompañaban en la lancha: su colega de trabajo, un local presentado bajo el nombre de Daniel Yucuna y otro hombre, Mario Bohada, que se unió a la expedición nocturna por el peligroso río y que decía necesitar asistencia médica en La Pedrera de nombre Daniel.

La periodista Segura parece seguir un derrotero estricto de investigación, apoyada por los comentarios de sus jefes que se presentan en un río de apariencia selvática para darle contexto al programa de que se trata del Amazonas, aunque la vegetación tiene una terrible apariencia andina. Segura centra su trabajo alrededor de la madre del médico Villamil, la cual tiene una corazonada cuando saca la gorra de su hijo de las cosas que le enviaron desde Mirití. “Si fue un golpe con un palo en el río ¿por qué no tenía sangre y apenas tenía tierra, no estaba húmedo, tal como yo se lo mandé“. Esta corazonada de madre le bastó para comenzar a presionar a las autoridades y en el caso a la Fiscalía de Bogotá, para que reabrieran la investigación.

Pasan los meses y la madre de Villamíl logra que un fiscal de Bogotá mantenga la investigación abierta pese al desdén de los fiscales en Leticia. Una supuesta llamada anónima de una mujer yacuna (según supone la periodista) de Mirití previene a la madre de Villamil de que no crea la versión oficial. Nunca la periodista trata de investigar quién fue la persona que llamó, a pesar de que resalta al principio que la comunicación entre Mirití y Bogotá realizada por el joven médico era difícil. Rastrear una posible llamada hecha desde tan lejos hubiera sido fácil.

La investigación presentada en dos entregas puede ser vista en el canal Youtube de Caracol TV – parte 1 y parte 2 y tiene el hashtag #MisterioAmazonas en Twitter.

Pero la investigación de la joven periodista tiene sus propios vacíos. Definitivamente la protagonista de su documental es la madre de Villamil y la versión que esta presenta sobre la gran posibilidad de que se trata de un homicidio y no de un accidente. Esta versión parece ser aceptada por el fiscal bogotano quien presiona a Leticia para mantener abierto el caso, pese a que los fiscales de Leticia se quejan de que no tienen recursos para proseguir con ello. Cuando el fiscal habla para el programa de Segura, lo hace siempre con la certeza de que se trata de un homicidio y que los indígenas mienten, a pesar de que el señor se encuentra en Bogotá.

Pero como dicen los periodistas varias veces en el programa, un viejo adagio reza que el diablo está en los detalles…

El señor William Carvajal, director del internado de niñas de Mirití, dice lo siguiente:

En horas de la tarde, diga usted entre 6 y 8 de la noche más o menos, hubo unas fiestas tradicionales que ellos hacen siempre por acá. Allí se presentó una pelea, en esa pelea hirieron al motorista del internado Juan Rivas Vicuna. Entonces el médico, en el desespero de ver creo las puñaladas que fueron en la espalda, buscó ayuda en el internado para que le prestáramos el motor, porque ellos no disponían de un motor para llevar al paciente hasta La Pedrera

Por ningún lado la periodista investiga esta riña que podría ser la razón de la muerte del médico Villamil. Pero más adelante, cuando la Fiscalía hace una tercera captura, se nos hace otra revelación: el nombre del herido que el médico llevaba supuestamente a La Pedrera. Dicho hombre, quien sería uno de los que estuvo en la riña no investigada, y quien la Fiscalía captura com testigo y posible sospechoso, la periodista lo presenta como Juan Yucuna, el herido… Le quita el apellido Rivas que menciona Carvajal.

Capturado, Rivas o Yucuna “confiesa” a la Fiscalía que fue Mario Bohada quien golpeó al médico Villamil en la cabeza con el cabestrillo del suero. Y sigue aún el concurso: resulta que en la lancha también iba otro personaje: Mauro Rivas, el hijo, que tenía 10 años de edad en ese entonces. Lógicamente, esta presentación uno a uno de los personajes obedece al libreto que mantiene la sintonía. Este joven, que se viste muy bien, elegante y le responde a la periodista como si se tratara de una historia de viejos amigos, corrobora toda la declaración de su padre.

Las capturas

En todo el documental se presenta una posición unilateral de la historia que preocupa, especialmente en un país como Colombia en donde las comunidades indígenas han sido víctimas de despojo de tierras, violencia, desplazamiento y desprecio. Recordemos que muchos colombianos, especialmente del mundo urbano, son racistas (con todo el respeto por aquellos que no lo son y que son muchos), pero que, como dice el padre Francisco de Roux en su obra La Audacia de la Paz Imperfecta (2018), conozco la inteligencia, la alegría y la fe de la inmensa población campesina, indígena y negra y de los pobladores de los barrios populares; sé, igualmente, que son tratados como gente inferior, porque a mí me han tratado igual cuando paso como uno de ellos (p. 16).

En el primer semestre de 2018, 98 activistas fueron asesinados en Colombia, de los cuales más del 50% son indígenas. Estos casos, que sí son secretos no sólo en el Amazonas sino en toda Colombia, no son propiamente documentados ni investigados.

El caso del joven médico Villamil tiene que ser investigado y los responsables de su muerte deben ser llevados a la justicia. Pero más allá de la carencia de rigor científico de la periodista, preocupa la intención sesgada de minar a las autoridades indígenas.

El Fiscal que habla en el documental y que lo ve todo muy claro, a pesar de que nunca se investiga el hecho de la riña y la posibilidad de que el médico Villamil pudiera ser uno de los actores o víctimas de dicha riña – podría ser que eran dos los heridos desde el principio y que Daniel Yucuna no quiere hablar por defender el honor de su amigo -, menciona lo siguiente:

Se sabía que la comunidad indígena no iba a permitir por ningún motivo que la Fiscalía hiciera presencia, y menos donde pudiera saberse que uno de sus miembros pudiera llegar a ser objeto de una captura.

Esta afirmación tan seria es una acusación por parte de una autoridad a las comunidades indígenas colombianas: les acusa de obstruir la justicia de manera tradicional. La periodista no hace ningún esfuerzo en indagar por esa posibilidad. La comunidad yacuna podría entablar una demanda por una acusación de este calibre dicho sin ninguna prueba.

Los resguardos indígenas son considerados en sí como si fuera una casa de un ciudadano. También tu casa, señor habitante de la ciudad, no puede ser allanada por las autoridades sin la orden de un juez, es decir, sin un debido procedimiento. Si la policía dijera que va a allanar tu casa sin necesidad de pedir una orden judicial porque tu persona no va a permitir por ningún motivo la presencia de las autoridades, es ya un elemento irregular.

La periodista se hace testigo de un caso de abuso de autoridad en la persona de la comunidad indígena bajo la asunción en la cual es un mal necesario, tal cual ella misma lo afirma:

Los yucunas, como la mayoría de las comunidades indígenas en Colombia, son celosos con el ingreso a sus territorios, sobretodo si se trata de una autoridad como la Fiscalía.

No sólo las comunidades indígenas colombianas, periodista Segura: las comunidades indígenas de todo el mundo y existe una rex iudaeorum que los defiende. En la legislación colombiana eso está bien claro:

Leete este trabajo de Lucía Arbeláez de Tobón, La Jurisdicción Especial Indígena en Colombia y los Mecanismos de Coordinación con el Sistema Judicial Nacional (2004) – lo puedes bajar en PDF.

Gráfico Lucia Arbeláez de Tobón, 2004.

En ninguna parte del documental se menciona que la madre de Villamil acudiera jamás a las autoridades indígenas y el Fiscal no reconoce a estas como válidas bajo el prejuicio que tiene. Es decir, desprecia a la autoridad indígena, la ve como un obstáculo. ¿Acaso en Colombia las autoridades civiles o militares han sido muy colaboradoras en la historia de la impunidad del país?

Dice Arbeláez de Tobón:

El Consejo Superior de la Judicatura en ese sentido está cumpliendo el mandato constitucional de fortalecer la democracia de participación y el pluralismo político, ideológico y cultural, así como fortalecer el pluralismo territorial que se construye sobre el respeto a los resguardos, a los territorios y a los lugares sagrados de las poblaciones indígenas. En igual forma fomenta el conocimiento de la jurisprudencia de los pueblos indígenas, la construcción de sus propias escuelas judiciales, la elaboración de un mapa de identificación de los territorios donde tienen asiento las distintas culturas y los distintos sistemas judiciales indígenas; además, se quiere que en este proceso se expida, de manera concertada una ley de coordinación que permita que la Fiscalía, el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, los jueces, las Altas Cortes y en fin todos los operadores de justicia que puedan colaborar y trabajar de manera coordinada para evitar desgastes y desconocimientos inútiles (p.26).

Pero el Fiscal, casi 10 años después de la muerte del médico Villamil, organiza un operativo de película, como menciona la periodista Segura (ahí sí había recursos que no se sabe de dónde salieron):

40 hombres, entre investigadores, forenses y miembros de la Fuerza Aérea colombiana, montaron un gigantesco operativo hacia el Amazonas, 12 de septiembre de 2015.

Un total desprecio por las comunidades indígenas que además engañan con el cuento de ser una ONG en un trabajo humanitario, es decir, otra violación del debido proceso. Las banderas de las organizaciones humanitarias no pueden ser utilizadas para engañar a una población. Esto es completamente carente de ética.

Otros puntos a resaltar:

“El doctor Villamil, que tanto había trabajado por las comunidades indígenas“, mencionan varias veces Segura y sus jefes. Un señalamiento de culpabilidad a toda una comunidad indígena, mientras si hubo un asesino fue uno o dos y si hubo silencio de parte de muchos debió ser por miedo, como suele pasar en Colombia.

Desde el principio se presenta una sorna con el sueño del médico Villamil que, de paso hay que decirlo, resalta con luz propia. Definitivamente y con justa razón, se lee la historia por parte de la madre: “¿A quién le voy a reclamar? ¿Al mundo de arriba, a esta mundo o a esta naturaleza?” indaga la madre que perdió su único hijo. Pero detrás del trasfondo del dolor de la madre, los periodistas parecen insinuar un para qué se fue para allá, para que se fue a trabajarle a esos indios desagradecidos, para qué se metió en una selva tan peligrosa.

Esta posición se refleja en decenas de comentarios racistas y llenos de odio en el canal de Youtube, Facebook y Twitter de Caracol en relación al tema (#SecretoAmazonas).

El abogado especialista en derecho criminal Juan Carlos Quintero Calvache en su obra El fuero judicial de los pueblos indígenas frente a la justicia ordinaria y la responsabilidad del Estado colombiano por su vulneración fáctica, (PDF) dice:

La crisis del sistema judicial representa uno de los mayores problemas para el desarrollo de una política del reconocimiento que asegure la coexistencia de las comunidades indígenas y tribales dentro del modelo de Estado de Derecho constitucionalmente definido en Colombia.

El desconocimiento de las disposiciones internacionales que reconocen la existencia integral de los pueblos indígenas y las garantías judiciales para sus miembros dentro del sistema judicial se produce, por una parte, por el capricho incontrolado de los jueces que en ejercicio de su posición dominante desconocen tales garantías. Por otra parte, es la falta de competencia para la integración sistemática de esas disposiciones internacionales en el ámbito de la administración judicial, la que pone esas garantías por fuera del sistema de derechos de los miembros de
comunidades étnicas y tribales (p.77)

“Capricho incontrolado de los jueces”, dice Quintero Calvache.

A mi modo de ver, Séptimo Día debería hacer una revisión de su propio documental si éste respeta verdaderamente a los pueblos indígenas y su derecho legítimo a la defensa, a no ser acusados sin prueba alguna y a su derecho a ser atendidos por un Estado centralizado que los margina. Solo con este programa, podría verse en peligro la asistencia médica a esta comunidad yocuna de Mirití al, seguramente, causar un temor a otros jóvenes médicos a aceptar años rurales en la región.

Por otra parte, los yocunas podrían hacer una demanda al Estado por violación del debido proceso y del respeto a los sistemas judiciales indígenas, que son sistemas judiciales reconocidos por la nación y aceptados dentro de procesos democráticos, de participación y de reconocimiento de los pueblos indígenas.

Aclaración: El presente artículo tiene el objetivo de llamar la atención sobre un caso de posible discriminación con una comunidad indígena. Ello no quita la necesidad de que exista justicia en el caso del médico Villamil y sus padres, por quienes siento una completa empatía.

Referencias

  • Arbeláez de Tobón, Lucía (2004).  La Jurisdicción Especial Indígena en Colombia y los Mecanismos de Coordinación con el Sistema Judicial Nacional. Consejo Superior de la Judicatura de Colombia. Guatemala, 11 de agosto de 2004.
  • Quintero Calvache, Juan Carlos. El fuero judicial de los pueblos indígenas frente a la justicia ordinaria y la responsabilidad del Estado colombiano por su vulneración fáctica. Criterio Jurídico, Santiago de Cali, V. 11, No. 1, 2011, pp 75-103, ISSN 1657-3978.

Un comentario en “Secreto en el Amazonas: versión indígena

  1. Asi como mandan medicos tambien manden unos policias. para que presten seguridad a los de la zona y a los que llegan a trabajar en esas zona.

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