Medellín resplandece en diciembre

Posted on 7 Diciembre 2007. Filed under: Cultura, Medellín | Tags: , , |

La luciérnaga de Colombia

Por Albeiro Rodas

Plaza Cisneros de noche-Medellin.JPGSi los artistas llaman a París la “Ciudad Luz“, esto deja de estar en poder de los franceses – al menos en diciembre – y cruza el oceano para establecerse en las calles de una ciudad de América del Sur: Medellín, Colombia. Sí, leyó bien, la ciudad de Medellín, la misma en donde escritores y pensandores tan existencialistas como Fernando González, Tomás Carrasquilla, León de Greiff, Gonzalo Arango, Fernando Vallejo, Estanislao Zuleta, han derramado su tinta desesperada en búsqueda de definir el encanto o la sopresa que guarda este valle de Aburrá, tan andino y tan norteño de la América meridional.

Porque cada 8 de diciembre la ciudad se viste de gala, el derroche de luces se toma las calles y no se necesita de la luna para contemplar maravillados uno de los arreglos navideños a escala urbana más espectaculares del mundo. Toda ella, la ciudad industrial, comercial, científica, la que hizo famosa la mafia, las reinas de belleza, las flores y las ganas de salir adelante, se viste de luces que atraen a chicos y grandes.

La Plaza de Cisneros de noche. Foto de Chechón., Wikimedia.

No es cosa de ahora ni es producto del reciente resurgir de la ciudad. Tampoco está dentro del boom del turismo que ha conquistado a la ciudad andina. Se trata de una tradición que tiene más de 40 años y que tiene como autora a las Empresas Públicas de Medellín, la empresa de servicios públicos más grande de Suramerica.

Y es que este derroche de luz tiene muchos porqués. Ante todo la ciudad se ubica en una región que es potencia nacional en la producción de energía con varios embalses que proporcionan luz a los principales conglomerados urbanos. La Represa de Guatapé, por ejemplo, que además de ser generadora de energía, es un punto turístico en donde se disfruta de la ecología fresca del Oriente Antioqueño, con la Piedra del Peñol que era un meteorito caido del cielo hace algunos años, hasta que crearon el Parque Explora en Medellín y nos dimos cuenta que era un megalítico producto de la erosión natural de las capas tectónicas… y eso lo entienden ya los niños de las escuelas.

El pesebre navideño, profundamente arraigado en la cultura paisa. Imagen del periódico El Colombiano.

Por otro lado, la tradición de diciembre de alumbrar a la ciudad como Dios manda, nace de la profunda tradición católica de Medellín, aquella ciudad de la cual dijo el Papa Juan Pablo II en 1986 que si tuviese que pasar al Vaticano para otra parte del mundo, lo pasaría para Medellín y eso lo dijo en una de las décadas más difíciles de la ciudad, aquella en la que Pablo Escobar se paseaba como “Pablo” por su casa. Y no es que al Papa le gustara la mafia, sino que muchos se enamoran de esta ciudad que tiene un no sé qué en no sé dónde. Lógicamente al Papa le llamaron la atención sus más cercanos esbirros con un “cómo se le ocurre decir esas cosas, no ve que Medallo es la capital del cartel de las drogas“, como si Roma fuera menos mafiosa.

El encendido de las velitas tiene su propia tradición. El uso de cera nació entre los etruscos en el siglo XV antes del Cristo. Luego, esta costumbre de fabricar las velas de sebo mezclado con el papiro fue tomada por los paganos romanos que alumbraban los santuarios en las fiestas de Saturno. Foto de Asdrubal, de su colección “Navidad a la colombiana“.

El 8 de diciembre la Iglesia Católica celebra lo que popularmente se dice en Colombia como “el paso de la Virgen“, cuando José y María parten de Nazaret a Belén para el empadronamiento comandado por el Emperador y que haría que el Niño Jesús – o el Niño Dios como se dice en Antioquia – naciera en el pesebre de Belén. Mientras el municipio enciende oficialmente las luces de Navidad en las áreas más céntricas y populares, las calles de barrios se ven alumbradas por velas que se ponen en los portones y los arreglos que los vecinos preparan. Veamos algunas de las tradiciones locales de la ciudad, conectadas claro con aquellas de los pueblos y dentro del panorama nacional de Colombia y en modo más amplio de América Latina.

La cuadra más adornada

Pueblito Paisa-Navidad 2006-Medellin.JPG

El Pueblito Paisa en un diciembre de 2006. Imagen de Sajor, Wikimedia.


Para el que no sea de esta región, que sepa que “cuadra” no es un potrero. Como nuestros abuelos de vaquería nos siguen vivos en el pecho, le decimos “cuadra” a la calle, al vecindario. Obviamente esta tradición de adornar la cuadra es para aquellos que viven en cuadras, es decir, los de los barrios más tradicionales y populares, no los que viven en unidades residenciales sin cuadras ni equipos de sonido a todo volumen. Adornar la cuadra implica comunidad, comprar y hacer manualidades, elaborar congaldejas de colores que se pasan de un portón a otro, de un alero del techo al otro, de una arista de una plancha (así le decimos al terrado) a otra arista. Los vecinos más generosos consiguen poner luces titilantes y grandes mensajes de año nuevo y navidad. Entonces viene la planeación del marrano, uno que compran entre todos en la plaza o en cualquier pueblo cercano en donde viva una tía o los abuelos. Hay unos que rifan desde octubre para hacer la marranada. Y es que en Antioquia comer marrano es parte de la dieta paisa. De este vicio de comer tanto marrano nos han venido a decir que incluso nuestros ancestros eran judíos conversos huidos de España que, para aparentar que no eran judíos, comían marrano a mansalva y de ahí que los llamaban “marranos“. Matarlo en la cuadra es todo un evento y mientras la víctima pasa sus tragos amargos, los hombres pasan sus buenos tragos al son de esa música vieja de diciembre que nos dejó el tren de carrilera ya extinto, algún tango enredado de nostalgia o un chirriar de acordiones vallenateras que salen de uno de los equipos del vecino más bulloso de la cuadra. Quienes premian la cuadra mejor adornada de diciembre pueden ser muchos: el padre de la parroquia que se pachangéa el barrio, la acción comunal que quiere darle vida al sector y promover siempre un diciembre en paz o la alcaldía de Medellín que tiene que medir más de mil cuadras (menos mal hay muchas urbanizaciones de esas a donde no puede entrar diciembre porque no lo permite la administración). La cuadra entonces se cierra para que no pasen los buses u otros vehículos ajenos al corazón de la comunidad. Las rutas de buses cambian considerablemente en diciembre, especialmente en barrios de clase baja y media, para evitar marranadas a diestra y siniestra.

El mejor pesebre

Lo del pesebre es otra cosa que no puede faltar en la región paisa, de Santa Rosa de Osos a Medellín, de Medellín a Pereira y de allí a Tuluá. No se supo nunca de antioqueño que en diciembre no visite un pesebre y atirbe al Niño Jesús. En muchos pesebres incluso hay movimiento, como hacer caminar a José y María, moverlos cada día entre el 16 y el 24 desde la Nazaret – que parece más un pueblo del Magdalena Medio -, hacia un Belén siempre encaramado en una de las colinas de la Montaña Antioqueña, como un Ebejico, que se evidencia por el montón de papel verde comprado en la Minorista o en El Hueco, porque ya está prohibido ir a los montes a coger musgo. De niños íbamos a las laderas vecinas no sólo a arrazar con el musgo que detiene la erosión, sino a buscar chamizos para el arbolito de Navidad. Pero los ecologistas bien pronto hicieron fabricar el papel verde: es acartonado y tiene una superficie pegada con aserrín, me parece, o papel picado pintado de verde. De lejos se parece una de esas viejas mangas de Bello (hoy extintas bajo el peso de toneladas de urbanizaciones… “mangas” es también una palabra de nuestro dialecto paisa que significa un cesped) en donde los pelaos nos íbamos a jugar fútbol y a hacer lucha libre hasta que nos dieran ronchas de los mil males. Mi papá nos llevaba siempre a buscar el arbolito de Navidad al Picacho, una protuberancia puntuda que le dio a los montes occidentales del Valle de Aburrá seguro por el golpe de algún terremoto cuaternario. Cuando usted crece a las fundas del Picacho, parece que fuera un monte, el más inmenso y poderoso de la tierra. Pero cuando usted se para en el barrio Santo Domingo Savio, es cuando se da cuenta que es una protuberancia, como una hinchazón del relieve.

Cerro Nutibara-Navidad 2006-Medellin(2).JPG

Imagen de Sajor, Wikimedia.

Los pesebres se tienen por tradición de cada familia. Pero ahora abundan los pesebres comunitarios, es decir, los por cuadras. También están los de las iglesias. Los niños van a las novenas cada noche a cantar villancicos y a recibir el confite que los dueños del pesebre hacen. El 24 de diciembre es la mejor parte: se esconde el Niño Dios y todos a buscarlo. No participan los adultos, qué tal. Sólo los niños que participaron en las novenas y el que encuentra al Niño Dios, entonces recibe un premio estupendo. Pero a la final, todos los niños reciben algo. Ay de aquellos pesebres que no le den algo a un niño. Si las lágrimas llegasen a inundar la casa esa en donde pase semejante maldad.

Para cantar los villancicos, los niños de la cuadra preparábamos los cascabeles. Eso sí que se extinguió y vive en los recuerdos de los treintones pa´rriba. Pero según indagaciones, parece que la tradición es de muy vieja data, al menos del tiempo en el cual surgieron las gaseosas. Pues se trata de utilizar las tapas de gaseosas, que son latas currugadas. Entonces comenzábamos a coleccionar tapas de gaseosas, de aquellas que nos tomábamos en la escuela, y cuando teniamos muchas tapas, las aplanábamos a golpes de piedra o martillo, les abríamos un hueco por la mitad con un clavo y las pasábamos por un aro que se cerraba. Ese era el cascabel. Lo sonábamos y entonces íbamos a las novenas a cantar tutaina tuturumá, tutaina tuturamainá y los pastores de Belén vienen a adorar al Niño, la Virgen y San José los reciben con cariño.

De recorridos navideños

Yo creo que antes hacer recorridos de Navidad era más restringido. Uno se quedaba en la cuadra, iba a la Iglesia del barrio, se estaba en un sólo lugar. Muchos vecinos, por supuesto, se iban para el pueblo de sus procedencias a pasar la Navidad con aquellas familias que no se habían venido a vivir a Medellín. Estaban también las fincas y entonces en enero se compartían las experiencias de Navidad y se decía que pasar un diciembre en una finca era muy bueno, mientras otros defendían la idea de quedarse en casa.

Pero ahora con un mayor desarrollo de la ciudad, las distancias se acortan y existen más espacios de encuentro no sólo para un barrio, sino para toda la ciudad en su conjunto. La creación de numerosos parques han abierto espacios que antes eran impensados y que atraen a todos a caminar, compartir, admirar el arte y la cultura. Las mismas luces tradicionales de Navidad que se ponen en diferentes nucleos urbanos, son motivo de atracción de la ciudad diversa, en donde viene gente de todos los estratos, los migrantes, los visitantes.

Los municipios del Valle de Aburrá se vuelven igualmente atractivos y visitar el parque de Envigado, Bello o Sabaneta es una orden para toda la ciudad acercada con el Metro de Medellín. Los recorridos de Navidad, que tienen como principal eje el centro de Medellín, se vuelven también en pasarelas de la moda, más aún en una ciudad que es centro textil y vanguardia del modelaje.

Diciembre es pues un tiempo de una integración global de la ciudad. Es un espacio vital para que la ciudad se encuentre y se identifique, conserve sus mejores tradiciones y se forme en la paz y la convivencia. Tiempo en el cual esta se abre al turimos nacional e internacional.

Algunas recomendaciones para esta Navidad

No sobran las palabras de los abuelos, los consejos para una ciudad joven que ha pasado momentos críticos. Navidad ha sido también el mes en el que más aumentan los casos de accidentes, el exceso de alcohol y drogas, la criminalidad y la estafa, niños quemados con pólvora y muchos otros males que pueden arruinar la felicidad de varias familias.

Evitar los excesos en diciembre es más que un consejo, es necesario hacerlo para garantizar una Navidad realmente feliz. No excederse en el consumo de alcohol, evitar el conducir embriagado o con algunas copas en la cabeza, evitar la utilización de la pólvora, especialmente al dejarla en manos de gente inexperta o de menores de edad y, sobre todo, evitar el despilfarro, para que enero no nos coja sin un céntimo para comprar un par de panela.

Pero la más importante recomendación: disfrutar al máximo, en familia y con amigos y estar muy feliz, para que este diciembre sea inolvidable y el próximo nos encuentre aún más llenos de felicidad y de mucha paz y prosperidad.

Aprovecho para enviar un especial saludo a todos los compatriotas que viven en el exterior y que, seguramente, tendrán a Colombia en su mente este diciembre. Que el próximo año nos permita a todos regresar a nuestros rincones patrios.

Feliz Navidad 2008 y Próspero Año Nuevo 2009

Les deseo desde este blog, por Colombia.

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15 Responses to “Medellín resplandece en diciembre”

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mentira es maravilloso soi de barinas pero estoi en estados unidos

SUPER BONITAS LAS TRADICIONES DE LOS COLOMBIANS EN ESPECIAL LOS PAISAS
MEDELLIN ES UNA BELLEZA INIGUALABLE NO LA CAMBIARIA JAMAS AQUI NACI Y AQUI ME QUEDO

soy de cucuta y quiero desir que como colombia no hay otro pais es el pais mas alegre del mundo y sobre todo medellin y cucuta esas dos ciudades las quiero demasiado bueno las personas que viven en colombia quieran a el pais porque es el mejor del mundo medallo y cucuta

ps la verdad me siento orgullosa de ser de medellin es la mejor ciudad del mundo lastima que cuando estamos aya no valoramos algunas cosas y cuando estamos lejos es donde nos damos cuenta lo importante que es el lugar donde nacimos y es donde aprendemos a valorar

MEDELLIN ES MI CIUDAD NATAL PERO PEREIRA MI SEGUNDA CIUDAD Y A AMBAS LAS QUIERO Y EXTRAÑO MUCHO,Y LA VERDAD SEA DICHA QUE VALORAMOS LAS COSAS CUANDO YA NO LAS TENEMOS
POR ESTA RAZON LES INVITO A TODOS Y TODAS LAS PAISITAS QUE AMEN SU CIUDAD QUE LOSQ


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